La soga de los precios

Las manifestaciones de agricultores han sembrado la alarma en el gobierno Sánchez.

En los viajes literarios de Josep Pla y Josep Maria Espinàs por las tierras catalanas se dibuja la riqueza de un mundo que tiene un punto de idílico. El urbanita se da una vuelta por los grandes espacios rurales huyendo de la presión de la ciudad para encontrar reposo, silencio y un cierto anonimato. Santiago Rusiñol y Ramon Casas efectuaron en carro varias salidas excéntricas, propias de su juventud. Adentrarse en la Catalu­nya rural a finales del siglo XIX era una aventura divertida para los burgueses de Barcelona, que siempre han mirado con altanería y complejo de superioridad a agricultores y ganaderos.

En estos viajes nostálgicos a la tierra de la que la mayoría procedemos no se aprecian los cambios tan radicales que se han producido en sólo una generación. El campo se ha vaciado. En Catalunya viven más de medio millón de personas en municipios de menos de cinco mil habitantes y en España la ­cifra es de siete millones y medio. En este siglo, la población rural ha dis­minuido un 4,9% en Catalunya y un 10,3% en el conjunto de España.

El sector agropecuario no puede sobrevivir si la venta de los productos es inferior a los costes

La diferencia entre la vida rural y la urbana es muy sutil, debido a la educación, a las comunicaciones y a las nuevas tecnologías, que ofrecen oportunidades independientemente del lugar en que se resida.

¿Por qué se quejan los que cultivan y sostienen las tierras? Porque los agricultores son el eslabón más frágil de la cadena que empieza en la producción, pasa por la distribución y acaba en los vendedores. ¿Es aceptable que los precios de los cereales, la fruta, el vino y el aceite sean inferiores a los que se cotizaban hace veinte años?

El principal problema es que muchos productores no cubren los costes de sus explotaciones y se rebelan contra los abusos descontrolados de distribuidores y vendedores.

El campo no es sólo un paisaje fotográfico, sino un espacio que se mantiene limpio y cultivado gracias al esfuerzo de muchas generaciones que han apostado por quedarse y evitar que el país se convierta en una gran selva.

El agricultor se ha modernizado y ­vive con las mismas comodidades que cualquier urbanita. Viaja, saborea la cultura local y universal, está informado, viste en Zara y se pierde en los la­berintos de Ikea. Pero lleva tiempo con la soga al cuello de los precios, que en estos momentos son despreciables. No aspiran a hacerse millonarios sino simplemente a no trabajar en balde. Sus peticiones son justas y merecen ser atendidas por el sector público y por el de los distribuidores que fomentan el estrangulamiento a través de precios irrisibles.

Publicado en La Vanguardia el 6 de febrero de 2020
 

4 comentarios

  4 comments for “La soga de los precios

  1. R
    07/02/2020 at 19:43

    La solución es que monten grandes cooperativas , no deben de alterar precios del mercado, es una acción que acaba mal como en Venezuela

    La fijación de precios de cualquier producto fuera del mercado es de alto riesgo, no ha funcionado en ningun pais. La solución es que los agricultores se asocien y creen grandes cooperativas, además de modernizarse y utilizar técnicas de marketing, Big data, con plataformas en apps y nuevos canales de distribución.

    • R
      12/02/2020 at 12:15

      Datos a considerar….La gran distribución solo compra el 7% de la producción hortofrutícola española. El 65% de la compraventa de frutas y hortalizas pasa por la empresa pública Mercasa, la empresa pública participada por la SEPI (Sociedad Estatal de Participaciones Industriales) en un 51% y el propio Ministerio de Agricultura con un 49%, es por en donde se produce la compra y venta del 65% de las frutas y hortalizas en España. La semana pasada, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, lanzó un dardo acusatorio a los supermercados de los bajos precios que se pagan al campo español, sin embargo la gran distribución sólo compra el 7% de la producción hortofrutícola española.

  2. Albert
    06/02/2020 at 18:40

    Sr. Foix Pienso que lo que nos impide vivir dignamente, a la inmensa mayoria de ciudadanos, es el propio Estado, que con su voracidad recaudatoria de impuestos, muchas veces repetidos y sumados debido al coste del sin control del gasto, que provocan los corruptos, dentro del propio sistema institucional del propio Estado, …pues acaba llevándonos a todos a la pobreza económica inducida.

    En resumen : La suma de tantos impuestos sumados y repetidos es la causa principal de las quejas de los empresarios y trabajadores, ect. tanto del campo, como de la industria y de las ciudades, ect.

    Un exceso abusivo de impuestos arruina a todos, ect. No hay más razón.
    Pero no lo parece a simple vista.

    Exceso abusivo de impuestos y la corrupción institucional tolerada y aceptada, ect.

    • Albert
      06/02/2020 at 19:01

      P.D. Por ejemplo : ¿ Cuantas veces paga impuestos al Estado …. Un litro de aceite de oliva, desde que se cultiva en la olivera, se recoge, se lleva al molino, la oliva, contando el coste del trabajo y del transporte, su almacenamiento, su embotellado, su vuelta al transporte que lo lleva a un empresario que lo vuelve a almacenar o comerciar y vender a un super que lo vende directamente al consumidor, ect. Pero no olvidemos, que cada vez que cambia de mano, el citado empresario paga impuestos al Estado, que se van sumando y sumando al coste original del producto.

      Pero la recaudación del Estado está siempre presente sumando y sumando implacablemente voraz, inhumana y empobrecedora.

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