La mirada de Rafael Jorba

Un libro escrito desde el silencio y la serenidad merece ser leído con pausa. Rafael Jorba, periodista de larga trayectoria, acaba de publicar La mirada del otro (RBA), un ensayo que introduce ideas humanistas en unos tiempos en los que la fuerza y la razón de estado parecen prevalecer sobre el derecho y la persuasión. Es un libro que va contra corriente y que se aparta voluntariamente del discurso de lo que es políticamente correcto.

La mirada del otro

Es un ensayo en forma de manifiesto por la alteridad, “es decir, en defensa de la identidad del otro”. Dice Jorba que es un libro escrito en la lengua del otro, su otra lengua, la castellana, porque dice que del hecho de que el catalán sea su lengua propia no se desprende de que el castellano sea para él una lengua impropia o extraña. Está escrito en su otra lengua pero no con doble lenguaje.

Jorba conoce muy bien la cultura francesa. Por sus lecturas y por su larga estancia en París como corresponsal de La Vanguardia. No se detiene en los episodios que conforman la dialéctica mediática del momento sino que levanta el vuelo para poner los focos en la presencia del otro como fundamento de la ley y la justicia. El impulso ético, dice, no es tanto fruto del yo como de la presencia del otro hombre que se convierte en parte constitutiva de nosotros mismos. Arranca con una cita de René Cassin, uno de los redactores de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: “mis derechos son tus deberes; mis deberes son tus derechos”.

Respecto a las tensas relaciones políticas entre Catalunya y España señala los riesgos de que se desnaturalice el proyecto común entre el catalanismo histórico y una cierta idea de la España plural y abierta. Es interesante reproducir su visión sobre cómo hemos llegado a esta situación.

“A ello hemos contribuido los catalanes, al situar en el frontispicio del debate los valores simbólicos por delante de los derechos y deberes ligados al renovado pacto de ciudadanía que quería alumbrar el nuevo Estatut, pero la responsabilidad mayúscula recae en sectores de la política y de los medios de comunicación españoles que se han cuidado de avivar los genes del anticatalanismo más primario y han cometido un crimen de lesa patria. El resultado ha sido no tanto la desafección como el desapego de una mayoría de catalanes ante el resurgir de un nacionalismo español excluyente y exclusivo”.

Es partidario de las soberanías compartidas en las que elementos clásicos de la soberanía, desde la moneda, las fronteras y la seguridad, han sido delegados y nos toca dar un paso adelante en el ejercicio de unas ciudadanías que tienen mucho más para compartir que para discrepar.

Afirma que desde Catalunya no quiere arrojar la toalla. Mi catalanidad de corazón, dice, y mi federalismo de razón me lo impiden. No quiere sentirse rehén del pensamiento políticamente correcto del neonacionalismo español ni tampoco del pensamiento nacionalmente correcto del llamado soberanismo catalán. Invoca aquel consejo que el padre de John Hume, político laborista y Premio Nobel de la Paz irlandés , le dio a su hijo: “las banderas no son comestibles” Y a veces, añade Jorba, resultan indigestas.

El autor bebe en fuentes que van desde Montaigne, Tzvetan Todorov, George Steiner, Zygmunt Bauman, Pierre Bourdieu, Jame Vicens Vives, Victoria Camps, Ortega y Gasset, Azaña, Salvador Espriu, Lévinas, Habermas, Ratzinger, Jacques Delors… Trata las reglas de la laicidad con delicadeza pero con claridad. Cita el discurso del presidente Obama en la Universidad de El Cairo y resalta la afirmación del presidente cuando dijo que “yo soy cristiano, pero mi padre era originario de una familia keniata con varias generaciones de musulmanes. De niño pasé varios años en Indonesia donde escuché el llamamiento a la plegaria en el alba y en el alba y en el crepúsculo…”

La conclusión de Obama, adornada con citas del Corán, el Talmud y la Biblia le viene bien al autor para resaltar que “hay una regla esencial que sustenta todas las religiones: la de tratar a los otros como quisiéramos ser tratados… es una fe que late en la cuna de las civilizaciones y que bate aún en el corazón de miles de millones de seres humanos. Es la fe en el otro”.

Es necesario leer el capítulo que dedica a las nuevas catedrales emocionales refiriéndose a los medios de comunicación de masas que se erigen a menudo como modernas catedrales emocionales, construidas con una argamasa de espectacularización de la información y de culto a la emoción. Coincido con su recomendación de que los periodistas no deberían alimentar la ola mediática, no hacer surf sobre la ola, y atreverse a nadar contracorriente. En épocas de crisis económica como la presente, afirma, hay valores que no están sometidos al estado de ánimo de la población como, por ejemplo, el rechazo del racismo y la xenofobia, la defensa de la dignidad de la persona y el respeto de la intimidad, la abolición de la pena de muerte… “y que se inscriben en las constituciones de igual modo que Ulises pidió que le ataran al palo mayor de su velero para no sucumbir al canto de las sirenas”. Sugiere que una de las tareas de los medios de comunicación es preservarla pluralidad y respetar la alteridad.

Chesterton decía que la tolerancia era propia de los que no creen en nada. Jorba sitúa el respeto por encima de la tolerancia que tiene siempre un tic de superioridad o de paternalismo trasnochado. Pide que se incorpore carga cívica al debate político y social, pensando más en los deberes y derechos de la persona que en el aprovechamiento que se puede hacer de las fortalezas y debilidades de ella. Se trata, en suma, de aprender a administrar mejor la complejidad.

La mirada de Rafel Jorba nos descubre muchas mas sutilezas que nacen de las convicciones cívicas de un periodista que no tiene miedo a decir lo que piensa.

Termino con la recomendación que les hace cálidamente a sus hijos: recordad que no puede haber pueblos libres sin hombres libres, pero tampoco hombres libres sin pueblos libres… sin embargo las libertades de la persona, los derechos individuales, son siempre la premisa mayor de este silogismo”.

12 comentarios

  12 comments for “La mirada de Rafael Jorba

  1. José Ramón
    10/05/2011 at 15:13

    Que pena qeu los JOrba o Foix hayan sido sustituidos por periodistas sin formación, sin humanismo y de un partidismo absoluto. Perdemos todos y mi Catalunya idealizada se difumina entre broncas y griterios. Gracias Jorba por regalarnos tu tiempo con este libro.

  2. Ramon M
    09/05/2011 at 18:47

    «¿Qué es la tolerancia? -se pregunta el Voltaire del Diccionario filosófico-.
    Es nada menos que la panacea de la humanidad -responde-.
    Todos los hombres estamos llenos de flaquezas y errores,
    razón por la cual debemos aprender a perdonarnos recíprocamente,
    como dicta la primera ley de la naturaleza.
    La discordia es la gran calamidad que padece todo el género humano
    y la tolerancia supone su único remedio.»

    http://www.ciudadseva.com/textos/otros/voltaire/trattole/trattole.htm

  3. 09/05/2011 at 16:32

    Nunca está de más escuchar a un periodista hablar de subjetividad.

    http://www.youtube.com/watch?v=qLdJs85GzUA

  4. dogbert
    09/05/2011 at 00:06

    Creo que Rafael Jorba es un producto de la escuderia Foix que en su momento no supo, como su maestro, serpentear de manera correcta por los procelosos caminos del periodismo «assenyat», el politicamente correcto. Se harto y salto a nuevas lides.
    Hoy lo reencontramos como ensayista, ordenando nada nuevo. El Sr. Foix le dedica la columna en su blog. Bien.
    Creo que Rafael Jorba sigue siendo un extraño en el paraiso de los medios aun y con su dilatada carrera, pero no lo suficiente para erigirse en uno de los referentes que necsitamos para los tiempos actuales.
    Su voluntarismo federalista y en la alteridad, pueden sonar bien, pero suenan a deja vu e incluso tienen en su persona un cierto toque de insinceridad.

    • Francis Black
      09/05/2011 at 09:06

      Se podría hacer una lista de periodista que valga la pena seguir, periodistas columnistas tertulianos, por haceR la cosa más amplia:

      Mis cinco ( poca política )

      Foix
      S.Pàmies.
      Masoliver Rodenas ( suplemento cultura/s)
      Llatzer Moix.
      Joan de Segarra

      • Jaume
        09/05/2011 at 10:55

        Mi lista.

        LLuís Foix
        Ll.Foix
        Luís Foix
        Foix Carnicer
        Foix.

  5. Enric Puig
    08/05/2011 at 23:00

    Jorba ha criticat l’estat actual del periodisme, en què «semblen més importants les opinions que els fets», i de la política: «perdre unes eleccions és una derrota política. Perdre els valors, una derrota interior.»
    Estic totalment d´acord.

  6. Francis Black
    08/05/2011 at 19:14

    Pinta bien el libro , lo voy a leer.

    Hay una definición de Laico que me gusta mucho :

    «Laico es quien sabe abrazar una idea sin someterse a ella, quien sabe comprometerse políticamente conservando la independencia crítica, reírse y sonreír de lo que ama sin dejar por ello de amarlo; quien está libre de la necesidad de idolatrar y de desacralizar, quien no se hace trampas a sí mismo encontrando mil justificaciones ideológicas para sus propias faltas, quien está libre del culto de sí mismo.»»

    Magris

    Creo que se relaciona con el tema del post y del libro de Jorba.

    La cita es del articulo » Laicidad , la gran incomprendia » se puede encontrar en el libro : «La historia no ha terminado »

    http://www.anagrama-ed.es/titulo/A_386

    Es un libro de artículos políticos, sociales, bastante importante.

  7. 08/05/2011 at 18:37

    Sr.Foix: Rafael Jorba forma parte de la dosis de periodistas que me ha recetado mi médico de cabecera para suplir la falta de vitamina informativa que padezco…
    Sobre el consejo de que «Las banderas no son comestibles»…y a veces indigestas, no puedo estar más de acuerdo.

    http://2.bp.blogspot.com/_DLIGKKlr5GE/ReMm0IVsCnI/AAAAAAAAAFI/HQ0A2tpThiA/s320/BanderaDom%5B1%5D.JPG

    • Enric Puig
      08/05/2011 at 23:02

      BartoloméC, ya me recomendará a su médico, necesito vitaminarme.

    • Pere
      09/05/2011 at 15:36

      Las banderas nos las hacen comer cada día, de primer plato, de segundo, de postre, no sólo son indigestas, algunas son venenosas.

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