La inevitable migración

Varios millares de migrantes hondureños se dirigen a Estados Unidos después de atravesar Guatemala y México. Donald Trump ha enviado miles de soldados a la frontera para impedir su entrada

La pobreza, la guerra y el calentamiento global desplazan a unos tres millones de migrantes cada año en el mundo. No ha sido frecuente que la acogida de forasteros haya tenido tanta hostilidad. Es más, su sola presencia enciende los debates políticos hasta el punto que quien más xenófobo se manifiesta más posibilidades tiene de ganar elecciones.

El Brexit es un caso emblemático, y la victoria de Donald Trump en el 2016 tenía como eje principal el rechazo al migrante que priva de trabajo y de oportunidades a los nativos. Angela Merkel empezó su declive político cuando en el 2016 acogió a un millón de migrantes con un discurso político que presentaba la necesidad de más población sobre­venida para corregir la curva demográfica de Alemania. Y también porque la inmigración genera un crecimiento de la economía.

La caravana de la invasión que salió de Honduras hace unas semanas, atravesó Guatemala y ha entrado en México ha sido calificada por Trump de ejército que pretende “asaltar nuestro país”. No son ni siquiera 8.000 y difícilmente podrán traspasar la frontera, porque Trump ha anunciado el envío de cinco mil soldados para impedirlo.

Trump dedica unos minutos diarios a tratar sobre el peligro invasor. Para reforzar esta idea de supremacía americana, que ya no se sostiene porque es un país forjado por masivas inmigraciones sucesivas desde hace dos siglos, Trump acaba de anunciar que piensa eliminar el derecho de ciudadanía americana a todos los que nacen en Estados Unidos. Tuvo la audacia de decir que es el único país del mundo en el que se aplica el ius soli. Es mentira. Hay más de cuarenta países que se rigen por esta norma jurídica sobre la nacionalidad. El martes próximo hay elecciones legislativas.

¿Qué sería el mundo sin las migraciones? ¿Qué pasaría en Catalunya si el 13% de la población sobrevenida en los úl­timos veinte años abandonara el país? Polonia, un país refractario a la inmi­gración, recibió en el 2017 unos 880.000 extranjeros. Pero 4.701.465 polacos emigraron a Europa y Estados Unidos. Más de 600.000 húngaros emigraron, mientras que los inmigrantes fueron 503.787. El Gobierno húngaro acaba de aprobar una ley que criminaliza ayudar a los que piden asilo o se encuentran en situación irregular. El Reino Unido recibió a casi nueve millones de inmigrantes, pero unos cinco millones emigraron.

España tiene un 12,75% de inmigrantes y un 2,88% que se ha expatriado. ¿Dónde está el problema? Los por­tugueses lo han entendido. Han abierto las puertas y ofrecen la nacionalidad a los sin papeles que lleven un año trabajando. Hoy son 10,5 millones y si no cambian de política demográfica en el 2080 serán 7,5 millones. Portugal ne­cesita 75.000 emigrantes al año. ¿Cómo se ­remediaría la despoblación rural en ­España? Ofreciendo a miles de inmi­grantes que habiten los pueblos semi­desiertos y ayuden a revitalizar sus enveje­cidas poblaciones. La política es también imaginación.

Publicado en La Vanguardia el 31 de octubre de 2018

1 comentario

  1 comment for “La inevitable migración

  1. dogbert
    02/11/2018 at 00:38

    No solo es inevitable, es deseable.
    Sumar, conocer, mezclar, acoger, crecer. Amar

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