Las crisis y la lógica de Zapatero

Seguir y valorar la trayectoria de un presidente de gobierno suele hacerse con más conocimiento en el segundo mandato o bien con la distancia del tiempo cuando su paso por el poder ha sido efímero.

No es el caso del presidente Rodríguez Zapatero que sin enseñar todas las cartas en los ejes básicos de su política las ha mostrado todas.

Se me ocurrió el viernes hacer un paralelismo en la web de La Vanguardia entre Zapatero y el protagonista de la película “El Gran Salto” de los hermanos Cohen. El factor suerte jugó decisivamente en el inventor de Hula Hoop y también parece que ha jugado en la carrera política del presidente del gobierno.

Leí finalmente el breve prólogo que Zapatero dedica al libro del ministro Jordi Sevilla, “De nuevo socialismo” (Crítica 2002) cuando no era presidente y no parecía que podía serlo.

Dice Zapatero que la “ideología significa idea lógica y en política no hay ideas lógicas, hay ideas sujetas a debate que se aceptan con un proceso deliberativo pero nunca por la evidencia de una deducción lógica”.

Si algo caracteriza a la izquierda, continua Zapatero, es su rebeldía intelectual, la permanente discusión de su propio pensamiento y el rechazo de cualquier ortodoxia, sobre todo aquellas que se fundan en la tradición, el prejuicio o el poder.

Estamos ante un presidente del gobierno que no se rige por la lógica. Así no termina de sorprendernos. Me escribe un socialista que ocupó cargos en altas instituciones del Estado en la llamada época felipista, que Zapatero tiene una tendencia natural al perpetuo criticismo y al revisionismo.

Con crisis accedió a la secretaría del partido, en medio de una crisis llegó a La Moncloa y si seguimos el hilo de su biografía mantuvo la secretaría del partido en León en perpetuo estado de crisis durante doce años con la federación socialista castellana tensada constantemente por las corrientes sindicales, políticas, los mineros, los agrarios, demostrando que era un genio en el cambio de caballos a mitad de la carrera. Del guerrismo se arrimó al felipismo pasando por izquierda socialista.

El que le plantea una crisis la pierde. Maragall es la última víctima pero anteriormente pasaron por sus trituradoras José Bono y Francisco Vázquez. Siempre que Mariano Rajoy le plantee una crisis la va a perder. Es más, saldrá esquilmado. Dice mi interlocutor ex alto cargo socialista que es la apoteósis barroca de la política.

Un jurista de prestigio va mucho más allá y me dice que estamos delante de un personaje de la nueva generación, ligero de equipaje ideológico, con un déficit de formación y con una brutal ambición de alcance personal. Duran Lleida lo definía el domingo como un radical y no como un socialista.

Lo clásico tendrá que esperar. Solbes, un clásico, le facilita el colchón para que esa crisis permanente se convierta en una batidora de conceptos tradicionales, haciendo polvo ideas y valores, desde los demócrata cristianos hasta los de la socialdemocracia clásica.

Jacobino como Azaña pero con la diferencia de que forma parte del mundo postcultural que lee los periódicos gratuitos en el tren o en las playas. Si el anuncio de la apertura de negociaciones con ETA lo hubiera hecho en los pasillos de los Comunes y no en la Cámara lo habrían arrojado al Támesis.

Si pactas, te acepta. Sino, sigue adelante.El rearme ideológico de la España eterna de Aznar ha dado paso a un paisano de Valladolid, criado en León, con aspecto de Fabrizzio del Dongo pasado por el Corte Inglés que hace lo que le viene en gana y las gentes le aplauden. Cuando le convenga volverá a ser un líder de orden y clásico. Sobrevivirá. El PP, con gritos, empujones y rabietas, consigue que se afiance. Sólo con talento político se le puede responder.