La sequía y el gobierno

Los que hemos crecido con la sequía sabemos el impacto desesperado que provoca la ausencia continuada de lluvias. Somos hijos de largos años de miserables cosechas, de ríos que llevan el nombre pero no transportan agua, de acequias estranguladas cuando el sol abrasa los campos, de olivares que pierden el verdor mediterráneo a mediados de junio o de almendrales que se quedan tiesos, sin hojas y sin frutos, el vaticinio de su muerte súbita.

La sequía lleva a la fatalidad y al desánimo colectivos. Afecta a los agricultores pero la notan también los herreros y los ebanistas, los comerciantes y los consumidores. la construcción y el parque automovilístico. Decía Miguel Boyer en sus tiempos de ministro que un año de lluvias suponía el aumento de un punto del PIB.

La sequía mediterránea se remonta a la noche de los tiempos. Hablan de ella los textos bíblicos, los clásicos griegos y los romanos elaboraron minuciosas leyes para el racional aprovechamiento del agua. Se suele decir que esta sequía es la más devastadora en el recuerdo de los vivos.

Ciertamente la sequedad que nos aflije es de una extrema contundencia. A los secos fríos invernales se añadieron los vientos de primavera y la devastación de los campos de cereales fue su perniciosa consecuencia. No ha habido una mala cosecha. No ha habido cosecha. Cero.

Entiendo y comparto la frustración de cuantos viven y trabajan en el campo en un año estéril como el que transcurre. Se pierde la noción de la esperanza porque incluso un aluvión de lluvias no tendrían efecto hasta dentro de unos meses y quizás años. El campo no es una fábrica de producción en cadena.

Lo que no acierto a comprender es qué culpa tiene el gobierno de la sequía. Fue muy pertinaz en tiempos de Franco, siguió visitándonos en la transición, con gobiernos socialistas y populares, y ahora le toca al tripartito.

Hará bien el gobierno socialista y el conseller Ciurana en aliviar los daños causados por la extrema sequedad. Pero el grifo de las lluvias no está en sus manos. Hay que repensar la relación entre el mundo rural y el urbano. El agricultor ya no es el imprescindible proveedor de alimentos que nos llegan con mejores precios y parecida calidad de otros entornos.

Hay que buscar nuevas fórmulas para garantizar una vida digna y próspera a quienes mantienen el equilibrio ecológico, cuidan el espacio natural y protegen los parajes de nuestra vieja historia. La solución no está únicamente en la subvenciones. Les invito a que visiten los desiertos de Israel convertidos en vergeles.

6 comentarios

  6 comments for “La sequía y el gobierno

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