Democracia y populismo

Han ocurrido hechos muy graves en Berga. Un joven murió como consecuencia de las peleas entre una banda organizada de delincuentes y sectores jóvenes locales. Los Mossos no llegaron a tiempo para impedirlo.

La población se indignó y se lanzó a la calle. Para protestar contra los Mossos, contra el gobierno y contra la banda organizada. Unos dos mil ciudadanos de Berga se concentraron en sonora cacelorada ante la comisaría donde la jueza estaba tomando declaración a los sospechosos porque no lo podía hacer en el juzgado por motivos de seguridad.

La voz del pueblo se levantó en contra de los Mossos a los que insultaron y, en palabras de la consellera Tura, les vejaron. Puede que los Mossos no fueran diligentes. Incluso que por acción u omisión no cumplieran con su deber. Hay mecanismos legales para pedirles cuentas.

Pero el tema no es este. Una sociedad no puede revelarse contra quienes están encargados de garantizar el orden que, en definitiva, es el que garantiza la libertad de todos, como decía Charles Péguy.

Un aire populista se esconde en la crisis de Berga. Y cuando las sandalias del populismo pisan los senderos del poder el fantasma del autoritarismo y del fascismo se acerca.

Las instituciones políticas, judiciales y legislativas son el cauce adecuado para organizar la convivencia en las sociedades democráticas. Políticos, jueces y parlamentarios también son responsables ante la ley cuando se excedan en sus competencias. Pero son las instituciones y no el pueblo los que tienen facultades para garantizar el estado de derecho.

Los ciudadanos acudimos a las urnas para confirmar a gobiernos o para echarlos. Luego son las instituciones las que tienen que cumplir con sus obligaciones. Evidentemente, se puede protestar por todo cuándo y dónde se quiera. Es un derecho. Pero el pueblo no puede sustituir a las instituciones.

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  1. Anonymous
    19/12/2006 at 16:34

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