Terror globalizado

El terrorismo globlalizado ha tomado la iniciativa, juega con los nervios de la sociedad global, mata indiscriminadamente y no da la cara ni se sabe quién lo dirige. Pero existe, mata y atemoriza.

Ya no hay campo de batalla ni línea de frente. Es un fenómeno al que no se puede combatir con ejércitos ni con bombas convencionales.

No hay retaguardia ni cuartel general visible. Cualquier ciudadano puede ser soldado a su pesar y condenado en potencia. Cabe la posibilidad de que la internacionalización del terrorismo sea la de transformar, por medio del terror, a la humanidad entera en una colectividad de muertos vivientes, apáticos y tetanizados por la evidencia de su vulnerabilidad intrínseca.

El siglo XXI se presenta incierto. Se busca la seguridad desde la inseguridad. Se recortan las libertades a ciegas y los Estados no tienen recetas para combatir esta borrachera de sangre y muerte sin saber de dónde procede.

La historia nos recuerda que ninguna democracia ha sido derribada por el terror pero todas las democracias han sido heridas por sus enemigos invisibles y, muy especialmente, por el uso indiscriminado de la fuerza para combatir el mal que se cierne sobre la humanidad entera.

El primer ministro de la India ha pedido calma a una población de casi mil mmillones de habitantes, la democracia más numerosa del mundo.

El problema es que el Estado moderno, nacido después de la Paz de Wesfalia en 1648 terminando la guerra de los Treinta Años en Europa, no está preparado para combatir con eficacia este chorreo de muertes indiscriminadas en Iraq, Palestina, Israel, India, chechenia, Londres, Madrid, Nueva York, Indonesia y cualquier otro rincón del mundo.

Es hora de reflexionar y de usar la inteligencia en el sentido más amplio de la palabra. Por qué se producen esos ataques, quiénes los auspician, dónde están, qué pretenden. Son preguntas que se debaten en los círculos académicos pero no han llegado a las mesas de los gobiernos que disparan no se sabe contra quien.

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