Trigales, viñedos, olivares

El prodigio se repite. Inexorablemente. Las cosechas prometen generosidad. Ha llovido. El sol calienta con intensidad desde que se asoma en oriente esta que se oculta en occidente. He recorrido los mismos paisajes en tres semanas. He visto la transformación global que se produce en el campo primaveral.

En los colores, en la aparición de las hojas, en los mares inmensos de trigales que marcan con una perfecta sincronía las olas agitadas por las caricias de vientos que soplan sin saber desde dónde vienen.

He recorrido tres comarcas fértiles y prósperas. La Segarra, l’Urgell y la Conca de Barberà. Cereales, viñas y olivos. Tres pilares de la civilización mediterránea. Nada se puede añadir a lo que han dicho Homero, los autores de la Biblia, los románticos, los modernistas.

Sin trigales, sin vino y sin aceite el Mediterráneo perdería su personalidad y su razón de ser. En este mes de mayo, todo explota, se desborda, señala el ciclo que acabará con los fríos de invierno.

Los sembrados rompen el color. El verde negruzco se transforma en un verdoso tono que anuncia el amarillo rotundo que vendrá en dos semanas. Las espigas tuercen el cuello. El trigo o el centeno están granando. Las aristas ya no miran al cielo sino que se agachan hinchándose día a día en espera de ser cosechados.

Cambian los colores pero también varían los olores. El olor verde es ufano y el amarillo es fecundo. Una mies a punto para la siega es plenitud, final del ciclo de la fertilidad que fermenta el sol severo que cae sin piedad doce horas cada día.

La mies acaba su trayecto que se inició en Todos los Santos y acaba entre San Juan y San Pedro. Ocho meses de delicada trayectoria. Nada puede fallar. Ni el frío, ni el calor, ni la lluvia. La cizaña ha tenido que ser exterminada. Este año, nada ha fallado. Todo ha venido a su tiempo.

Las viñas se despiertan. Empiezan a señalar las líneas perfectas que dibujan cuadros de Cezanne. Los sarmientos salen con energía, débiles pero firmes, en espera que la mano humana elimine las hojas sobrantes.

Lo racimos señalan su existencia. Dos por sarmiento. A veces tres. Son diminutos, frágiles, insignificantes. Queda un largo trecho hasta septiembre. Hay que superar los insectos, las granizadas, las malas hierbas, los conejos y los jabalíes.

Los olivares aparecen limpios, brillantes, trabajan para el año próximo y se cubren de la «rapa» que se irá aclarando hasta dejar las aceitunas que atraversarán los calores del verano en una soledad inmensa.

Los ciclos acaban matemáticamente en el tiempo. Pero el campo sufre y goza de los contratiempos que vienen. Estas vivencias las he experimentado desde Santa Coloma de Queralt a Sarral, desde Montblanc a la Vall del Corb, desde la Cirera hasta Belianes. Es la sinfonía de cada primavera. Todas iguales pero todas únicas.

  8 comentarios por “Trigales, viñedos, olivares

  1. la veritat es que està la naturalesa a reventar de guapa aquesta primavera, he vist mes roselles que mai i el blat que ja comença a groguejar pinta molt bé. Farém bon pa aquesta temporada.

  2. Sr Foix:Estos escritos son como esa fina lluvia que amara los campos y no hace daño. Dan paz al espíritu y te ensanchan el alma.De vez en cuando es bueno que nos los regale.Muchas gracias. Un saludo

  3. ///ENRIC///

    Hay que disfrutar cada primavera que podamos, el cambio climático lo noto cada día que pasa.

  4. Mis felicitaciones por su artículo. Para mí es poesía pura y, de vez en cuando, es necesario refrescarnos la mente así, olvidándonos de los miembros de todos los gobiernos y de sus sandeces.
    Repítalo, Sr. Foix, entre pelea y pelea con que el mundo nos "deleita".
    J.J.

  5. Cada vez que Foix habla del campo me desconcierta, me quedo sin palabras.

    J.Vilá.

  6. Sr.Foix: Estoy convencido que si Antonio Machado viviera escribiría en los Blogs, estoy seguro que si leyera su artículo de hoy le hubiera dedicado esta poesía.

    La primavera besaba
    suavemente la arboleda,
    y el verde nuevo brotaba
    como una verde humareda.

    Las nubes iban pasando
    sobre el campo juvenil…
    Yo vi en las hojas temblando
    las frescas lluvias de abril.

    Bajo ese almendro florido,
    todo cargado de flor
    -recorde-, yo he maldecido
    mi juventud sin amor.

    Hoy, en mitad de la vida,
    me he parado a meditar…
    !Juventud nunca vivida
    quién te volviera a soñar!

  7. …y mi nariz está roja; o, como diría el profesor Malcolm: "la vida siempre se abre paso".

    Isarn

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