Placas en tierras cultivadas

La energía agroalimentaria es tanto o más importante que las energías renovables.

La guerra de Putin contra Ucrania ha sacudido Europa de muchas maneras. No es una guerra lejana por el hecho de que no hay soldados europeos batiéndose en los frentes. Estamos en guerra contra una potencia energética ante la que Alemania y buena parte de Europa­ habían entregado el grifo del suministro de gas y petróleo. Putin pensó que Europa no reaccionaría porque no era sostenible en energía. Se equivocó. Pero también fue un error de los gobiernos alemanes, desde Schröder hasta Merkel, el entregar a Rusia la dependencia del gas imprescindible para hacer funcionar la industria y superar los inviernos.

Las secuelas de la guerra llegan también a nuestra cesta de la compra, están reformulando la política de defensa y obligan a acelerar la creación de energía propia de forma rápida sin tener en cuenta cómo, dónde y en qué condiciones se instalan los inmensos parques eólicos y fotovoltaicos que cambian el paisaje de tierras cultivadas desde hace siglos y que constituyen la despensa agroalimentaria para subsistir en tiempos normales y en épocas de crisis.

El Gobierno ha presentado el borrador a Bruselas para que las energías renovables generen en el 2030 un 81% de la electricidad. Hay un dato interesante: el plan supone una inversión de 294.000 millones, de los que el 85% es inversión privada y el 15% pública. La presión es grande.

No intento defender el arado frente a los molinos de viento o las placas fotovoltaicas, que solamente en Catalunya ocuparán 15.000 nuevas hectáreas. Lo que me parece precipitado es que todo ello se haga sin consultar a la Catalunya vaciada, sin que se conozcan los estudios de impacto ambiental y sin que se sepa la implicación de las empresas multinacionales en el mantenimiento de una cierta calidad de vida en la ruralidad.

No se instalan en los sitios más estudiados, sino en aquellas zonas más despobladas en las que la tierra es más barata y la capacidad de reacción ciudadana tiene menos impacto en las decisiones políticas. El argumento más lógico es que si una tierra produce energía agroalimentaria, básica, puesto que todos comemos cada día, no tiene sentido vaciar más los pueblos con la siembra de hectáreas de hierros que aumentarán el calentamiento local y global. Se está reduciendo peligrosamente la soberanía alimentaria europea.

Publicado en La Vanguardia el 30 de junio de 2023

  7 comentarios por “Placas en tierras cultivadas

  1. Excelente artículo, lejos de los panfletos que defienden a rajatabla una u otra postura. Es importante destacar los matices: sí a las nuevas energías no contaminantes, no a ocupar masivamente tierras cultivables. Hay una estrategia inteligente para hacer compatibles ambas cosas; planifiquemos con inteligencia y sin precipitación. Aprendamos de otros países que ya son expertos en ello.

  2. La eólica como la hidráulica no deja ningún tipo de residuo.

  3. No hay que preocuparse.
    La agricultura de los paises menos desarrollados nos proveerá la comida.
    La industria de dichos paises ( BRICS) también los electrodomésticos, automóviles, etc. Etc.
    Nosotros con la imprenta a toda máquina imprimiremos papel moneda para pagar el sustento de los paises avanzados que no contaminan y que ya no producen.
    Hasta que…. El papel moneda no valga nada.

  4. La movida de las placas y los molinillos lo que trae es destruccion de paisaje y material no reciclable y obsoleto por todas partes.
    Pequeñas centrales nucleares como estan instalando en Francia es lo conveniente.
    Hasta los ecologistas alemanes ya consideran a la energia nuclear como verde.
    Menos tonteria ecosostenible falsa y mendaz y una mica mes a la idea.

    • Las placas solares se pueden retirar, los molinos eólicos también. La posible contaminación por radioactividad no se puede eliminar, es un proceso muy lento, algunos isótopos radioactivos tienen vidas medias muy elevadas. Las medidas de seguridad exigen un enorme gasto y dedicación técnica y entrenamiento de la población ante posibles fugas y accidentes. Si lo desean en Netflix hay un documental sobre el accidente de Fukushima en Japón, si no recuerdo mal se titula diez días. La contaminación de Chernobyl llegó hasta Catalunya, y puede que sus efectos también, no es fácil saberlo.

  5. Buenos días Sr. Foix
    Catalunya es la zona de España con menos energía renovable instalada. No tenemos petróleo, ni gas, ni uranio y tenemos que importar ka energía de otras partes. Además todas esas fuentes son contaminantes.

    Es cierto que necesitamos tierras de cultivos y granjas. No menos necesaria es la energía. La recolección agrícola se efectúa con máquinas que necesitan energía y pronto los robots cultivarán y realizarán las tareas agrícolas. No sé cuándo, claro, pero el factor humano puede ser menos necesario.

    La agricultura modificó el paisaje y los ecosistemas del planeta de modo irreversible. Es una tecnología tan agresiva como otras, solo que nos parece natural, pero no lo es.

    El desarrollo tecnológico ha alcanzado un punto de ruptura, la humanidad se enfrenta al dilema de cambiar los viejos sistemas socioeconómicos que ya no son viables: el capitalismo y el marxismo. El gran reto no tiene respuesta: no tenemos alternativas ni opciones porque no hemos actuado antes y los recursos son limitados.

    Toda mi familia provenía del campo gallego, la mayoría emigraron, nadie quería trabajar en el campo. Eran muchos para poca tierra y oportunidades. Mucho sacrificio. Sin la PAC qué ocurriría en Catalunya? Y los beneficios económicos de la agricultura están concentrados en oligopolios.

    No sé que es lo mejor, solo que cambiar no es fácil e inventar menos.
    Saludos

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