Los tres hombres fuertes

Xi Jinping y Vladimir Putin observan desde el silencio la entradea en guerra de Donald Trump contra Irán. Estos dos autócratas pueden salir reforzados de las incursiones militares de Estados Unidos en Oriente Medio.

En La sociedad abierta de Karl Popper, el lúcido pensador austríaco nos advierte que, si queremos que nuestra civilización sobreviva, debemos romper con el hábito de reverenciar a los grandes hombres que pueden cometer el error perenne de atacar a la libertad y a la razón.

Hay tres personajes que determinan las grandes decisiones políticas que afectan a la humanidad en su conjunto. De Putin no tenemos información directa, aunque sabemos que está librando una guerra invadiendo Ucrania y que se ha prolongado ya cuatro años con resultados desastrosos para rusos y ucranianos.

De Xi Jinping sabemos de sus purgas en el ejército, de sus ambiciones para incorporar Taiwán a China y del capitalismo de Estado versión marxista que ha puesto a su país en la rampa de salida de la hegemonía global. Los más de 90 millones de afiliados al Partido Comunista chino lo controlan todo.

Ni Putin ni Xi Jinping están sometidos al control de parlamentos democráticos. No se exhiben ni sobreactúan. Tratan sin piedad a los disidentes, que se arrojan por los balcones, mueren envenenados o desaparecen sin dejar rastro.

El tercer hombre fuerte es Donald Trump, que a media tarde hora europea empieza a exhibirse con mensajes y con largas ruedas de prensa improvisadas. Tiene una fuerza extraordinaria que ejercitó quirúrgicamente al raptar al presidente Maduro en Caracas.

Es un hombre que cree en el poder de la fuerza para demostrar su hegemonía global. La fuerza sin credibilidad tiene los pasos cortos. Utilizarla para romper el orden internacional que había sido elaborado y controlado por Estados Unidos en los últimos 80 años es más que una temeridad, es un error de difícil reparación.

La diferencia entre los tres hombres poderosos es que en Rusia o China no se prevén cambios, pero en EE.UU. la gente vota cuando toca, se manifiesta, hay prensa muy crítica. Y Trump será una anomalía extraña en la historia norteamericana, que tiene la democracia más longeva del mundo.

Trump es un presidente desnortado que ha perdido los papeles y comienza guerras mientras juega al golf. No conoce la historia más elemental de su país. Una caricatura de hombre de Estado. Pero en el 2029 ya no estará en el poder. En Moscú y Pekín seguirán los mismos.

Publicado en La Vanguardia el 2 de abril de 2026 

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