Un funeral en Cambridge

El féretro con los restos mortales de Stephen Hawking a su entrada en la iglesia anglicana Santa Maria la Mayor de la Universidad de Cambridge

La mañana gris y plomiza del sábado coincidió en Cambridge con el funeral de Stephen Hawking, que ­murió a los 76 años en esta mítica universidad, el pasado 14 de marzo. Policías con chalecos amarillos abundaban en el centro. Se levantaron vallas metálicas, y el desfile de más de quinientos parientes y amigos, vestidos con cierta solemnidad, entró en la iglesia anglicana de Santa María la Mayor, donde fue trasladado el féretro con los restos del astrofísico.

“Acuérdate de mirar hacia arriba, a las estrellas, y no hacia abajo, a tus pies”, había dicho Hawking en una de sus obras divulgativas. Hawking alimentó el misterio sobre el universo y sobre Dios. Les puso interrogantes. No creía, se declaraba ateo, pero se entrevistó con cuatro papas y, finalmente, fue despedido con el rito anglicano en la principal iglesia de Cambridge, cuyas campanas tocaron 76 veces, tantas cuantos años había vivido Hawking, que llevaba más de medio siglo en la universidad. En la ciudad había una aglomeración inusual de caras conocidas, como Eddie Redmayne y Felicity Jones, los protagonistas de la película La teoría del todo, sobre la extraordinaria vida de Hawking. En 1964, los médicos le diagnosticaron una enfermedad esclerótica y le advirtieron que su vida no duraría más de dos años.

Sus restos viajarán a la abadía de Westminster, en Londres, para descansar definitivamente en el más famoso de los panteones británicos, entre Isaac Newton y Charles Darwin, los dos también antiguos escolares de Cambridge.

En el funeral nos tropezamos con un profesor visitante, viejo amigo, que pasa un año investigando en la universidad. Su identificación le permite entrar con un acompañante en los rincones más clásicos de esta vieja institución en la que abundan las leyendas y los logros académicos de una universidad fundada en 1209 por profesores que huyeron de Oxford por discrepancias administrativas y científicas.

En la quietud y en el silencio del río Cam, árboles centenarios y céspedes cuidados con delicadeza para que sólo puedan transitar sobre ellos los miembros de los colleges correspondientes, se ha cultivado el saber y la ciencia durante siglos.

En su historial constan 98 premios Nobel en todas las disciplinas, pero principalmente en el campo de la ciencia. Cambridge y ­avances científicos van de la mano. Oxford suministra más primeros ministros y más diplomáticos, pero de Cambridge sale la excelencia en la economía, la ciencia y la investigación. Joseph Stiglitz y lord Keynes cruzaron muchas veces los pequeños puentes del río Cam. Nabokov, George Steiner, Salman Rushdie, Lord Byron, Ludwig Wittgnstein y John Elliot pasaron cursos en alguno de sus colleges.

Bertrand Russell fue premio Nobel y exhibió su rebeldía política y social entrando un par de veces en la cárcel como objetor de conciencia y por otras acusaciones en tiempos de guerras y emergencias nacionales. Era un intelectual crítico que no resistió ni un mandato como diputado.

Un paseo por el río en la tarde plúmbea del sábado nos llevó a The Orchard, en el pueblecito de Grantchester, lugar de relajación de estudiantes y profesores a lo largo de la historia. Los sauces se visten de verde suave y las flores de tantos árboles empujan la gran manifestación primaveral. Las aguas empantanadas del Cam y el ambiente contenido de una floración que explotará en cuestión de días anuncian el cambio de ­estación.

En The Orchard forjaron amistades y teorías sobre todo personajes como Virginia Woolf, John Maynard Keynes, Bertrand Russell, Ludwig Wittgenstein y E.M. Forster, todos ellos compañeros de lo que más tarde sería el grupo de Bloomsbury, el núcleo de pensamiento más notable de aquella Inglaterra posvictoriana.

Cambridge y Oxford están siempre entre las diez mejores universidades del mundo. Uno de los fenómenos que siempre me han fascinado de Cambridge es cómo un grupo de mentes privilegiadas en los años treinta se pasaran al servicio de espionaje de la Unión Soviética.

Cambridge fue el gran semillero de los espías más famosos de la historia. Les fascinaba el comunismo porque temían el nazismo. En cualquier caso, la banda de los cuatro, todos ellos del Trinity College, fueron durante años agentes dobles y todos acabaron descubiertos en plena guerra fría.

Anthony Blunt era el conservador del patrimonio artístico de la reina y fue el último descubierto como espía y traidor. Kim Philby es posiblemente el mejor, junto con Guy Burgess y Donald Maclean. Philby hizo una entrevista a Franco y entró con las tropas franquistas por la Diagonal de Barcelona en 1939. Recibió la máxima condecoración de la dictadura. Y resultó que estaba al servicio directo del Kremlin sin que británicos ni españoles lo sospecharan. Acabó sus días en Moscú, condecorado con la orden de Lenin, pero considerado traidor a la patria.

Cambridge, en definitiva, es la garantía de excelencia, investigación y saber que hoy todavía es una referencia mundial.

Publicado en La Vanguardia el 4 de abril de 2018

6 comentarios

  6 comments for “Un funeral en Cambridge

  1. Francesc
    05/04/2018 at 00:22

    Sobre esto de los datos que hablabamos un par de artículos por debajo: https://bit.ly/2EkLaw3

  2. dogbert
    04/04/2018 at 17:53

    El Sr. Foix nos hace un preciso relato del funeral del astrofisico fallecido. En el recorrido por este ambiente relamido, elitista y clasista que tan bien nos dibuja no acierta a entender porque aqui se incubaron espias en regimen de pluriempleo al servicio, segun en que horarios, del soviet feo y malin.
    El fair play, la flema y el cinismo a veces forman una triada espectacular. Fue, es y sera siempre asi en ambientes humedos (y en los secos tambien)

    • carlos
      05/04/2018 at 12:38

      Sensacional comentario que refleja mucho a los británicos, yo los he disfrutado y sufrido durante mi estancia, larga, en Londres

  3. Santiago Casán Cava
    04/04/2018 at 14:07

    No recuerdo cuál de los “Cuatro de Cambridge”, como fueron conocidos, era cliente habitual de la misma sastrería que la Casa Real Británica. A pesar de haber sido descubierto, desde Moscú encargó por carta a dicha sastrería que le confeccionase un nuevo traje, para lo cual ya disponían de sus medidas. La sastrería, muy indignada, se negó a cumplir el encargo y le contestó que ellos no servían a traidores…

    Creo que sólo a un inglés se le ocurriría encargar un traje a medida desde Moscú a Londres y sólo otro inglés renunciaría a hacer negocio porque se haya descubierto que el cliente era un traidor a la Patria.

  4. 04/04/2018 at 11:41

    Sr.Foix: que un grupo de mentes privilegiadas de Cambridge fueran agentes dobles entra dentro del pluriempleo al que se ven abocados muchos docentes de todas las universidades…que los servicios secretos británicos ni españoles lo supieran ya es para nota…

  5. Josep Ramón
    04/04/2018 at 11:18

    Seria interesante conocer y comparar su sistema de selección del profesorado y compararlo.
    No hace falta hacerlo con la Universidad Rey Juan Carlos, pero sí con bastantes que pecan de endogamia en España.
    Grande Stephen Hawking

Comments are closed.