
Trump habla cada día sobre los conflictos en los que está involucrado mientras Putin casi no habla para la opinión rusa sobre la guerra de Ucrania
Silencio estratégico y locuacidad exagerada. Putin y Trump no hablan de guerra. En Moscú está prohibido referirse a la invasión de Ucrania como una guerra y en el universo retórico de Trump se recurre a expresiones como “operaciones, misión, ataques…”.
Putin raramente aparece en televisión para someterse a una rueda de prensa. Trump habla prácticamente cada día rodeado de colaboradores y dando la palabra a periodistas que le preguntan sin complejos sobre cualquier cosa. El presidente norteamericano se permite descalificar a los profesionales y denigrar públicamente la orientación informativa de diarios, televisiones y otros medios.
Putin rebautiza la guerra para hacerla más invisible y digerible para los rusos mientras Trump fragmenta y multiplica las palabras para ir corrigiendo sobre la marcha su cambiante estrategia militar. Tanto los silencios de Putin como la verborrea de Trump coinciden en querer controlar la interpretación de los hechos. La realidad alternativa viene imponiéndose sobre verdades probadas con evidencias.
Es, como apuntaba Orwell, una manera de hacer que lo brutal sea aceptable y lo complejo se presente en blanco y negro, sin matices, como una cuestión de buenos y malos.
Los hechos son que Putin invadió Ucrania hace cuatro años, no consiguió en una semana cambiar el gobierno, sus ejércitos siguen bloqueados en las cuatro provincias del Donbass y los soldados muertos se cifran en centenares de miles. Invadir y controlar un país no es cuestión de lenguaje sino de fuerza y estrategia.
El potencial militar norteamericano le ha permitido a Trump capturar a Maduro en Venezuela y ahogar a Cuba hundiéndola en la miseria más degradante.
Pero descabezar a la cúpula de Irán, bombardear sus centros militares y estratégicos, pensando que sería un paseo militar para eliminar a un régimen tiránico, no se hace con discursos o intuiciones. Las dictaduras como la iraní suelen caer desde dentro. No se cambian regímenes disparando misiles desde el aire o enviando drones desde la distancia.
Putin y Trump empiezan guerras sin nombre que matan a personas que sí que tienen nombre. Y las muertes no se tapan con discursos retóricos ni propaganda.
Publicado en La Vanguardia el 26 de marzo de 2026



