Bezos desmantela The Washington Post

Jeff Bezos ha desmantelado el Washington Post despidiendo un tercio de sus periodistas

En la madrugada del 5 de noviembre de 2008 me situé en la cola de la calle 14 de Washington DC que daba la vuelta a toda la manzana. Quería obtener un ejemplar de la primera tirada del Washington Post que publicaba en portada que Barack Obama había sido elegido el primer presidente negro de Estados Unidos.

«Obama makes history«, decía el gran titular de apertura. Me llevé el ejemplar que todavía guardo en algún rincón de casa. El Post era la gran institución periodística de la capital y un referente mundial desde que dos de sus redactores, Woodward y Bernstein, derribaron periodísticamente al presidente Richard Nixon por demostrar tras meses de investigaciones que había mentido en el escándalo Watergate.

Durante varias generaciones, fue fundado en 1877, era un diario menor en la capital federal. Desde los años treinta pasó a la propiedad de la familia Graham. Su salto a la notoriedad mundial se produjo con la campaña en solitario para poner en evidencia las mentiras en las que el presidente Nixon se enredó hasta provocarle su caída.

Aquella gesta periodística tenía nombres y apellidos. Katharine Graham, la propietaria, el director Ben Bradlee y los dos periodistas de la investigación. La dueña del “Post” creció en medio de una riqueza material y dentro de un aislamiento emocional.

Katharine Graham pasó por una huelga de los sindicatos que duró seis meses. La superó. También superó la desgracia de su brillante y carismático marido, Phil Graham, amigo de Kennedy y de lo más lúcido de la sociedad de Washington, que se suicidó unos meses antes de que su amigo presidente fuera asesinado en Dallas. Graham eligió a grandes directores, como Benjamin Bradlee, dándoles la independencia y los recursos para que produjeran un gran diario. Apoyó al director y a los periodistas cuando la Casa Blanca amenazó con todo tipo de represalias para parar lo que se conoció como el caso Watergate.

Escuchaba los argumentos a favor y en contra. Luego decidía. “Vamos, adelante, a publicarlo”. Y así se hizo grande el Washington Post. A Graham le gustaba el periodismo de calidad, valiente, sin ataduras a intereses personales o corporativos. Los periodistas son fundamentales para elaborar el producto con talento, trabajo y curiosidad sin límites. Pero el director y el editor son piezas clave para que la empresa pueda ofrecer productos sin injerencias políticas o financieras.

En su autobiografía «Personal History«, Katharine Graham, cuenta que dirigir un gran diario no era solo administrar papel y periodistas, sino sostener una promesa y publicar una noticia incómoda para el gobierno incluso cuando el presidente te invita a cenar. El adversario tenía rostro. Hoy es más difuso y se muestra con tableros de datos, inversionistas impacientes y plataformas que absorben la publicidad que antes financiaba reportajes de seis meses.

Jeff Bezos ha sido un aliado potente de Trump en la campaña electoral

Llegó la crisis económica de 2008 y el 2013 Jeff Bezos compró el diario. Invirtió en tecnología, expandió la redacción, modernizó la infraestructura digital y amplió la audiencia global. Durante años, los resultados fueron buenos. Se creció en suscriptores y siguió la onda expansiva. Pero con el tiempo llegaron los recortes, las salidas de figuras reconocidas y debates internos sobre rumbo editorial. Bezos no erea un editor sino un inteerventor.

El giro sustancial se produjo en la campaña electoral en la que Bezos prohibió que se publicara un editorial a favor de Kamala Harris, la candidata demócrata que se enfrentaba a Trump. Llovieron las críticas, se cancelaron cientos de miles de suscripciones, disminuyeron las ventas y el prestigio se vino abajo. Ha sido práctica habitual en los grandes periódicos norteamericanos de editorializar a favor o en contra de un candidato a la Casa Blanca. Casi todos, de forma rutinaria, lo hacían a favor de aspirante demócrata, excepto el Boston Globe que lo hacía a favor del republicano.

Bezos se alió con Trump y con la mayoría de los millonarios tecnológicos que regaron con millones la candidatura republicana. Zukerberger, Elon Musk y Bezos sufragaron con miles de millones la campaña de Trump. Las tecnológicas fueron sus grandes aliadas.

El golpe de gracia vino el miércoles 4 de febrero al anunciarse que el Washington Post despedía a un tercio de la redacción, unos 300 periodistas, suprimió las corresponsalías en Oriente Medio, India, Australia y Ucrania. Desaparecía la sección de Deportes y la de Libros y el periódico se quedaba en sus huesos.

Un editor que solo busca dinero, fama o influencia acaba perdiendo los tres objetivos. No es cuestión de millones de dólares sino de apuesta ideológica para servir a Trump debilitando a lo que más duele en la Casa Blanca: la prensa crítica. El Washington Post avanza hacia su insignificancia.

Es oportuno recordar que Jeff Bezos se gastó 500 millones de dólares en el yate en el que navegó por los canales fluviales venecianos paseando a su novia y cerrando la ciudad a los turistas. La boda costó 55 millones y el anillo de la novia se tasó en 5 millones. Ha sido Bezos el que ha financiado con 75 millones de dólares la película Melania, la primera dama, con escaso éxito de crítica y público.

Es un día triste para el periodismo y para la libertad en Estados Unidos. La política de Trump tiene tres ejes fundamentales: dinero, fuerza y dirigir la opinión pública desde mecanismos controlados directa o indirectamente por el poder. Es una deriva autoritaria en la democracia más consolidada hasta ahora.

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