
El canciller Merz ha advertido en la Conferencia de Seguridaad de Munich que las reglas internacionales han cambiado
El canciller alemán, Friedrich Merz, inauguró la Conferencia de Seguridad de Munich con una afirmación inquietante al decir que «el orden internacional basado en reglas ya no existe» y que Europa tenía que acelerar la construcción de un sistema de defensa propio.
Lo más habitual de estas cumbres era analizar las crisis derivadas de las guerras y las tensiones entre el mundo occidental y los conflictos en los que China y Rusia tenían intereses contrapuestos a los de Estados Unidos y Europa. Pero los cambios políticos han configurado un nuevo tipo de reuniones. La advertencia del canciller Merz no fue solo una previsión retórica sino el reconocimiento de que el sistema de equilibrios que surgió tras la Guerra Fría atraviesa una fase de ruptura acelerada.
La intervención de Merz se construyó como una crónica del desorden emergente. Describió un mundo donde las normas multilaterales pesan menos que la fuerza económica, militar y tecnológica; donde las instituciones internacionales ya no garantizan cumplimiento; y donde la disuasión vuelve a ser un lenguaje dominante. Su argumento no apuntó solo a los adversarios estratégicos de Occidente, sino también a la erosión de consensos dentro del propio bloque atlántico. El canciller sostuvo que Europa debe asumir que la estabilidad ya no está “externalizada” en Washington y que la seguridad continental exige más inversión, coordinación industrial y autonomía estratégica.
En las próximas horas hablará el secretario de Estado Marco Rubio expondrá los planes de Trump respecto a Ucrania, Groenlandia, Oriente Medio y la posición hacia China y Rusia. El lenguaje es militar, comercial y bélico. La vuelta de Trump a la Casa Blanca ha reactivado una visión más transaccional de las alianzas. Apoyo, sí, pero condicionado a compensaciones concretas, aranceles favorables a Estados Unidos y gastos en defensa equilibrados.
El compromiso con la defensa colectiva sigue vigente pero con nuevas condiciones. Todas ellas convergen hacia un mayor gasto militar y a una preparación para una guerra que puede librarse contra Rusia o contra China pero que no se sabe ni cómo ni dónde estarán los campos de batalla. Puede producirse en la misma Europa.
Trump tiene un discurso tan flexible y tan errático que puede cambiar de estrategia de un día para otro. Lo que sí puede deducirse es que no quiere romper la alianza con Europa pero quiere que los europeos nos organicemos de otra manera. Desprecia la visión de la Europa social que ha hecho de la UE una de las realidades, con todas las imperfecciones e injusticias que se quiera, más respetadas del mundo.
La potencia militar de Estados Unidos le permite a Trump dictar sus reglas y obligar a que sus aliados contribuyen en la seguridad con cantidades inasequibles para sus presupuestos. Pero si Estados Unidos, China y Rusia están aumentando sus arsenales militares, Europa no puede convertirse en una isla que puede ser arrollada por ejércitos que quieren cambiar o destruir nuestros modos de vida. El rearme europeo no tendrá que ser solo militar sino económico, tecnológico y también cultural.
El problema mayor para Europa no es Trump o Estados Unidos, ni China ni Rusia. Las dificultades están en el interior de Europa. Mientras la prioridad no sea una Europa federal, con una política exterior única, con un sistema fiscal y financiero armonizados, no se estará en condiciones de resistir a los acosos que vendrán de todas partes.
Conviene no olvidar que en el siglo pasado las guerras civiles europeas se convirtieron en conflagraciones mundiales y fueron de matriz exclusivamente europea. Las revoluciones que iban a construir pueblos puros y hombres nuevos también nacieron y murieron en Europa que fue la perdedora de las guerras que empezó.
El canciller Schmidt decía que Estados Unidos son el aliado más importante pero Francia es el socio más cercano. Sin el paraguas militar y las relaciones políticas con Washington entran en una nueva dinámica, Europa no podrá soltar todas las amarras con Estados Unidos pero tendrá que construir seriamente su propia seguridad y defensa. El mundo ha cambiado y habrá que adaptarse a las nuevas circunstancias.
En Múnich también quedó claro que la divergencia no es solo de medios, sino de tiempos políticos. Mientras la Casa Blanca prioriza resultados rápidos y acuerdos visibles, con mucho dinero por el medio, Europa opera con ritmos regulatorios farragosos. El diagnóstico de Merz de que se han quebrado las reglas de juego no fue presentado como fatalismo, sino como punto de partida. Su tesis es que el vacío de reglas no se llena con nostalgia, sino con poder organizado y alianzas actualizadas.




Buenas tardes
Es difícil predecir el futuro. Ayer leí que Alemania e Italia acordaron una reunión a la que solo asistieron varios países de la UE, pero no todos. También que los euro bonos no gustan en Alemania. No creo que exista una identidad europea real, existe miedo y la tendencia a que cada país vaya a la suya. Pero, qué se yo. Escribo lo que siento, y sé que las intenciones de los poderes nos son desconocidas
Usted, Sr. Foix, nos abre la mente con su opinión. Mi intuición al leerle es que se están preparando para la guerra. Hay mucho miedo.
El avance de la ultraderecha anuncia más nación y menos Europa, Además, ese avance se produce en elecciones democráticas.
Sí, ha cambiado todo. Ya nada será como se esperaba. El mundo humano ha escogido la oscuridad.
Saludos