La banalidad del mal

Me he manifestado abiertamente en contra del muro que el Gobierno de Ariel Sharon ha levantado entre Israel y los territorios palestinos. También he criticado la política del Gobierno israelí al responder con tanta violencia a los atentados suicidas de los palestinos. Un rechazo parecido me produce la indigna situación de los más de quinientos presos afganos y pakistaníes en Guantánamo.

Viene a cuento este preámbulo al llegar a mis manos el libro editado por el Institut d’Educació del Ayuntamiento de Barcelona bajo el título “Republicans i republicanes als camps de concentració nazis”. Es un pequeño manual de testimonios y recursos didácticos para la enseñanza secundaria en las escuelas municipales. En el tarjetón de presentación en el Ateneu el 3 de mayo figuraba la edil Marina Subirats, el impostor Enric Marco, que ya excusó su asistencia, y los dos autores de la obra.

Se dice en el capítulo dedicado al “genocidi nazi avui i altres genocidis” que “de todos los problemas que hay en el mundo ahora mismo, probablemente hay dos que, en el momento de escribir esta unidad didáctica, tienen muchas similitudes con el genocidio nazi, con los guetos que crearon los nazis alemanes para aislar a los judíos del resto de personas…: son la construcción del muro de la vergüenza en Palestina y el encarcelamiento de prisioneros talibanes en la base militar que Estados Unidos tiene en la isla de Cuba, en Guantánamo”.

Me parece impresentable que en un texto escolar se establezca un paralelismo entre la perversión nazi y la política que Israel lleva a cabo con los palestinos o Estados Unidos con los talibanes. Las fábricas nazis de exterminio, un genocidio premeditado, no tienen nada que ver con la violencia del todo criticable del ejército israelí o de los interrogadores sin escrúpulos de Guantánamo.

Hanna Arendt habló de la banalización del mal como causa y efecto moral de la guerra en la que se perpetraron los horrores del holocausto. Hay que conocer el alcance de las palabras y calibrar su sentido cuando se enseña la historia a los jóvenes. Para defender a los indefensos de cualquier lugar del mundo no se puede caer en la frivolidad intelectual de confundir los conceptos y banalizar una de las ignominias mayores de la historia reciente.

Este manual se ha presentado días antes de que el president Maragall, el conseller Castells y Josep Lluís Carod-Rovira efectúen la primera visita del actual Gobierno de Catalunya a Israel. Es deseable que esta comparación didáctica de Israel con los nazis no haya llegado a Jerusalén.