Banderas al viento

Al caer la tarde del sábado un amigo que vive en Cambridge desde hace años, doctor y autor de varios libros, catalán nacido y educado en Barcelona, me enviaba un correo electrónico en el que me decía que “si no fuera porque después de la manifestación todos correrarán a casa para ver el Barça-Madrid, pensaría que España está, una vez más, a punto de empezar otra guerra civil. Qué espectáculo más lamentable. Independientemente de las ideas políticas, es triste que el mito de los dos (o más) Españas sea una realidad tan presente. Qué vamos a hacer”.

Nada, querido amigo, esperar a que esos mitos se vayan desdibujando y de la mitología atávica pasemos a una cierta racionalidad que nos permita vivir en un país en el que todos nos podamos sentir cómodos sin que nadie pueda permitirse el lujo de patrimonializar exclusivamente nada.

Aconsejo el libro que acaba de publicar Henry Kamen, “Del Imperio a la decadencia. Los mitos que forjaron la España Moderna” para que no nos alarmemos, que la cuestión viene de antiguo, que entre mitos, leyendas y actitudes rupestres de los españoles de todas las generaciones nos hemos acostumbrado a los toros a las cinco de la tarde, con la estética de la sangre, rematando la faena con estocadas certeras.

Tenemos un partido que representa aproximadamente la mitad de los españoles que tiene el récord mundial de convocar a la gente con más frecuencia. Diez manifestaciones en contra de la política antiterrorista del gobierno en una sola legislatura. El hecho de que esta vez estuvieran convocados por Mariano Rajoy no quiere decir que en las anteriores ocasiones las manifestaciones no llevaran el visto bueno y el sello de la dirección del Partido Popular. Con lo fácil que habría sido rebatir en el Congreso la fragilidad de la política general de Zapatero.

Ha habido un gradual desplazamiento de las instituciones del Estado, que siguen con las tareas que les son propias, a las concentraciones callejeras. Mariano Rajoy, banderas al viento, decía que quiere el consenso. Pero que si no lo puede establecer con el gobierno, lo va a construir con los españoles, es decir, con aquellos españoles que demuestran que su españolidad es inseparable del Partido Popular.

Se desprende del discurso de Rajoy que los españoles se dividen entre buenos y malos y no entre los que piensan de manera diferente en tantas cosas que les preocupan. La fuerza de unas ideas se mide por la capacidad de concentración. El peso político de España se mide en las calles y no en las insituciones.

La cultura política europea nos indica que la calle es invadida por colectivos que expresan sus quejas a través de sindicatos, organizaciones gremiales, gentes que defienden sus intereses que no encuentran cauces en la política ordinaria. Pero que un partido tan importante como el PP se lance sistemáticamente a las calles madrileñas para protestar contra la política antiterrrorista del gobierno indica, cuanto menos, que no confía en el parlamento ni en los demás poderes del Estado.

Desde la periferia podemos caer en la superficialidad de pensar que son cosas que ocurren en Madrid, como si lo que pasa en la capital no acabara finalmente reproduciéndose de distintas maneras en las periferias hispánicas.

Resulta sorprendente que en el tercer aniversario del mayor atentado terrorista que ha conocido el país ni siquiera se mencionara. En algo hemos avanzado. La teoría de la conspiración se deshincha.

  9 comentarios por “Banderas al viento

  1. Zapatero tiene demasiadas lagunas para el tiempo que lleva en el gobierno, en Catalunya estamos esperando que cumpla sus promesas sobre el Estatut, no le veo muy fino y más bien un poco oportunista en sus planteamientos, por decirlo claro es un improvisador.

    Roger Mateu/Girona.

  2. Pues cuando el señor Rajoy dijo lo de que "era lo más hermoso que había visto" y no sé que más tonterías socarronas… pensé en la homogeneidad de las manifestaciones populistas del imperio Nazi en Berlín. Todos bien puestos, bien limpitos y cantando al unisono… si que tenía que ser bonito si, para el que lo viviera desde dentro.

    Isarn

  3. Sr. Foix:

    Por sus palabras los conocereís. Cuando el Sr. Rajoy digo que era "una manifestación por encima de los partidos aunque convocada por un partido" hizó muestra de su pensamiento más íntimo. Por otra parte, es cierto que el presidente del gobierno no da la talla para gobernar el país y responder con claridad para transmitir confianza y razones para sus decisiones, o incluso para decir en que se ha equivocado y que hará para subsanarlo.

  4. De tanto oír ladrar a los peperos, de tanto escuchar sus mentiras, patrañas y el odio visceral que tienen, no contra el PSOE sino contra Rodríguez Zapatero, al final han conseguido que casi todos hablemos de la "fragilidad" del gobierno de Zapatero. A base de machacar se han salido con la suya.
    J.J.

  5. Yo si veo las dos o mas Españas, está muy claro, pero esta claridad no me tranquiliza ni un àpice, por esta razón debemos participar en todos los comicios electorales.
    Una España plural es posible porque es real, a la vista está, hay que dar consistencia a esta realidad y debemos ayudar a los políticos con nuestro voto, nunca en la calle.

  6. Sólo un apunte. De tanto oír y repetir que el PP "representa aproximadamente la mitad de los españoles" hemos acabado interiorizándolo de forma acrítica. La verdad es que, según los resultados de las elecciones del 14 de marzo de 2004, el PP, con 9,7 millones de votos obtuvo el 37,7% de la representación, en tanto que los partidos que vienen dando apoyo al Gobierno, que son todos los demás, representan a 14,9 millones de votos, es decir el 62.3% de los votos con representación parlamentaria. . Véase aquí

  7. No veo lo de las dos Españas por ningun lado .

    No votare en las proximas elecciones generales , lo digo porque siempre se dice que la gente pasa de politica y no vota , bien , yo no paso pero no voto.

  8. Sr.Foix: Las personas con ideas fijas parecen ser poseedoras de grandes ideas, más que nada debido a que te llenan por completo el cerebro y te impiden desarrollar otras ideas con posibilidad de ser mejores.Pobres de aquellos que pretenden tener todas sus ideas claras y definidas, hay que compadecerles.

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