Un grito contra la xenofobia

Los mensajes xenófobos de Geert Wilders en Holanda coinciden con la gran manifestación en Barcelona a favor de los refugiados

El mismo día que las calles de Barcelona reunieron a 160.000 personas en solidaridad con los refugiados, el probable vencedor de las elecciones holandesas del 15 de marzo, el xenófobo y populista Geert Wilders, afirmaba que “hay mucha escoria marroquí en Holanda que hace que las calles sean inseguras”. Son dos caras de la realidad europea que cabalga entre el desprecio y odio al extranjero y una corriente social de simpatías hacia los que huyen de las guerras y las persecuciones.

La gran manifestación de Barcelona es ciertamente una anomalía en el panorama general europeo que mostró la cara más fea del naciona­lismo exclusivo en el refe­réndum del Brexit. Es un ­gesto que ha causado impacto en una Europa en la que la ­crisis de los refugiados y los inmigrantes será uno de los ejes centrales de las elec­ciones en Holanda, Francia y Alemania.

La distribución de los refugiados que acampan miserablemente en Grecia, Italia y varios países de Europa central es un problema que tiene solución rápida. ¿No se pueden aceptar 160.000 refugiados que los estados se comprometieron a recibir en sus respectivos países? Desde 1995 hasta el 2005 Catalunya acogió a un millón y medio de inmigrantes, la proporción más alta de sobrevenidos que se recuerda, sin que se hayan producido altercados considerables ni se haya roto la convivencia. Lo mismo cabe decir de la llegada masiva de extranjeros en las principales ciudades españolas. Este periodo coincide con el mayor crecimiento económico del último medio siglo.

La crisis frenó la llegada y obligó a muchos inmigrantes a volver a sus tierras de origen. Se da la circunstancia, además, de que un partido xenófobo no ha cuajado electoralmente en España. Pero lo que ocurre en prácticamente todos los países europeos puede repetirse perfectamente entre nosotros. Es un hecho la coincidencia de la inmigración masiva con la trayectoria ascendente de la xenofobia, el racismo y el nacionalismo chovinista que ha sido adoptada por los partidos extremos y que ha contribuido a la victoria electoral de Donald Trump.

El eje principal de la campaña de Geert Wilders en Holanda se centra en las preocupaciones del electorado al miedo e inseguridad que perciben en la inmigración y la cesión excesiva de competencias a la Unión Europea.

El discurso extremo que conquista espacios electorales en Holanda, Francia y Alemania es de corte antieuropeo. El miedo personal y colectivo, con o sin fundamento, ha hecho mella en las sociedades que optan por levantar muros en vez de abrir puertas. En América del Norte, Donald Trump y Justin Trudeau representan las dos visiones respecto del extranjero. De momento Canadá se va a beneficiar del discurso xenófobo de su vecino del sur.

La verdad en las campañas electorales sufre altos niveles de siniestralidad. Pero recurrir a la mentira como se hizo con el Brexit o en Estados Unidos con Trump ha atravesado todas las líneas rojas de la decencia. El columnista de The New York Times ­Roger Cohen comentaba que “las grandes mentiras producen grandes miedos que producen a su vez grandes ansias de grandes hombres fuertes”. A la mentira le sobran los medios de comunicación, que tienen ahora una gran oportunidad de servicio a sociedades atribuladas.

Las tesis xenófobas han conseguido muchos adeptos en el mundo democrático. Pero quizás lo más paradójico es que han contaminado el debate de la centralidad. El discurso de los liberales del primer ministro holandés, Mark Rutte, ha basculado durante la campaña hacia las posiciones populistas de su adversario Wilders. Acaba de publicar un anuncio de dos páginas en la prensa en el que dirigiéndose a los inmigrantes les decía que “actúa de forma normal o márchate”. Será difícil formar gobierno en Holanda como lo ha sido en muchas ocasiones anteriores. Wilders puede ganar, pero difícilmente será primer ministro. En todo caso condicionará la política del próximo gobierno.

Angela Merkel acogió a más de un millón de refugiados e inmigrantes en un año. Sus argumentos se centraban en que aumentarían la actividad económica y corregirían la curva demográfica que en Alemania es una de las más altas de Europa. Ha tenido que dar marcha atrás ante la ofensiva del partido xenófobo Alternativa para Alemania, y también por el retroceso en los sondeos. Sostengo que el próximo gobierno alemán será de gran coalición independientemente de si lo preside un socialdemócrata o una demócrata cristiana.

Son muchas las causas de las convulsiones que vive hoy el mundo. La pérdida del sentido del esfuerzo, de la reponsabilidad, de la indiferencia o rechazo hacia el otro… Pero una principal es haber participado en las guerras de Afganistán, Irak, Libia y Siria sin aceptar a los huidos de las ciudades destruidas con armas suministradas sin escrúpulos por los países que ahora levantan muros a los fugitivos.

Ya sé que parece una reivindicación inútil. Pero o salvamos la Europa que ha fomentado los derechos y la convivencia entre todos o aparecerán disfrazados los viejos fantasmas del pasado.

Publicado en La Vanguardia el 22 de febrero de 2017

7 comentarios

  7 comments for “Un grito contra la xenofobia

  1. Francesc
    23/02/2017 at 15:28

    En este tema como en otros a no ser que se haga un ejercicio de seriedad desde los Estados a través de la Unión Europea le veo mal arreglo. Primero porque son los estados los que pueden hacer posible que se puedan acoger a los refugiados, y segundo porque en el caso de que lleguen no se puede traspasar la manutención y la responsabilidad al altruismo de unos cuantos. Esto en unos momentos de crisis económica en que la mayoría ya lo tiene muy difícil para tirar hacia adelante. De ahí que lo indicado sería exigir a nuestros representantes políticos las medidas adecuadas que en mi opinión deben ir más allá del si se acoge a número determinado de personas: si nos creemos Europa hace falta una política de asilo, de inmigración, y de defensa común y propias. En realidad, hace falta también más estado y en mi opinión que la izquierda diga lo que piensa porque yo más allá de las buenas palabras que pueden emocionarnos no sé realmente lo que piensa. Y esto no es suficiente. Hace un par de meses me encontré una ocupación de una facultad de unos cuantos inmigrantes que argumentaba que desde la Alcaldía se pedía acoger a nuevas personas cuando ellos que llevaban un tiempo aquí no disponían de ayudas para mantenerse en el día a día. No pude comprobar nada de lo que decían, pero son cosas que dan que pensar.

    De no hacer caso a estas cuestiones pues ya lo dice el sr. Foix en su artículo los refugiados y los inmigrantes se verán como una amenaza y la extrema derecha se llevará todos los votos (yo ya es que a estas alturas no creo ni que sea por miedo o por racismo si no por supervivencia en un mundo capitalista en el que priman valores individualistas: siempre recuerdo la escena de la charca en el principio de Odisea 2001 en la que los simios se matan por la poca agua que tienen). Pero esto que digo tengo la sensación que es más extenso es un re plegamiento hacía lo propio frente al fracaso –ahora en occidente- de este modelo de globalización económica y cultural. En fin, recordad el Stranbrook. Lamento ser tan pesimista pero así lo veo.

    Saludos cordiales,
    Francesc

  2. Joan Martorell i barberà
    23/02/2017 at 12:26

    publicada AL DIARI DE ERRASSA

    De: ARTORELL BARBERAJOAN M
    Enviado: sábado, 11 de febrero de 2017 12:39
    Asunto: “If”EUROPA ….
     
    “Si UE s’hagués entés amb Russia, podria liderar un món més just” opina un politòleg.
    Europa no s’ha mogut, Europa no ha creat dictadors, que ho són “de facto”: PutIN;   Trump, tampoc a creat  mentiders brexistes.
    “Força” Europa, guarda’t dels dictadors “de facto” que tens a casa: populisme cap a la dreta(meonazisme) o cap a l’esquerra (meomarxisme gramsià).
    JOAN MARTORELL I BARBERÀ
    CARRETERA DE TERRASSA 30
    08230 MATADEPERA 
    TEL 937870535
    DNI39054045E

  3. Rosamaria
    23/02/2017 at 10:29

    Si que fa por tanta xenofòbia emergent a Europa, i als Estats Units.
    Cap on va el món ??…avancem o retrocedim ??…què està passant ??….

    No em puc creure que en aquest tema Barcelona sigui el “poblat de la Galia d’Astèrix”. Necessitarem una marmita molt gran de poció mágica…..hi han molts romans a fora……auxili !!!

  4. 23/02/2017 at 09:15

    Sr.Foix: la mal llamada primavera árabe nos ha traido este panorama invernal…los que hicieron el agosto fueron los vendedores de armas…

  5. Sinera
    22/02/2017 at 21:19

    Salvar aquesta Europa que ha perdut els valors dels que ens sentíem orgullosos? No ho veig clar! Potser cal que cada país lluiti per recuperar aquells valors humanistes perduts, si alguna vegada els han tingut de veritat… i si això passa -que no crec- caldrà quelcom molt gruixut que provoqui la catarsi necessària per refundar-la, com diu en Dogbert: “esperanzada, mestiza, joven, que sume”.

    Però, ai! Potser ens caldrà un segon origen… recomençar de bell nou després del que considero l’inevitable desastre on ens porta l’Europa del mercantilisme deshumanitzat.

  6. dogbert
    22/02/2017 at 20:16

    Las calles de Holanda no se como estan, pero algunas moquetas estan malolientes con personajes como el de la foto.
    Barcelona, una vez mas, dio el toque de queda.
    Hay que salvar Europa, SI!
    Una Europa esperanzada, mestiza, joven, que sume.

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