El siempre vaticinado declive

La retirada militar norteamericana de Afganistán es un indicio del principio del largo declive de la primera potencia del mundo.

La reacción natural a la derrota de una gran potencia en tierras lejanas y ante enemigos pequeños es considerar que el gran gigante tiene los pies de barro. El siglo no ha empezado bien para las democracias liberales, que comprueban cómo los regímenes autoritarios, China y Rusia son los ejemplos más emblemáticos y más ­poderosos, pueden resolver mejor los problemas sin pasar por el engorro de los debates parlamentarios y por la incomodidad de la oposición, que tiene el cometido de controlar el poder. Sin libertad y sin rendir cuentas.

Hace un siglo una corriente de desengaño recorría ­Europa después de la más terrible de las guerras conocidas hasta entonces. Fue en aquel periodo de entreguerras cuando nacieron los dos totalitarismos que dejaron millones de cadáveres, holocaustos, gulags, persecuciones y la división del mundo bajo el control de las dos potencias que juntas ganaron a Hitler y exterminaron el nazismo de Alemania.

Hace también un siglo que el historiador y filósofo alemán Oswald Spengler escribió La decadencia de Occidente, en que predecía el declive de la civilización occidental y la llegada de sistemas cesaristas, no democráticos, que se encargarían de gobernar desde una autoridad centralizada e incuestionable.

Por aquellos años, un personaje mediocre pero ambicioso tejía una red arterial en el norte de Italia fundando el fascismo y perpetrando la marcha sobre Roma de 1922 que cambiaría el régimen italiano y causaría mucho sufrimiento y muertes, y negaría la pluralidad de un pueblo que no acepta las tiranías.

El libro de Antonio Scurati M. El hijo del siglo es una extensa recreación de las ­desgracias que Benito Mussolini infligió a los italianos y a los europeos. Cuántos ­movimientos, buenos y malos, han nacido de la imaginación, la audacia y la temeridad de mentes italianas. Un libro muy ­recomendable para apreciar que los tiempos pasados fueron igualmente calamitosos como los actuales y que, a pesar de las ­todas desgracias, los pueblos libres suelen ­encontrar salidas a los males que les ­afligen.

Los imperios no perduran indefinidamente, pero tanto su auge como su caída son procesos lentos, eufóricos en su ascenso y de una tranquilidad creativa y autosatisfactoria prodigiosa en su declive. Persia, Roma, España, Gran Bretaña, Austria, Rusia, el imperio otomano y la Francia de Luis XIV así lo confirman. Una de las tesis más extendidas es que los imperios empiezan a deslizarse por el precipicio cuando emprenden aventuras militares en el exterior sin capacidad ni recursos para ocupar tierras ajenas de forma indefinida y pacífica.

Desde la Roma imperial hasta la Unión Soviética, en todos los imperios, como recuerda Paul Kennedy en su extraordinario libro Auge y caída de las grandes potencias, el declive no se acelera desde ataques externos, sino desde la debilidad provocada por las luchas internas.

La debacle militar y política en Afganistán ha puesto en circulación las ideas sobre el principio del declive norteamericano, algunas procedentes de instituciones muy respetadas de Estados Unidos. Del declive de Europa se habló extensamente a lo largo del último siglo y es frecuente oír las desdichas que nos esperan a partir de ahora.

Es cierto que Estados Unidos y más aún Europa han dejado de ser potencias imprescindibles, pero su papel en la marcha del mundo sigue siendo primordial y necesario. Todo de­penderá del funcionamiento correcto de las instituciones internas con sus pesos y contrapesos.

Mao Zedong decía que los imperialistas norteamericanos eran tigres de papel. Unos años después, Jrus­chov daba golpes de zapato en las Naciones Unidas diciendo: “Os enterraremos”. En uno de sus grotescos berrinches a zapatazo limpio tenía la palabra el flemático primer ministro británico Harold Macmillan, que pidió al presidente de la Asamblea que si Jruschov seguía hablando con los zapatos, solicitara un traductor.

No sé si el declive norteamericano ha empezado como consecuencia de las guerras perdidas en Vietnam, Afganistán, Irak y otros sitios del planeta. En todo caso, la agonía será lenta porque, a pesar de todo, la capacidad de autocrítica y de corrección de los errores es muy superior en las democracias que en las dictaduras, por muy eficaces y prósperas que parezcan. Las crisis, en cualquier caso, son las compañeras de viaje inseparables de los sistemas libres.

Publicado en La Vanguardia el primero de septiembre de 2021

  7 comentarios por “El siempre vaticinado declive

  1. “Mision cumplida” dijo el guaperas total. Que mision?
    Hoy Jordi Juan editorializa que sin puigdemont res de res.
    Cada dia el nivel de la tontuna escala un nuevo hito hasta que logren la idiotez total.
    Falta poco.
    El Sr. Foix no cita Corea entre los hits norteamericanos.
    Al igual que la prensa deportiva habla de los porcentajes de sacrificio de los futbolistas en sus rebajas de sueldo, pero en ningun caso citan ningun importe. Sera para que no se interrumpa el camino hacia la idiotez total.

  2. Muy buen articulo. Puede ser debatible si hay cierto declive tecnologico de EEUU, la experiencia nos indica que EEUU suele ponerse las pilas cuando le pisan los talones con nuevas tecnologias disruptivas. El problema es que deben ser los ciudadanos si hay una democracia quien decida que pais les ayuda a su democratización, entre las opciones, EEUU democratizar a cambio de instalar multinacionales y sus redes clientelares, o la opción China, inversiones sin meterse en sus asuntos tribales-parecer ser que China propuso retomar el concepto del gasoducto TAPI e integrar aquel proyecto a sus proyectos internacionales. Los trabajos se iniciaron en diciembre de 2015 y Pakistán convenció a los talibanes para que apoyaran la construcción del gasoducto después de la ‎retirada de las tropas de Estados Unidos. A finales de julio de 2021, China recibió en Pekín una delegación ‎de los talibanes para confirmar que apoyarían el proyecto- La supremacia militar aun la tiene EEUU, solo falta citar su capacidad destructiva de dos monstruos de portaviones, mas otros dos en camino.

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