El conflicto es viejo y persiste

Manuel Azaña y Lluís Companys fotografiados en Barcelona en 1938. Josep Tarradellas, en la segunda fila de la comitiva

Las relaciones de Catalunya con España han estado basadas en intereses contrapuestos, en ideas políticas discrepantes y en una manera distinta de entender la unidad de un viejo Estado que se ha resistido a descentralizar el poder. Catalunya ha condicionado la política española desde que un grupo de industriales, políticos, juristas y escritores catalanes presentó al rey Alfonso XII el célebre Memorial de Greuges en 1885 que venía a pedir la continuación del proteccionismo frente al libre cambio que era incipiente en algunos sectores del gobierno de Cánovas del Castillo. Desde aquella reivindicación que se despachó directamente con el rey sin pasar por el gobierno, la política catalana ha condicionado las ideas centralistas que siempre han caracterizado a los gobiernos españoles para mantener la unidad nacional. Entre los que presentaban el memorial estaba Valentí Almirall, uno de los primeros defensores del catalanismo político que propiciaba más autogobierno para Catalunya y contribuir a la modernización de España.

Desde Barcelona se produjeron hechos que alteraron seriamente la política española. El asalto de unos militares a la imprenta del semanario ¡Cu-Cut! y a la redacción de La Veu de Catalunya se saldó con la declaración del estado de guerra en Catalunya con la introducción de la censura y la restricción de las libertades. Los dos medios habían ridiculizado y criticado el papel del ejército en el desastre de 1898. De esos acontecimientos nació la Solidaritat Catalana para hacer frente a lo que se consideraba el poder arbitrario de Madrid.

La Setmana Tràgica de 1909 fue una revuelta iniciada en el puerto de Barcelona contra el envío de tropas a Marruecos que se saldó con la caída del gobierno de Antonio Maura.

En plena dictadura de Primo de Rivera, Francesc Macià perpetró en 1926 el complot de Prats de Molló para invadir España. Macià se hizo célebre en toda Europa, pasó unos meses en Bélgica y en otros países hasta regresar en 1931 consiguiendo una victoria impresionante en las elecciones municipales bajo las siglas de ERC que comportaron la proclamación de la República y la caída de la monarquía de Alfonso XIII dos días después.

El Estatut de Catalunya aprobado en 1932 fue un desperdicio de energías políticas y retóricas en aquellas dos maneras de entender España que llevaron al enfrentamiento entre Manuel Azaña y José Ortega y Gasset en las Cortes republicanas.

Azaña había dicho que la Constitución de España debía ser leve, ligera, flexible, adaptada al cuerpo español, sin que lo embarazase ni molestase en ninguna parte, porque el cuerpo político de España es algo complejo y disforme, que no se sujeta a ningún canon, y su vestimenta política debe ser de tal holgura y de tal hechura que todas las partes del cuerpo político español puedan moverse cómodamente, sin rozarse ni estorbarse las unas a las otras. Era Azaña comprensivo y defensor de Catalunya hasta que, siendo más tarde presidente de la República y trasladado el ­gobierno a Barcelona, empezó a chocar con los intereses de Lluís Companys, que se ­sintió arrinconado por el gobierno Negrín, nombrado por el presidente Manuel Azaña.

Catalunya fue una pesadilla para Franco que prohibió la lengua catalana y toda manifestación de catalanismo. Los Fets del Palau de la Música y el consejo de guerra contra Jordi Pujol, autor del folleto Us presentem al general Franco, desbarataron el intento de aproximación del franquismo a la opinión pública catalana.

Antes de la caída del régimen se creó la Assemblea de Catalunya en 1971, un conjunto de fuerzas políticas lideradas por el PSUC que desde el catalanismo pretendía precipitar la caída de Franco.

La llegada de Tarradellas fue un hecho simbólico que no rompía con la legalidad republicana y fue anterior incluso a la aprobación de la Constitución de 1978.

Luego vinieron la entrada en Europa y la concesión de los JJ.OO. a Barcelona en 1986, que iniciaron uno de los periodos más pletóricos de la Barcelona de Maragall y también un intento realista de entendimiento con España. Aquel éxito cívico y deportivo no fue bien acogido por Pujol y por muchos de los que ahora han llevado a Catalunya a una improvisada innovación política que no conduce a ninguna parte.

Nadie sabe lo que ocurrirá mañana ni cuánto tiempo perdurará el 155. Las divisiones, incluso en el seno del independentismo, son evidentes. El tema va para largo. Una de las contestaciones de Ortega a Azaña en 1932 puede que siga todavía vigente. El problema catalán, decía el filósofo, “es un problema que no se puede resolver, que sólo se puede conllevar; que es un problema perpetuo, que ha sido siempre, antes de que existiese la unidad peninsular, y seguirá siendo mientras España subsista; que es un problema perpetuo, y que a fuer de tal, repito, sólo se puede conllevar”. Tal como están las cosas hoy es difícil imaginar un pacto cívico y político entre los catalanes y entre catalanes y españoles. Tendrá que pasar un tiempo hasta que aparezcan nuevos actores capaces de construir un espacio colectivo en el cual todos nos podamos sentir cómodos.

Publicado en La Vanguardia el 7 de febrero de 2018

17 comentarios

  17 comments for “El conflicto es viejo y persiste

  1. Francesc
    08/02/2018 at 10:26

    Bueno yo dejo esto: http://bit.ly/2FWQGGE

  2. Eduard
    08/02/2018 at 02:07

    Muy completa instructiva e interesante la perspectiva histórica!

    Me quedo con la definición de Catalunya como un“ problema perpétuo“ de Ortega. Es un oximorón porque un problema tiene solución tarde o temprano por definición, no puede ser perpetuo.

    Este es el punto de partida para el objetivo exterminador del estado español respecto a la identidad de Catalunya como país, al no-ser-un -problema es una anomalia y la solución, ahora , como hace 300 años llega a justificar todo tipo de violencias. Y aqui no podemos igualar a las partes: Objetivamente en fuerza y frecuencia la violencia de un estado, el español, ha sacudido a un pueblo, el catalán. Como demuestra el Sr. Foix en este magnifico artículo.

    El enfoque del estado español no es la solución de un problema de relación con un pueblo, va más allá, intentan y seguirán intentando eliminar esta identidad `ànómala´´.

    Y no sirven de nada apaños como el último estatut aprobado por la inmensa mayoria del pueblo catalán e incluso por las cortes españolas. Se lo ”cepillaron bien cepillado”. Este es el origen del último conflicto aunque no la causa, que tiene un calado más profundo.

    El Estado español actua en perfecta unidad judicial-politico-ejecutiva, como un solo cuerpo para lograr su fin: Eliminar la anomalía catalana de una vez por todas. Quizas lo consigan porque tienen muchisimos recursos y muchas ayudas internas y externas, y de forma consciente e inconsciente.

  3. Albert
    07/02/2018 at 21:39

    Sr. Foix : Pienso que Cataluña a lo largo de los años e incluso a lo largo de los últimos siglos, desde el año 1714, siempre persigue y renueva su deseo de recuperar sus derechos y fueros y su independencia, pero se me ocurre que siempre olvida negociar con la Castilla-España, sobre intereses y beneficios comunes para todos los españoles, catalanes incluidos.

    Y de hecho nos cundiria y satisfaria más a todos. O sea la idea es buscar la unidad, al buscar la unidad de intereses y beneficios para todos.

    Todo lo que no sea eso, continuaremos perdiendo el tiempo y la razón de ser
    de Cataluña y de España.

    • Albert
      08/02/2018 at 08:29

      P.D.

      Pienso que Castilla-España va más directa al objetivo.

      Procura controlar, negociar ó imponer al gran capital catalán, …directamente su poder decisorio definitivo y funcionarial de alto rango, como gobierno central del Estado que es.

      El resultado es que el propio gran capital catalán actua al unisono del gran capital castellano-español ya que juntos saben que, el poder decisorio principal del Estado Español, reside en los altos ministros del propio estado y no en la Generalitat de Cataluña.

  4. dogbert
    07/02/2018 at 20:54

    El CEO alemán que ha cambiado Cataluña por Burgos: el ‘procés’ “es una catástrofe”
    Paul Wimmer, director general de Agrolab, explica por carta a su plantilla por qué cancela la construcción del mayor laboratorio del Sur de Europa en Tarragona y se lo lleva a Burgos

  5. RM
    07/02/2018 at 19:35

    Y estos 30 años de no conflicto, donde Cat y España han prosperado gracias a Cat,a Esp y a Europa, no tiene un gran valor?
    En vez de analizar estos 30 años de colaboración y prosperidad entre las partes se prefiere seguir abriendo heridas, algunas heridas quizás no estuviesen bien cerradas, pero que no dolían a casi nadie.
    Preferimos reabrirlas, colapsarnos y después arrepentirnos ?

  6. 07/02/2018 at 18:58

    1. “El conflicto es viejo”…, diu Lluís Foix. Pot interpretar-se de manera despectiva. Aquest és un conflicte històric, no “viejo”

    2. Tant històric és el conflicte entre Espanya i Catalunya que queda demostrat que aquest afer no és una dèria d’Artur Mas, ni de Carles Puigdemont, ni d’Oriol Junqueras.

    3. Foix també afirma com a cosa positiva que “la llegada de Tarradellas fue un hecho simbólico”. En canvi, Foix acostuma a menystenir el caràcter simbòlic del president Puigdemont que, com el president Tarradellas, també és un presiden exiliat.

    4.Es recomanable la lectura de: La força del símbol. Jesús de Natzaret i Puigdemont de Catalunya http://www.avantguarda.cat/ca/Política

  7. dogbert
    07/02/2018 at 17:52

    Nos tenemos que conllevar con resignacion por los siglos de los siglos.

    Los articulos del Sr. Foix tienen un valor didactico y pedagogico extraordinarios, al menos para mi.

    Cronologicamente vemos como efectivamente cada dos por tres estamos com gat i gos con las españas y esto seguira o sea vale mas que seamos practicos y eclecticos a la vasca y saquemos tajadita cuando se pueda y mientras se pueda.

    Que aumentara la base independentisa? es posible, tambien aumentara la “tabarniez” y estaremos en este eterno empate que en su dia nos permitio sumar y que debe de seguir sumando, exceptuando este bache historico que estamos pasando que ya es un socavon… so_cavon…so_ Lo dejo.

    • david g
      07/02/2018 at 19:19

      apuntas una reflexión interesante: el independentismo ha llegado a un punto de radicalismo que en lugar de ensanchar la base lo único que va a conseguir es aumentar la “tabarniez”. en otras palabras, hacer la fractura social cada vez más descarnada e irreversible, con una convivencia cada vez más imposible entre catalanes mismos.

      el so_, se te ha entendido todo jeje.

  8. Jordi P
    07/02/2018 at 15:25

    “Tendrá que pasar un tiempo hasta que aparezcan nuevos actores capaces de construir un espacio colectivo en el cual todos nos podamos sentir cómodos”.
    Sr. Foix, com més temps passi hi haurà més majoria independentista, perquè la voluntat de les noves generacions així ho preveu. L’ideal de llibertat, personal i dels pobles, és imparable i va a més.

  9. Perogrullo
    07/02/2018 at 15:10

    De verdad nos hacen falta tantos políticos para administrarnos?
    Tan mal le va a Francia sin tantos parlamentos ni tanta gente queriendo imponer sus puntos de vista?
    Un Ayuntamiento, una provincia y una nación. Ahorro seguro y garantía de menos problemas.
    No somos tan ricos para permitirnos tanto sueldo a correligionarios.

  10. 07/02/2018 at 13:18

    El conflicte de Catalunya amb Espanya ve de molt més lluny tal com explica el professor Fontana en el seu llibre “La formació d’una identitat” i he intentat recollir en un apunt en el meu blog: http://fragmentspetits.blogspot.com.es/2017/12/venim-de-molt-lluny-i-persistirem.html

  11. alfred
    07/02/2018 at 12:45

    Supongo que lo de el éxito de las olimpiadas como intento realista de entendimiento con España a pesar de la opsición de Pujol y los que nos han llevado a esta situación actual, es de cosecha propia.

  12. Elena
    07/02/2018 at 12:36

    No puede afirmarse sin faltar a la verdad, que el Estado español se ha resistido a la descentralizacion. Al menos desde la transición. El problema es el nacionalismo. Una ideología supremacista, victimista y esencialidad que hay que combatir dialécticamente y a la que no hay que dar alas, porque les das la mano y te cogen el brazo.

    • Jordi P
      07/02/2018 at 15:39

      Exacte, Elena, has donat a la diana. El problema és el nacionalisme espanyol.

      • carlos
        08/02/2018 at 10:44

        Nunca el nacionalismo catalan.
        La culpa siempre es de los otros, para Hitler eran los judios.
        Un poco de calma y serenidad, por favor.

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