Las Constituciones no son tablas de la ley

Constitución española aprobada en 1978 con un amplio consenso

Constitución española aprobada en 1978 con un amplio consenso

Las Constituciones no son tablas de la ley esculpidas por una autoridad superior. Son textos fundamentales que están sujetos a cambios, modificaciones o suspensiones, según convengan los ciudadanos a través de las instituciones.

Una Constitución es útil en la medida que recoge el respeto de una mayoría y es acatada como instrumento imprescindible para arbitrar los intereses contrapuestos de los ciudadanos. Las enmiendas a una Constitución pueden ser tan importantes como el original de la Carta Magna. Hay países que no tienen una Constitución escrita como es el caso británico que se rige por jurisprudencia, por costumbres y por tradiciones.

Una Constitución es un punto de encuentro en el que todos los ciudadanos de un país se puedan sentirse cómodos, sin ser avasallados, despreciados o desatendidos. No es un consenso entre políticos o partidos sino un consenso entre ciudadanos. Un acuerdo social que permita las discrepancias en cuestiones mayores o menores.

La Constitución española ha estado vigente 38 años, un hecho inédito en la historia desde que en 1812 se redactó en Cádiz la primera Carta Magna. Con esta Constitución el país ha vivido el periodo más largo de prosperidad, libertad y bienestar social. Han sido los ciudadanos los que lo han hecho posible pero el marco jurídico y político ha sido la Constitución aprobada en 1978 que ponía fin a la larga dictadura de Franco.

La Constitución no es intocable. En todos los países de la Europa continental ha habido cambios de constituciones en el siglo XX. Francia inauguró la V República del General De Gaulle en 1958. Previamente habían existido otras cuatro desde 1870. Alemania conoció la Constitución de la República de Weimar, la del III Reich y la que nació después de la humillación de la guerra. Han habido enmiendas en prácticamente todos los países. Las de Europa del Este todas son de nuevo cuño después de la Caída del Muro de Berlín en 1989.

Aferrarse a una Constitución si las circunstancias requieren una modificación, una reforma o la redacción de una nueva no es ninguna temeridad. Cuando los cambios no se producen cuando toca a veces hay que hacerlos precipitadamente cuando no se controla la situación.

Lo más inteligente sería coincidir en qué puntos hay que modificarla para responder a nuevas situaciones planteadas por los cambios sociales, políticos o territoriales. El gobierno Rajoy no tiene ningún entusiasmo en cambiar nada. Tampoco ninguna prisa. Pero es hora de considerar todos los puntos de vista para disponer de un instrumento jurídico que de respuesta total o parcial a quienes consideran insuficiente la actual Carta Magna.

Quizás es demasiado tarde. Pero vale la pena intentarlo cediendo, debatiendo y negociando con todos. Incluso con los que no reconocen la autoridad de la Constitución. Resolver los conflictos territoriales como el que ha planteado el govern de Catalunya a golpes de Constitución agudizará las tensiones. Hay que hacer política con políticos de nivel. Las leyes se pueden cambiar como ha ocurrido siempre a lo largo de la historia en todas partes.

9 comentarios

  9 comments for “Las Constituciones no son tablas de la ley

  1. 07/12/2016 at 12:30

    Sr.Foix: los cambios son ley de vida y han de saber afrontarse y gestionarse correctamente…

  2. Albert
    07/12/2016 at 07:16

    Sr. Foix: » Las Constituciones no son tablas de la ley » …El problema, pienso que, es la interpretación política que se haga de la Constitución, a conveniencia y a favor de intereses no demasiado claros de élites privilegiadas.

    El mejor ejemplo de ello, fué el desconcertante proceso decisorio de la interpretación, que el Tribunal Constitucional hizo del refrendado, votado por el parlamento de Cataluña y del Parlamento Central de España, por el Senado, ect.elaborado cuidadosmente con tiempo de años, del Estatut de Cataluña.

    Que fué rectificado y desvirtuado su sentido, ect. para Cataluña, pero que su mismo redactado y congtenido, si fué aceptado para Andaucía, según parece y consta en realidad.

    Luego dicen por las Españas, que los catalanes somos quejicas e insolidarios, pero habremos de reconocer todos los españoles, catalanes incluidos, que la cosa tiene…enjundia.

    Lo dejo para el/la buen/a entendedor/a.

    Lo escribo en masculino y en femenino, porque considero que la mujer, interpreta de una forma más …concreta…los problemas y la realidad. A diferencia del hombre que teoriza, siempre mucho. De hecho es una interpretación diferente la de la mujer. En realidad nos complementamos sumados.

    Solo es mi opinión.

  3. devonshire
    06/12/2016 at 22:33

    Tinc por:

    » Allà on es cremen llibres s’sacaba cremant també essers humans»
    – Heinrich Heine –

  4. Jose A Garcia
    06/12/2016 at 20:57

    Es evidente que todo lo humano necesita cambio y mejora. No hay nada definitivo ni perfecto. La reforma de cualquier ley debe cuidar el consenso, el diálogo y el acuerdo final, en el que todos ceden y quizá todos ganan algo.

    Las posiciones actuales parecen ser: poca reforma y porque no queda más remedio, reforma más amplia pero que mantiene el concepto de España y que pueda superar un referéndum y ruptura con redacción de una nueva. El principal obstáculo es la existencia de dos realidades de narración incompatibles: la española y la catalana; no parecen compatibles. Por narración me refiero a la construcción ficticia de realidades que las sociedades comparten. Así, aunque nos cueste creer, no existen en el mundo biológico o real ninguna nación ni estado, son constructos humanos que nos han permitido sobrevivir, pero no son ni eternos ni verdades.

    Pero lo que parece evidente es que las narraciones cada día son menos compatibles y no se busca el mínimo común social y simbólico.

    Quizá es tarde como comenta el Sr. Foix, en ese caso tenemos un problema serio porque la crisis que generará nos es desconocida e incierto su resultado

  5. Jordi P
    06/12/2016 at 20:36

    Sr. Foix, no ens hi encaparrem més, no perdem més el temps. Amb aquesta gent del govern central de Madrid no hi ha res a fer. El president Mas ho va intentar moltes vegades i l’únic que ha aconseguit és que el portin als jutjats. El diàleg és impossible. Hem de fugir d’aquesta gent com més aviat millor.

    • Rosamaria
      07/12/2016 at 13:59

      HI ESTIC D’ACORD !!!

  6. Albert
    06/12/2016 at 20:23

    Sr. Foix: Pienso que donde hay talento y mentalidad de estadista, no hay ningún problema, pero precisamente, el problema que tenemos es precisamente la ausencia de estadistas.

    ¡ That’s the question ! … Proque dejar transcurrir el tiempo y los años, según el sistema de nuestro … » honorable «, no demuestra talento de estadísta y asi de paso le deshonora y le descalifica.

    • Jose A Garcia
      06/12/2016 at 21:05

      Tiene razón, no hay estadistas como las referencias que recordamos. No sabemos hasta que punto son decisiones autónomas o mediadas por la negación a aceptar la verdad que existe en cada parte. Reconocer los errores y aceptar que se deben enmendar. El discurso político externo, hacia las personas y los medios, es una representación, una ficción escénica para satisfacer a los que profesan la misma postura, pero evidencia que se nos trata como a emociones manipulables no como a seres con espíritu crítico. Se sabe que toda persona mantiene su ideología con argumentos que la autosatisfacen a pesar de la evidencia en contra; esto es un resultado de estudios de comportamiento y de psicología; pero es fácil observar que están muy cerca de la verdad.

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