Con Havel en el Castillo de Praga

Entrevista con Vaclav Havel en el Castillo de Praga en diciembre de 1990

La fotografía de Vaclav Havel pasó de los archivos de la policía secreta a los sellos de las cartas del correo nacional. Fue el símbolo atípico de una revolución que se precipitó de forma suave pero que llevaba gestándose en el pensamiento zurcido en las cárceles de Praga y en los ambientes intelectuales que propiciaron la caída del comunismo. Havel tenía un alto concepto de la política y de la ética. Había padecido las injusticias de una dictadura y valoraba el concepto de libertad.

Ahora hace 21 años le entrevisté en el Castillo de Praga, de la mano de Ricard Estarriol, el periodista de La Vanguardia que mejor ha conocido en directo los choques de la guerra fría. El Castillo de Praga es uno de los monumentos más espectaculares de la cultura y del poder en la historia de Europa. Se encuentra al lado de la majestuosa catedral que observa el río Moldava que fue inmortalizado por el gran compositor Smetena.

Entramos en su despacho forrado de libros de literatura, ensayo, historia y arte. No deja de fumar. Era el marco en el que se movía ese dramaturgo que se inspiró en sus reflexiones ético-filosóficas para gobernar un país que acababa de abandonar el totalitarismo. Siempre he pensado que Havel está en la línea del fundador de la república, Thomas Masaryk, del compositor Vjorak, Kundera, Hrabal, Milos Forman, el propio Smetena y toda la tradición intelectual de checos y eslovacos que tanto han contribuido a la configuración de un país altamente culto.

Escribí al terminar aquella entrevista que Havel es la prueba más evidente de que también en Europa Central la razón puede más que la fuerza y que la pluma acaba imponiéndose al fusil. Rodeado de jóvenes entusiastas, de millares de libros, de un auténtico despliegue de pintura moderna que cuelga en las paredes del inmenso palacio-castillo, Havel intentaba construir, desde sus ideas cultivadas en la clandestinidad, en la cárcel y en la oposición abierta a la dictadura. Vivía en un antiguo piso de Praga y subía al castillo en su BMW que sustituyó a los mastodónticos Zil soviéticos. Trabajaba quince horas diarias y me contó que acusaba el aislamiento clásico del político. Era un personaje con una gran seducción intelectual y humana.

No era partidario de la escisión de Eslovaquia que se produjo oficialmente el primero de enero de 1993. Intentó evitar la partición pero no puso muchas dificultades a que los eslovacos se fueran pacíficamente de lo que intentaba que fuera una federación de checos y eslovacos.

Durante los largos años del gobierno totalitario, me dijo, aquí hemos conseguido acabar con los políticos. Había burócratas. Al producirse el cambio tuvieron que hacerse cargo de la política ciudadanos que vivían como cantantes, economistas, actores de teatro, a los profesionales más diferentes que se pueda imaginar.

Havel fue infravalorado incluso en aquellos días de gloria de la revolución de terciopelo porque era un hombre libre y que pensaba por su cuenta sin depender de lo que convenía en cada momento. No digo que no haya diferencia entre capitalismo y comunismo, decía, creo que la hay y mucha. Lo que trato ahora es de aplicar mis criterios éticos y filosóficos a mi actuar político. Si lo consigo o no ya o me toca a mi juzgarlo.

La historia le está juzgando hoy como un político honesto y con ideas propias. Havel tenía claro que un político no se puede apartar de los valores de la libertad y del pluralismo político sobre los que hay que construir el futuro. A Havel se le podría añadir también conductas que se basaban en sus conceptos de ética, equilibrio social, conciencia, decencia, sentido del humor y comprensión.

Me dijo en aquella ocasión que el objetivo de una sociedad no es únicamente el conseguir un mayor bienestar sino trabajar para que no se repitan las opresiones silenciosas bajo las botas de regímenes totalitarios. Havel hablaba con insistencia de la carga ética de la política porque proyectaba lo que llevaba dentro como personaje público.

8 comentarios

  8 comments for “Con Havel en el Castillo de Praga

    • Jaume
      19/12/2011 at 18:04

      Vaya forma de llorar, si se muere un político de aquí no creo que se derrame ni una sóla lágrima.

  1. francis black
    19/12/2011 at 14:38

    Havel un buen amigo de Lou Reed, hace un tiempo vi este documental

    http://actualidad.orange.es/gente/un-documental-sobre-vaclav-havel-presenta-cara-atipica-e-intima-del-dramaturgo.html

    pero no recuerdo donde, era interesante.

  2. Josep
    19/12/2011 at 11:40

    Aquesta és la trista realitat: Els valors ètics i morals no compten…el què val és l’€ i com que està en crisi tot s’en va en orris. Diuen que els tres pecats del món que ningú no vol cambiar són: El tràfec d’armes, les drogues i la prostitució. Tot això dóna molt diner i engendra corruptes, per això és difícil trobar un polític honest com en HAVEL…Que Déu tingui misericòrdia d’aquest món nostre. A la fi serem jutjats per les nostres obres, no tinguem por. Bon final d’Advent Caminem amb esperança cap a NADAL. Una abraçada Amic LLuïs. j o s e p

  3. Albert
    19/12/2011 at 07:05

    Sr. Foix: Muy bien. Me quedo con los 2 últimos parrafos de su buen artículo.

    BartoloméC: Buena respuesta. Precisa y real.

  4. 18/12/2011 at 22:35

    Sr.Foix; Esas conductas a que nos hace referencia de Havel “conceptos de ética, equilibrio social, conciencia, decencia, sentido del humor y comprensión”, son algo de lo que estamos huérfanos hoy en día…Ni están…Ni se las espera…

Comments are closed.