
La democracia es incompatible con el miedo y un sistema de libertades solo prospera en una atmósfsera de reconciliación y diálogo. La dureza de Trump contra los inmigrantes ha dividido más a la sociedad americana
El mal del futuro que uno se imagina se nos presenta como insoportable, pero el mal que se sufre es habitualmente llevadero. El presente se supera porque el tiempo no se detiene. Viendo los sufrimientos de los ucranianos machacados por los rusos o las decenas de miles de palestinos barridos y muertos por el ejército de Netanyahu, la sensación que uno tiene es de impotencia, rabia y miedo.
El temor a que situaciones semejantes puedan producirse en Europa no es una fantasía. El mundo que lideran los Estados Unidos de Trump no produce solo tensiones y violencias sociales sino que destila miedo. No sé si Trump es la causa o la consecuencia de una confrontación política que viene de lejos en todos los ámbitos de los países democráticos.
La democracia es incompatible con el miedo y un sistema de libertades solo prospera en una atmósfera de reconciliación y diálogo. La convivencia no sobrevive construyendo muros sino levantando puentes.
El miedo no habla en público ni vota ni persigue al personal por las esquinas. Pero influye. En las campañas electorales se apodera del ambiente y, en vez de proclamar programas y convicciones, se ataca al adversario como enemigo que batir. Es el miedo fragmentado. Miedo a perder el trabajo, miedo al inmigrante que llega, miedo al que vota distinto…
Las campañas no se concentran tanto en proyectos como en amenazas que perjudican a la gran mayoría que aceptamos el desacuerdo en el marco de unas reglas comunes para todos. Los medios y las redes sociales amplifican esta sensación. La demanda de más seguridad, menos pluralismo a cambio de líderes fuertes a los que no les importan las reglas ni la verdad, es el discurso que avanza. Estados Unidos es mirado con sospecha por quienes han sido aliados históricos. La cuestión no es solo quién va a ganar las elecciones sino si el perdedor aceptará el resultado de las urnas.
En tiempos tanto o más convulsos, el presidente F.D. Roosevelt, en su discurso inaugural del 4 de marzo de 1933, un mes después de la subida de Hitler al poder, dijo: “Déjenme enunciar mi firme creencia de que la única cosa a la que tenemos que tener miedo es al miedo mismo”. Trump no durará siempre. Quiero pensar que la democracia americana le sobrevivirá a través de las urnas.
Publicado en La Vanguardia el 5 de febrero de 2026



