Trump, el colonialismo de los negocios

Trump ha abierto un periodo de inestabilidad en las relaciones internacionales recurriendo a la política basada en los negocios

El presidente Trump se enorgullece de haber puesto fin a ocho guerras. No las enumera porque ni él mismo sabe cuáles son. Quiere acabar los conflictos con la extraordinaria fuerza de sus ejércitos. Su herramienta de poder global se basa en la presión directa, en la intervención militar calculada, en sanciones arancelarias y demostraciones simbólicas de capacidad estratégica. Lo más peligroso que hace Trump es romper las reglas de juego y despreciar el derecho. Una de las causas de la caída de los regímenes autoritarios es cuando no se observa el estado de derecho.

Hay quien estima que la operación Venezuela fue una proeza militar que capturó al presidente Maduro que ahora está en una cárcel norteamericana sin que se sepa de qué delitos se le acusa. El hecho de dejar a Nancy Rodríguez al frente del gobierno en Caracas no es pensando en el bienestar de los venezolanos sino en asegurarse de que podrá controlar el país y extraer el más rico de sus productos como es el petróleo. Es el colonialismo del negocio. Él decidirá cómo y cuándo cae la dictadura venezolana.

Hoy ha dedicado unas palabras a Cuba que vive el eclipse de una dictadura que lleva más de sesenta años empobreciendo a los cubanos. Ha cortado el suministro de petróleo venezolano a Cuba que no puede resistir las penurias provocadas por la falta de combustible. Trump ha dicho que está considerando una «toma de control amistosa de Cuba».

La experiencia venezolana podría aplicarse a Cuba y a cuántos países del hemisferio americano estorbaran a Estados Unidos desde el punto de vista político, militar o económico. Es la ley del más fuerte aplicada a la política internacional y especialmente a los más débiles. El régimen cubano puede quedar reducido a una caricatura si Trump decide intensificar el ahogamiento económico hasta el asfixio.

La tesis es que a una dictadura solo se puede borrar el mapa con la fuerza y al margen del derecho internacional. Esta actitud es muy peligrosa porque es aplicar sin más consideraciones la ley del más fuerte o la vieja idea de que el fin justifica los medios.

La concentración de la Armada norteamericana en las inmediaciones de Irán es un indicativo de que la poderosa flota está en la zona del Golfo para hacer maniobras sino que es un instrumento intimidatorio para hacer caer el régimen islámico de Teherán. Trump insiste en que no permitiría el avance nuclear iraní.

Para presionar a Dinamarca para que venda, ceda o entregue Groenlandia a Estados Unidos ha ordenado el envío de un buque hospital americano presentado como ayuda médica pero también como una señal intimidatoria. En un territorio donde el silencio suele dominar el paisaje, la llegada de un símbolo militar recordó que la geografía, por lejana que parezca, nunca está completamente fuera de la historia.

Estos movimientos no constituyeron una guerra única, sino una cadena de presiones, intervenciones y conflictos superpuestos. La captura de un jefe de Estado, las amenazas en Medio Oriente, el cerco económico en el Caribe, la presencia militar simbólica en el Ártico y el respaldo a una guerra activa revelan una estrategia basada en la demostración de fuerza.

En definitiva, hemos entrado en un mundo cada vez más inestable en el que las libertades se tienen que someter al capricho de dirigentes autoritarios que no aceptan ni críticas ni discrepancias.
El modelo europeo es combatido y despreciado por Trump. También por Putin y por Xi Jinping. A todos les interesa Europa. No para respetarla sino para someterla.

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