El invierno no es triste

El invierno no es triste como muchos piensan. La naturaleza reposa, duerme, se prepara para la prodigiosa aventura del ciclo eterno de las estaciones. Los campos están desnudos, las viñas se alinean con sus sarmientos que esperan la poda inmediata. Los almendros esperan el menor descuido de bonanza para mostrar sus frívolas y caprichosas flores que anuncian la llegada de la primavera.

Los cereales sembrados en noviembre son la única señal de vitalidad. Ofrecen sus verdes matizados aprovechando la escarcha mañanera para que sus débiles raíces penetren a un palmo de la tierra.

Olivares descargados de la reciente cosecha descansan silenciosos. Están mustios. Es la época del año en que este árbol tan mediterráneo, tan mítico, tan inmortal, se sume en una profunda meditación descuidando su apariencia. Son como los labriegos que los cultivan cuando no se han afeitado en una semana. Muestran su cara más fea y aburrida.

Es el tiempo de la artesanía de la poda. La naturaleza no se deja inquietar ni permite que se cambie el curso de sus metódicos ciclos. Es en estos días del tardo invierno cuando autoriza que las tijeras o la sierra corrijan sus instintos.

La poda es el arte más aristocrático del agricultor. Es el tiempo en el que los hombres pueden decidir cómo tiene que ser un frutal, una cepa, un alcornoque o un matorral. Se puede ensanchar un árbol o dejar que dirija sus ramas hasta el cielo.

Los bosques no se podan. Se cortan las ramas de los pinos, de las encinas o de los robles. Pero no se les inquieta con los caprichos humanos. Se pueden limpiar o desbrozar. Pero no cabe ajardinarlos.

He pasado el día de hoy podando frutales y olivos. Es el trabajo más noble y más delicado del payés. Sólo el arte de injertar, algo así como el inmenso riesgo del cirujano, le supera. Un árbol podado zafiamente puede arrastrar la desgracia durante años.

Podar es un diálogo interactivo e intelectual con el conjunto del árbol. Hay que observarlo desde lejos, darle dos vueltas, imaginar cómo se quiere que se manifieste en el resto del año. Acercarse a su tronco, mirar su copa, ver qué sobra y cómo se quiere que sea en el verano. Las ramas que insinuan fruto no hay que castigarlas demasiado. Las estériles, cortarlas de raíz.

No se poda para esta temporada. Se contemplan los árboles con la perspectiva de los años. En estos días en que todo parece igual se pueden llenar espacios y crear zonas de expansión de cada frutal. Se ven las ciruelas, las peras, los melocotones, las nueces… colgando en brotes imaginarios.

Acabada la faena hay apartarse de nuevo, observar el trabajo como una peluquera o un barbero sacan un espejo retrovisor para ver cómo ha quedado el peinado. Caben retoques, tijerazos profundos y también lamentaciones sobre alguna eliminación irreversible.

Se pasa al siguiente, y después al siguiente, así hasta que el sol invernal se apaga en el horizonte y la noche fría y el viento cortante te aconsejan poner fin a una jornada que sólo en estos días de febrero y marzo se puede decidir cómo encauzar la vitalidad de los árboles los próximos doce meses.

  9 comentarios por “El invierno no es triste

  1. Sr Foix:Creo que todas las estaciones tienen su encanto, sobretodo cuando es la naturaleza quien te hace dar cuenta del cambio.Poder trabajar olivos o viñedos tiene su encanto…sobretodo si tu vida no depende de ello!
    Me gusta cuidar mis plantas y ensuciarme las manos con la tierra,sentir el olor que desprende y asistir al milagro renovado, cada año, de ver cómo rebrotan.Quizás por ello, estos días, estoy tan maravillada con las mimosas.Son árboles anodinos que no destacan por nada especial hasta que empiezan a florecer.Los ves que amarillean un poco y, en pocos días, estallan como un corazón enamorado.Efímera y bellísima; dentro de poco se mustiaran pero el árbol seguirá ahí, humilde, hasta el próximo año para recordarnos que ya llega el buen tiempo. Un saludo

  2. El invierno es como romper el hielo en una reunión o en un coloquio, es muy difícil, sólo tengo que ver lo que cuesta romper el hielo en este Blog de Foix para darme cuenta de ello, lees la columna y no se te ocurre contestar nada, después vas leyendo comentarios y te van saliendo ideas, al final te animas y dices la tuya, lo dicho, muy difícil/Albert.

  3. Lluís, como siempre tu artículo es una bocanada de aire fresco, te felicito, a ti y a tus colaboradores.

  4. Bueno, es otra opción la de dejar sin podar a los políticos, yo soy partidario de eliminar todo lo malo y trabajar por la mejora de la situación, no quiero tirar la toalla y dejar el patio libre para lo que ellos quieran hacer, el poder ha de ser criticado siempre, los políticos no son una excepción, no han de serlo.

    Roger Mateu/Girona.

  5. Impressionant. Als polítics val més no podar-los, deixar-los fer, que es fassin grans dins el desordre. Fins que les pròpies branques els hi tapin els ulls i s'hagin de quedar a casa.

  6. ///ENRIC///

    Salgo poco de la ciudad y el campo y sus problemas me pillan algo lejos, pero este artículo de Foix me ha alegrado, el invierno es mi estación favorita dede hace tiempo.
    Lo de podar a los políticos me parece una idea sensacional, podarlos bien para que crezcan sin irse por las ramas.

  7. Mi más sincera felicitación, Sr. Foix, por este artículo. De los suyos, uno de los mejores que he tenido el privilegio de leer.
    J.J.

  8. Hoy estamos a casi 20 grados en Barcelona, eso en el que tendría que ser el mes más frio del año, esto ya no se aguanta.

    J.Vilá.

  9. Sr.Foix: Muchas culturas consideraban los meses de invierno un tiempo perdido que no necesitaba ni tener nombre propio, ignoro cuantos inviernos nos quedan por disfrutar antes que el cambio climático nos lleve al trópico y la subida del nivel del mar nos inunde la Diagonal. Es una lastima que los políticos no se puedan podar, la poda de formación sería una buena solución para muchos de ellos…

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