Las obsesiones no conducen a nada

Carles Puigdemont ha comprobado la soledad política e institucional en su larga estancia en Bélgica; también ha experimentado la traición de algunos de los suyos.

Llevamos demasiados años instalados en ilusiones que no se traducen en realidades. Muchos días históricos con sus correspondientes apoteosis mediáticas y con una parte de la clase política prometiéndonos que la tierra prometida estaba a la vuelta de la esquina. Todos tenemos derecho a obsesionarnos por cualquier cosa y los políticos ejercitan este derecho con demasiada frecuencia. El voluntarismo en política no conduce a buen puerto sino va acompañado de dosis de realidades concretas para los ciudadanos.

Me interesó la entrevista que Esteban Linés hacía ayer en este diario al cineasta británico Ken Loach que ha dirigido, entre otras, Tierra y libertad que relata las experiencias de George Orwell en la guerra civil española. Su Homenaje a Catalunya describe episodios en el frente de Aragón y relata también la guerra abierta entre estalinistas y trotskistas catalanes en mayo de 1937 que costó la vida a más de mil personas en Barcelona.

Las miradas lejanas sobre los hechos que nos pueden preocupar a todos suelen ser frescas y más objetivas. Tony Blair decía que los ciudadanos observan con más atención la política porque no están obsesionados con ella, como les ocurre a los políticos. A Ken Loach se le pregunta por la situación en Catalunya y responde que ha seguido los hechos lo mejor que ha podido desde la distancia. Observa que “no veo el programa social del movimiento independentista que pueda contraponerse al del Gobierno de Madrid. Las prioridades de los trabajadores catalanes son las mismas que las del resto de la península Ibérica y de Europa, es decir, tener una casa, un salario, cobertura sanitaria, una pensión, escuelas decentes y seguridad personal”. Estas cuestiones que preocupan a todos han estado ausentes de los debates independentistas llevados por las ilusiones, el entusiasmo y la constante movilización pensando que Europa acogería las ambiciones de una parte de los políticos catalanes ante las constantes negativas del Gobierno Rajoy a escuchar el clamor de millones que se manifestaban pacíficamente.

Como no es posible entendernos con Madrid, nos vamos por nuestra cuenta rompiendo la legalidad y Europa nos recogerá porque no puede abandonar a una Catalunya sola y despechada por España. Una estrategia de fondo equivocada y falsa. Puigdemont ha comprobado la soledad política e institucional en sus más de dos meses en Bruselas.

El independentismo no caerá en picado por la revelación de unos mensajes de Puigdemont que, como decía Josep Maria Vallès, sus peripecias serán una nota a pie de página en la historia. Seguirá por mucho tiempo. Pero ahora que formen un ejecutivo posible y que gobiernen con criterios sociales como los que apuntaba Loach, que recupe­ren el autogobierno y se levante el 155. Y que se hagan políticas sociales para tantas personas desdichadas.

Publicado en La Vanguardia el primero de febrero de 2018

 
9 comentarios

  9 comments for “Las obsesiones no conducen a nada

  1. carlos
    06/02/2018 at 10:02

    Lo realmente dramático es uqe una cantidad de personas deposite su confianza en una clase política que ha demostrado tal grado de bajeza moral e hipocresia.
    Me cuesta decir quien es menos malo, mi abuelo decia que los malos tiempos eran cuando se unian la mierda y el culo.
    Buenos dias a todos y las gracias enormes a un Señor periodista com Lluís foix.

  2. interesante
    02/02/2018 at 12:18

    Improvisacion ,MAS improvisación, parece que lo que mal empieza mal acaba…
    ….Pero el portavoz no contestó claramente a ninguna de nuestras preguntas sobre las intenciones de los dirigentes catalanistas. No había plan, táctica ni estrategia. Solo admitió y repitió que iba a ser muy difícil “resistir la presión de los dos lados”: los independentistas radicales, por uno, y el Gobierno español, por otro. El procés sería una improvisación permanente.

    Josep M. Colomer es economista y politólogo.
    https://elpais.com/ccaa/2018/02/01/catalunya/1517512760_053061.html?id_externo_rsoc=TW_CC

  3. Salvador de Lleida
    02/02/2018 at 09:03

    Primero fueron a por los Judíos. Yo no dije nada.
    Después fueron a por los gitanos, los homosexuales, ….
    Tampoco dije nada.

    Hoy han venido a por mi.

    Esto dijo un alemán.

    Primero han encarcelado a rebeldes, sediciosos, promotores de odio……..

  4. Francesc
    01/02/2018 at 23:32

    Uf,

    Un regalo: http://bit.ly/2rUk3XK

  5. 01/02/2018 at 17:33

    “”Que se hagan políticas sociales para tantas personas desdichadas””…

  6. Eduard
    01/02/2018 at 15:03

    La obsesión en mantener a personas inocentes en la prisión. La obsesión por utilizar la ley y la justicia como arma política de una minoria parlamentaria en Catalunya . La obsesion a negar lo evidente. La obsesión para usar la fuerza La obsesión por el a por ellos. Plantan obsesiones y recogen tempestades … Creo que en Europa la gente ya lo sabe. Con el tiempo tambien los gobiernos.

  7. notas....
    01/02/2018 at 13:12

    Quieren hacer un examen para preparar a los maestros, mejor que hagan un examen para preparar a los políticos.

  8. RMS
    01/02/2018 at 13:12

    Hasta cierto punto, me afecta poco quien gobierne,sea de donde sea, si su gestión publica por el bien común es satisfactoria, ya no pido que sea excelente.
    Si pido que gobiernen.

  9. José A. García
    01/02/2018 at 12:54

    Una opción muy sensata que no tiene épica para esta situación tan emocional. Un gobierno puede influir en la política española al modo que lo hace el PNV y así mejorar Catalunya y España, hay más opciones que el PP en España pero eso implica comprometerse en un proyecto nuevo que para algunos, o muchos, deja a Catalunya en seguno plano y prioriza al Estado. El dilema Pujol-Roca.

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