La dignidad de dimitir a tiempo

Amber Rudd, ministra del Interior británica, dimitió tras evidenciarse que había mentido al Parlamento

Hace cinco días dimitió la ministra del Interior británica, Amber Rudd, por haber mentido en el Parlamento en la delicada cuestión de expulsar a ciudadanos de origen caribeño que fueron tratados como inmigrantes en situación irregular cuando tenían todo el derecho de permanecer en el Reino Unido. Rudd era la ministra mejor situada para una eventual sucesión de Theresa May, que atraviesa momentos turbulentos. Pero había mentido en el Parlamento, admitió su error y se fue. Su sucesor es el hijo de un inmigrante de Pakistán que conducía autobuses en Londres, la misma procedencia étnica que el alcalde de la capital británica.

Las dimisiones dignifican a la política porque demuestran que nadie es imprescindible y clarifican situaciones opacas o turbias. Para muchos ciudadanos, la política es incomprensible en lo que tiene de distante y de confuso. La desconfianza es inevitable a medida que crecen las incoherencias entre los discursos y los hechos.

La ausencia de los últimos cuatro presidentes de la Comunidad de Madrid en las celebraciones del día 2 de Mayo no responde a cuestiones de agenda sino a una concatenación de escándalos y de corrupciones en los sucesivos gobiernos del Partido Popular en la comunidad madrileña.

La corrupción, por desgracia, es inevitable en el comportamiento de los políticos democráticos, no todos afortunadamente, pero también es normal que cuando alguien es sorprendido en actos de corrupción tenga el decoro de pedir disculpas y marcharse. También cuando se miente.

Esta fórmula debería servir para las figuras más relevantes o para las menos importantes. Helmut Kohl no era un gran intelectual ni tampoco tenía madera de estadista cuando empezó a hacer política en su Renania natal. Era un democristiano sobrio, poco valorado por la academia y las elites funcionariales del país. Era un europeísta alemán que conocía las grandezas y las fragilidades de sus paisanos. Tuvo que dimitir por unas cuestiones de financiación del partido pero pasará a la historia por haber unificado Alemania. Algo parecido le ocurrió a Bismarck, el Canciller de Hierro que promovió la unidad alemana en 1870 pero fue descabalgado por el káiser Guillermo, que no toleraba su gloria y su fama.

Las encuestas señalan un declive acelerado del PP en Madrid, que perdería la comunidad y también unas elecciones generales si se celebrasen hoy. Ciudadanos le pasaría por encima y, seguramente, sería la fuerza más votada en toda España. Tantos casos de corrupción sí que se pagan finalmente en las urnas.

Saber retirarse asumiendo la responsabilidad de los propios actos es también una de las grandezas de la política, que es comprendida entonces por quienes la siguen como un instrumento necesario para la administración de los intereses de todos.

Publicado en La Vanguardia el 3 de mayo de 2018

5 comentarios

  5 comments for “La dignidad de dimitir a tiempo

  1. RM
    07/05/2018 at 13:30

    “Los países quieren creer que son responsables de su propia historia, pero ésta consiste en gestionar cómo responden a los cambios en la lógica del orden mundial.” Jan Klima

  2. 04/05/2018 at 16:53

    Sr.Foix: el verbo Dimentir no se conjuga en política…perdón, quise decir Dimitir…en qué estaría yo pensando…

    • Àfrica
      06/05/2018 at 19:48

      Dimitir no pero mentir…..tropezientos màsters!!

  3. mas opiniones...
    04/05/2018 at 11:54

    Me parece muy bien que dimitan, pero de todos los partidos.
    Tambien los que la han liado en Cat….perdida de tiempo y dinero
    http://www.lavanguardia.com/politica/20180504/443216150192/erc-ponencia-politica.html?utm_campaign=botones_sociales&utm_source=facebook&utm_medium=social “La realidad es que hoy en día el independentismo no es suficientemente poderoso, aún, para convertir Catalunya en una república in­dependiente”.

  4. dogbert
    03/05/2018 at 20:47

    Np dimiten todos los que deberian de hacerlo. Los que lo hacen, lo hacen tarde y mal.
    No se van ni con agua caliente.
    No hay clase, no hay amor propio, no hay estilo.
    No hay verguenza.

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