El viejo y el nuevo mundo

Las tensiones en el interior de la OTAN se han agudizado después de la política de Trump pidiendo más contribución a los aliados y enfriando las relaciones con los socios europeos

Donald Trump llega otra vez a Europa y se encontrará con la oposición de muchos que se manifestarán contra su presencia y, a la vez, muchos otros que silenciosamente votarán defendiendo parecidos postulados sobre inmigración, proteccionismo y nacionalismo que exhibe el presidente norteamericano.

Trump se reunirá con los socios de la OTAN en Bruselas, será contestado en las calles británicas por su presencia en Londres y, finalmente, se reunirá en Helsinki con Vladímir Putin. Los efectos de su elección como presidente empiezan a notarse un año y medio después. Sus promesas de proteccionismo económico están en marcha y su revisión de las relaciones con los aliados que se establecieron en 1945 está modificando el panorama internacional.

Lo que está apareciendo por primera vez, después de la victoria norteamericana en todos los frentes en el siglo XX, es que a pesar de Trump Estados Unidos no puede retirarse del mundo ni tampoco dominarlo. Han salido otras potencias que le disputan su innegable hegemonía militar, política, económica, diplomática, científica y cultural.

Los valores comunes inspirados en la libertad y la democracia son disputados por China y Rusia, donde estos dos conceptos son aplicados de forma muy restrictiva. A pesar de la globalización que facilita el libre comercio y el flujo de ideas, bienes y personas, estos tres grandes nacionalismos se disputan el control de sus zonas de influencia en lo que fue la vieja Unión Soviética, en Asia y en el resto del mundo.

El principio de la razón de Estado, una inspiración de Maquiavelo que muestra su indiferencia a la moral y a los intereses de terceros, fue apartado en política internacional después de la Gran Guerra. Fue reemplazado por el principio de la seguridad colectiva, introducido en Europa por el presidente Woodrow Wilson en 1919 en la conferencia de París y reafirmado con contundencia por los presidentes Roosevelt y Truman en 1945. La política internacional inspirada en la seguridad colectiva es una invención norteamericana que ha funcionado hasta ahora bajo su tutela.

¿Qué ha cambiado en el nuevo panorama de rivalidades entre Estados Unidos, China y Rusia? Una primera consecuencia es que los viejos aliados europeos son considerados por Trump no como amigos sino como rivales. Es lógico que exija una mayor contribución en la defensa atlántica, pero no como si fuera una orden militar. El imponer aranceles a productos europeos es un acto de hostilidad inadmisible entre aliados. Es una decisión unilateral que rompe con la cultura liberal de Estados Unidos y va en contra de tratados internacionales suscritos por anteriores presidentes.

Ha cambiado el discurso pero el orden internacional es más lento para adaptarse a las nuevas ideas que se elaboran con grandes debates internos en Washington. Es pronto para saber si Trump representa una tendencia pasajera o será perdurable.

La cumbre de Quebec supuso una bofetada para los intereses europeos y canadienses. Llegó tarde y se fue pronto para acudir a Singapur y reunirse con Kim Jong Un ni más ni menos que con el objetivo de desnuclearizar Corea del Norte. Los resultados han sido inciertos pero las imágenes han resultado inéditas e impresionantes. Como decía un novelista francés del pasado siglo, los americanos son maestros en un tipo de publicidad que no sólo vende artículos sino también los adjetivos para calificarlos. Los tuits de Trump son hoy el hilo conductor del relato de la política exterior de Estados Unidos, que contiene más propaganda que sustancia.

A pesar de los desgarros que padece la Unión Europea, desde el Brexit a los populismos del área de Visegrado o a la xenofobia practicada por Italia, son más los intereses que nos unen que las ideas que nos separan. Europa es un gigante económico con pies de barro por la incapacidad de construir un sistema propio de seguridad y defensa que pueda vivir al margen del paraguas militar de Estados Unidos.

La aportación norteamericana para librar a Europa de sus propios fantasmas en el siglo XX ha sido decisiva. En la Gran Guerra, en la II Guerra Mundial y en la guerra fría. El cementerio de Normandía es posiblemente el testimonio más elocuente de la intervención norteamericana en defensa de la democracia y las libertades en Europa.

Los puentes entre Trump y la Unión Europea no están rotos pero amenazan ser parcialmente dinamitados si va desapareciendo la confianza entre el viejo y el nuevo mundo que han caracterizado las alianzas políticas, militares, económicas y culturales desde el fin de la última guerra y que han significado el periodo más largo de progreso, libertades y democracia de la historia contemporánea de Europa. Sería absurdo e irresponsable romper una trayectoria que ha sido tan beneficiosa para todas las partes.

Publicado en La Vanguardia el 11 de julio de 2018

5 comentarios

  5 comments for “El viejo y el nuevo mundo

  1. 11/07/2018 at 18:22

    Sr.Foix: TrumPutin…una extraña pareja…

  2. Albert
    11/07/2018 at 17:08

    Sr. Foix : Los Estados Unidos, con Trump, contra los Estados desunidos de Europa.

    En España, Cataluña incluida ocurre igual. Los unidos dominan y van contra los desunidos.

    Siempre ganará el que tenga mas poder, mas riqueza y mas unidad.

    ” Rao ó no rao el pobre a la preso “

  3. Ramon
    11/07/2018 at 12:49

    por una Europa mejor integrada…-http://www.elmundo.es/opinion/2018/07/11/5b44d74d468aeb783e8b4633.html

  4. Ramon
    11/07/2018 at 11:16

    Trump ¿quien tiene miedo a Trump? El sigue con su juego, palo-zanahoria.
    Pero con altos riesgos, aqui si puede existir miedo…http://www.bbc.com/mundo/noticias-44747895?SThisFB

    • Ramon
      11/07/2018 at 13:26

      La formación de partidos políticos trans-europeos, con programas comunes de solidaridad fiscal, justicia social y cesión de soberanía nacional hacia Europa, consolidaría el concepto de ciudadanía europea. Confiamos en que sabrán ustedes dar nuevo impulso a esta iniciativa, que ya fue planteada hace 25 años, siguiendo el legado político de Ventotene, Schuman o Monnet, y atendiendo los principios de solidaridad y progreso para todos que legitiman el proyecto europeo. Asimismo, la UE debería facilitar el avance, entre los países de la eurozona que lo deseen, hacia unos “Estados Unidos de Europa”.No debemos olvidar que la integración económica no fue nunca el fin sino el medio para construir un espacio compartido de soberanía y libertad, de paz y solidaridad entre los pueblos europeos. Y también con el resto del mundo. manifesto L.Mendiz

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