Egipto, el Corán y las minorías

Manifestaciones en la plaza Tahrir

Manifestaciones en la plaza Tahrir

Ha ocurrido en Egipto y estuvo a punto de pasar en Turquía. Ya lo hemos comprobado en Argelia y en Palestina. Partidos y gobiernos elegidos democráticamente han gobernado poco o ni siquiera han llegado a tocar el poder. Hay análisis para todos los gustos. Pero el problema de fondo es si un gobierno islámico puede dirigir una democracia de corte occidental.

En Turquía ha sido posible durante más de ocho años. En Indonesia, parece que los problemas de un gobierno islámico no son mayores que los que pueda tener una democracia occidental.

Siguiendo los manuales de los politólogos, lo que ocurrió en Egipto el día 30 de junio es un un golpe de estado clásico. El ejército apartó del poder a un presidente democráticamente elegido. Siguiendo el relato de los acontecimientos se estaba preparando un acto de fuerza contra el presidente Mohamed Morsi por haber cambiado la Constitución, por no conseguir la mejora del nivel de vida, por carestía de la vida, falta de gasolina y otras derivadas de una crisis económica y social de grandes dimensiones.

La batalla se libró en las calles, los militares actuaron y los Hermanos Musulmanes quedaron un día sin voz que les representara. Cuando la política baja a las calles no hay que esperar soluciones racionales. Las masas piensan individualmente pero no colectivamente. Y una política que baja tumultuosamente a la calle no aprecia los matices de la política ni de la vida.

La ceguera de la política habitual reside, lo decía Platón, en que sus defensores luchan por en poder como si fuera un gran bien. Y el poder es sólo un vehículo, una fórmula para arbitrar los intereses siempre contrapuestos de los ciudadanos.

Desde la política se pueden hacer muchas cosas. Pero no todo. Ni siquiera una mayoría absoluta puede olvidarse de las minorías que no votaron a los que obtuvieron el poder de forma clamorosa. Los Hermanos Musulmanes llevan más de ochenta años en la vida política, intelectual y social de Egipto. Y han hecho cosas muy positivas. Alcanzaron el poder, en buena parte, porque estuvieron pegados a la gente, les ayudaron a resolver sus problemas más prosaicos, les predicaban una idea que la religión islámica tenía que ser el soporte de cualquier gobierno con sociedades mayoritariamente musulmanas.

Al llegar al poder hace casi dos años se preocuparon más de que se cumpliera el último de los requisitos que se resolver los problemas inmediatos de las gentes. Mohammed Morsi quiso construir una sociedad guiada por los principios coránicos y se encontró con una sociedad que ha vivido históricamente desde perspectivas laicas como las que impuso Nasser, El Assad y Mubarak. Esta idea de no dejarse fagocitar por el islamismo puede estar en el fondo de las protestas de Turquía y Egipto. Todo empezó en 1979 en Teherán con la llegada triunfal de Jomeiny desde París y la instauración de la idea de que la política tiene que convivir inseparablemente con el Corán.

 

 

 

 

14 comentarios

  14 comments for “Egipto, el Corán y las minorías

  1. Albert
    11/07/2013 at 08:19

    Sr. Foix, sempre es un plaer llegir els seus articles, plens de sabiduría realista i práctica.

    Aixi com tambe es un plaer llegir totes les respostes, tambe sabies i realistes de tots els companys i companyes del blog.

    Por mi parte tengo la teoría de que, con cada nueva generación humana, se produce un rompimiento ético, de todas las ideas y normas, que con tanto esfuerzo y exito venían siendo aplicadas por la ética, esfuerzo, honradez y experiencia de la sabia generación anterior.

    Y la sociedad humana debido a la inexperiencia de las nuevas generaciones, vuelve a empezar y sufrir la codicia y el abuso y el deseo de poder y riqueza de unos cuantos ludopatas de las nuevas generaciones.

    Y la sociedad despues de una época de vacas gordas, debido a los citados y a la culpa también de la propia sociedad regresa a las vacas flacas sin remedio.

  2. elena fabregat
    08/07/2013 at 13:13

    Començar la setmana llegint els comentaris, tant de BartoloméC com de
    Jordi P.,és tot un privilegi. Gràcies.

  3. Rosamaria
    08/07/2013 at 12:56

    Us demano disculpes per introduir un tema que no té res a veure amb l’ article del Sr. Foix, però em sembla important.

    Un enllaç que tornaré a posar quan torni a ser el moment…..és a dir, quan es publiquin les «Balances Fiscals «, si és que es publiquen….

    http://www.ara.cat/premium/opinio/balances-fiscals-Rajoy_0_952104811.html

    • 08/07/2013 at 18:37

      No hay el más mínimo interes en publicar esas balanzas fiscales Rosamaria…lo cual indica el gran interes que existe en ocultarlas…

      • Rosamaria
        09/07/2013 at 10:18

        EXACTE !!!

  4. Jordi P.
    07/07/2013 at 22:55

    Sempre ha estat una mala solució unir la política amb la religió. La ciència de governar als pobles té les seves pròpies lleis que estan fonamentades en la llibertat i la pluralitat ideològica. La religió té com a finalitat el bé total i etern de l’home i per tant pot indicar les grans línies que mostrin el fi últim de l’home i la seva dignitat, però la concreció de les lleis correspon als polítics, salvant sempre el respecte a les minories i a la llibertat i pluralitat de pensament. La religió es proposa, però no s’imposa.

    • Jordi P.
      07/07/2013 at 22:59

      Com sabeu, l’ultima frase: «la religió es proposa però no s’imposa», és del gran papa Joan Pau II.

  5. 07/07/2013 at 18:32

    «El poder tiene tendencia a corromperse y el poder absoluto a corromperse absolutamente». Esta es la famosa frase de Lord John Emerich Edward Dalberg-Acton (1843-1902), citada siempre en contextos de corrupción. De familia aristocrática anglo-ítalo-alemana, fue profesor de historia en Cambridge. Católico y adepto del liberalismo, se oponía duramente al reaccionarismo del Papa Pío IX. El 5 de abril de 1887 escribió una carta a su colega Mandell Creighton, que había publicado cinco tomos sobre la historia de los papas del tiempo de la Reforma protestante. En esta obra mostraba cómo ellos, contrariamente a los principios cristianos, abusaban de su posición de poder y justificaban sus acciones inmorales apelando a su función religiosa, pues, en palabras de Dalberg-Acton «la función santifica a su portador». Este hecho lo llevó a afirmar que el poder absoluto corrompe absolutamente.

    No sé si por pesimismo o por realismo también afirmaba: «Mi dogma es la general maldad de los hombres de autoridad».

    Como católico, el Lord veía en la corrupción la presencia del «pecado original». Esta expresión, no la realidad, fue creada por San Agustín en 416. Con ella quería expresar la visión bíblica según la cual «la tendencia del corazón es mala desde la infancia» (Gén 8,21). Por esta razón, en lugar de pecado original, la tradición cristiana usaba la expresión corrupción en su sentido etimológico: tener un corazón (cor) roto (ruptus), o simplemente ser «homo corruptus». No otra cosa pensaba Kant cuando decía metafóricamente: «somos un leño torcido del que no se pueden sacar tablas rectas». En otras palabras, en el ser humano hay una corrupción básica que se manifiesta en sumo grado en los portadores de poder. ¿Por qué precisamente en ellos? Nadie mejor que Thomas Hobbes para respondernos en su «Leviatán» (1651): «destaco, como tendencia general de todos los seres humanos, un perpetuo e inquieto deseo de poder y más poder, que sólo termina con la muerte. La razón de esto reside en el hecho de que sólo es posible mantener el poder buscando todavía más poder».

    Existe, por lo tanto, una relación estrecha entre poder y corrupción. Corrupción es el uso del poder en beneficio propio. El beneficio puede ser dinero, influencia, proyección, tratamiento especial. Es fundamental el secreto en las transacciones, porque son inmorales o ilegales. Pasiva o activamente, se echa mano de regalos, presiones, fraudes, sobornos y nepotismo. Corrupto es quien soborna o acepta ser sobornado, para garantizar beneficios para sí, para un partido o para el gobierno. El punto clave es el abuso de la posición de poder.

    ¿Cómo superar la corrupción? Para empezar, confiar-desconfiando siempre del ser humano, porque nunca es inmune al abuso del poder. Nada de dar cheques en blanco. Después, evitar la concentración de poder. La división de poderes fue pensada para evitar la posible corrupción. Luego, control por parte de la sociedad, utilizando principalmente los medios de comunicación. Exigir siempre transparencia en todos los procedimientos. Por último, castigar a los políticos corruptos con fuertes penas por haber cometido un delito especialmente grave: hacer daño a la colectividad.

    Leonardo Boff.

    • 07/07/2013 at 18:36

      Sr.Foix: Esta era la contestación a Francis sobre su pregunta anterior sobre corrupción y financiación ilegal, pero su artículo me ha venido que ni pintado…

      • francis black
        07/07/2013 at 21:07

        Merci. el problema del control es grande, a las personas nos cuesta lo de participar de forma real, no puntualmente , en lo publico sin una remuneración, algo logico por otra parte, pero se ha visto que delegar en unos profesionales politicos es un peligro real.

        Se han de buscar formulas mixtas de gestión que la población pueda pintar algo sin caer en la demagogia o el populismo, es un reto importante, pero incomparable a escribir con un teclado de los minis.

      • Rosamaria
        08/07/2013 at 07:24

        Reitero el que li dic a francis,…..i nosaltres d’ espectadors PASIUS… !!!!

    • david
      08/07/2013 at 16:06

      me ha gustado mucho esta aportación. gracias

Comments are closed.