El soldado Puigdemont

Carles Puigdemont tiene que decidir cómo piensa ser invesdtido president de la Generealitat

Los pactos para formar gobiernos suelen ser lentos, complicados y controvertidos. En Bélgica puede transcurrir más de un año para conseguir un gobierno que tenga el apoyo parlamentario. Lo mismo ocurre en Holanda. En Alemania, las negociaciones para ­formar una gran coalición han tropezado con los temores de los socialdemócratas, ­liderados por Martin Schulz, a ser engullidos un poco más por la personalidad de Angela Merkel. Dentro de poco habrá elecciones en Baviera y la CSU, coaligada con la CDU de Merkel, no acepta algunos postulados ­importantes del Gobierno de Berlín.

El temor a que la derecha extrema de Alternativa para Alemania robe muchos votos a los democristianos que han go­bernado el land desde siempre ha sembrado el desconcierto en la coalición presidida por An­gela Merkel. La cuestión de fondo es que la democracia cristiana vira un poco más a la derecha y la socialdemocracia tiende a recuperar el discurso de la izquierda.

En prácticamente toda Europa la cuestión de los inmigrantes hace modificar políticas por temor al avance de partidos ­xenófobos que, de hecho, están gobernando ya en Hungría y en Polonia.

El núcleo duro del programa del Brexit era más el de levantar fronteras hacia el inmigrante que abandonar la Unión. Para conseguir la victoria recurrieron a mentiras sabiendo que lo eran. Lo mismo hizo Donald Trump en noviembre del 2016. Lo importante es ganar, al margen de si las promesas se van a cumplir o no, o de si se está engañando con propaganda nociva.

En cualquier caso, cada país tiene sus reglas electorales y sus tiempos acotados o abiertos para formar gobierno. En Gran Bretaña, la cuestión se resuelve al día siguiente de las elecciones. En Estados Unidos, transcurren casi tres meses desde la elección hasta la toma de posesión.

En sistemas parlamentarios con una mayor fragmentación política en la Cámara se negocia hasta el cansancio. Y si no se llega a un acuerdo, se vuelve a empezar. Y si no se puede llegar a un pacto, se convocan nuevas elecciones.

Mariano Rajoy pasó seis meses en fun­ciones hasta que convocó de nuevo elecciones en junio del 2016 y salió un poco reforzado aunque gobierna en minoría con el cada vez más exigente voto de Ciudadanos. Las reglas en Catalunya son en estos momentos muy inciertas. No recuerdo una democracia europea en la que a una semana de la investidura no se sepa quién va a ser presidente, ­cómo se producirá la votación y qué movimientos inesperados vamos a comprobar en los próximos días. No estamos ante dos programas de go­bierno o dos estilos de gestión. La inde­pendencia sigue siendo la cuestión que divide a los dos bloques y nadie parece estar dispuesto a ir del brazo de los que no piensan como ellos. Cuando la política se convierte en una cuestión personal, lo más probable es que los intereses de unos cuantos afectados pasen por encima de las nece­sidades del gran público. No se trata de salvar a Puigdemont sino de recuperar la convi­vencia y la nor­malidad democrática en Catalunya. Sabía perfectamente los riesgos que corría si declaraba la república catalana de forma unilateral. Debía haber previsto que su estancia en Bruselas le alejaría cada vez más de los catalanes, a pesar de las cone­xiones televisivas y sus constantes tuits como presidente.

La posición de Oriol Junqueras es mucho más ingrata personalmente, pero en la conciencia de muchos catalanes su proyección política se ha agrandado. La gran excursión de decenas de miles de catalanes a Bruselas el 7 de diciembre con lazos, bufandas y ­jerséis amarillos, contrastaba con los cen­tenares que se concentraron en la cárcel de Estremera para demostrar su apoyo al encarcelado Junqueras. La cárcel tiene un valor simbólico superior a un exilio voluntario en el extranjero sin que sepamos exactamente quién paga los gastos.

En todo caso, se trata de formar un nuevo gobierno en el que todos sus miembros puedan ejercer sus funciones. La presencia física en el Palau de la ­Generalitat es imprescindible. Una elección telemática del president no está contemplada en el ordenamiento jurídico vigente y no hay ningún precedente en Europa. No se trata, repito, de salvar a una persona o a un grupo de consellers, sino de que tengamos pronto un gobierno capaz de resolver los problemas sociales y taponar hasta donde se pueda la fuga de empresas hacia otros territorios.

Barcelona ha sido y es la válvula de escape y el contrapeso de los excesos de unos y otros. Hay que recuperar el espíritu de convivencia, cooperación y visión de futuro que muchos barceloneses pusieron en marcha hace ahora un cuarto de siglo convirtiendo la ciudad en un lugar de encuentro, tolerancia, respeto e innovación creadora. Dejemos de lado la democracia populista que se ha convertido en el derecho a hacer dinero y más ­dinero al margen de cualquier necesidad racional o dignidad humana. Hay que reconstruir un proyecto abierto, liberal y transnacional con una fuerte carga de justicia hacia los descartados.

Publicado en La Vanguardia el 10 de enero de 2018

20 comentarios

  20 comments for “El soldado Puigdemont

  1. Caso Cat
    12/01/2018 at 12:13

    Maybe, deberia ser la palabra de moda…tal vez pase esto, tal vez pase lo otro, mientras improviso, no se lo que pasara…..aunque me digan que la economia se resiente de mis improvisaciones…

  2. Albert
    11/01/2018 at 00:42

    Sr.Foix: Tot plegat i en vista de que el temps va transcurrint imperturvable, doncs dic : VERGONYA !!!…VERGONYA !!!… VERGONYA !!!…

    España envian el Boomerang del art. 155 i Catalunya a rebut el boomerang i l’ha entomat…

    Decididament si Catalunya va malament, España la seguirá, com sempre.

  3. dogbert
    11/01/2018 at 00:36

    Desde la cuneta politica y de la historia el astut puede contemplar el resultado de su egolatria y su hipocresia. Un pais hecho unos zorros.

    El fugitiu en cap desde Bruselas le ha dado sopas con onda, se ha creido el papel y sigue atramontanado y a lo suyo.

    Lo de uno y de otro no es lo nuestro, no es lo que conviene al comun de la ciudadania, no es lo que nos merecemos.

    Se suscita en algun reducto aun con algo de seny, que lo que conviene en esta legislatura, es un Govern tecnico que se preocupe por las cosas de comer y aparque los cantos patroticos de uno y otros signo, que todos suenan en falsete y del malo.

  4. 10/01/2018 at 23:50

    Lluis Foix té una memòria selectiva i obsessivament anti Puigdemont. Escriu: “No recuerdo una democracia europea en la que a una semana de la investidura no se sepa quién va a ser presidente”- ¿Recorda Foix alguna democracia europea en que el president i el govern d’un poble estiguin a l’exili o a la presó?

  5. 10/01/2018 at 16:39

    Sr.Foix: Creo que todo esto ya nos suena y se ha entrado en un bucle…

  6. devonshire
    10/01/2018 at 15:14

    No he votat mai ni penso fer-ho a ERC, però tot el meu respecte pel Sr. Junqueras, home valent que no abandona els seus. Chapeau, Sr. Junqueras, algun que altre podria aprendre de vostè.

  7. carles
    10/01/2018 at 15:00

    Convivencia, cooperación y visión de futuro no estan cercanas y asi se desprende que dos empresas de importamcia de Nissan y Seat se protejan del futuro inestable trasladando producción fuera de Catalunya. El capital huye de la incerteza como los ahorradores ya hicieron.
    La duda está en saber si esto aumentará

  8. José A. García
    10/01/2018 at 14:12

    Esto ya no tienen solución; bueno sí, pero no la que pensamos o la que gustaría: negociación y acuerdos. Ninguna parte cederá porque pierde si acepta lo que la otra le pide. Queramos o no, existe una división social que puede ser relevante o no según las decisiones que se tomen. Un problema es que unos dicen: tenemos mayoría parlamentaria (hecho empírico pero que admite interpretaciones según intereses) y otros que tienen mayoría en votos (hecho empírico para unos pero no para otros que lo interpretan con matices). Resumen: sobre la mesa de operaciones hay varias Catalunyes, una ganará y lo importante será ver cuanto tiene en común con las otras, o quizás solo hay una y es homogénea.

  9. Jordi P
    10/01/2018 at 13:54

    “Hay que reconstruir un proyecto abierto, liberal y transnacional con una fuerte carga de justicia hacia los descartados”.
    Sr. Foix, s’ha de construir el que vulgui el poble de Catalunya, i aquest poble ha parlat darrerament de forma rotunda que vol un govern amb majoria absoluta independentista. Respectin, si us plau, aquesta majoria parlamentaria.
    No tingui por que s’arribarà a acords, i la qüestió social es portarà a cap, molt millor que si governa el Sr. Rajoy a través del 155.

    • José A. García
      10/01/2018 at 14:15

      El poble no te una sola veu, és el poder el que te una sola veu: en teoría el poble dona el poder, però mai està del tot clar per a fer què, o com… Al final la élite revolucionaria de vanguardia toma la decisión.

  10. RqueR
    10/01/2018 at 13:08

    Las claves
    1.Visión de Pugdemont…seguir y seguir, R que R
    2.Visión de Mas…..Mas afirma ” con el 47% de los votos el independentismo no puede imponer su proyecto” (lástima que no lo dijera tras sus ‘plebiscitarias’ del 2015, cuando el soberanismo cosechó idéntico porcentaje)…. “El independentismo no tiene la mayoría absoluta en votos -aunque sí en escaños-, y que eso le impide de momento “imponer nada”.

    • Jordi P
      10/01/2018 at 15:45

      Llavors, fem un referéndum i sortirem de dubtes!
      Per què Rajoy i companyia no el permeten celebrar? Tenen por de perdre?

      • david g
        10/01/2018 at 16:13

        ¿otro referéndum? ¿cuántos van ya? ¡cuatro! 9n, 1o, más dos elecciones autoproclamadas como plebiscitarias, constituyentes, históricas, y demás adjetivos grandilocuentes. cada uno de esos pseudoreferendums iba a ser un mandato democrático que llevaría a catalunya a la república. y al único sitio que la ha conducido es a la pérdida del autogobierno, la fractura social y el desastre económico.

        pero si la cantinela es ir repitiendo referéndums una y otra vez hasta que la otra parte se aburra de ir a votar y así alcanzar el 50,01% del voto, lo siento, no cuela. ¡¡¡menos referéndums inútiles y más política!!!

        • Jordi P
          10/01/2018 at 23:31

          Solo ha habido un referéndum, el 1-O, que lo ganó ampliamente el independentismo. Lo demás han sido votaciones de partidos. Has de pensar que bastantes que votan psc i Comuns-Podem votarían independencia superando de sobras el 50 %.
          Por qué el estado español no permite un referéndum? porque sabe que lo perdería! Esta es la realidad amigo David.

          • david g
            10/01/2018 at 23:44

            la realidad Jordi también es que se he aplicado el 155 y no ha pasado absolutamente nada. los funcionarios han obedecido, los que vulneraron la constitución y el estatut están en prisión, en Bruselas o en procesos judiciales, europa dice que esto es un asunto interno español, los bancos catalanes se han ido y las empresas están en ello. el estado español ni puede ni quiere hacer un referéndum de secesión de una parte de su territorio. y si se vuelve a declarar la independencia de manera unilateral se volverá a aplicar el 155 y Catalunya seguirá sin autogobierno y europa no moverá un dedo para evitarlo. ¿qué hacemos pues? ¿seguimos reclamando referéndums ad eternum mientras el país se desmorona social y económicamente? ¡¡¡menos referéndums y más política de verdad!!!

        • Albert 2.
          11/01/2018 at 09:48

          Si, es clar, ja ho diu el refrany: “A LA FUERZA AHORCAN”.

  11. Ramon
    10/01/2018 at 12:51

    Brexit vs Catexit….+ Mas el caso Mas…
    “Rotura de CIU” -“Embargo sedes” -“Caso Palau”-“Herencia de Pujol”-“No marcharan las empresas”-“No podemos enfrentar a un 50 % de la poblacion en contra del otro 50 %”-“Presion de CUP a su dimisión”-“Discrepancias con Puigdemont”-“Falta de apoyo empresarial”

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