Anomalías, las justas

Sánchez y Puigdemont, por necesidad y por aprovechamiento, están tensando en exceso la política española.

Cuando la ironía y el sentido del humor desaparecen del debate político cabe esperar cualquier cosa. Pienso que es un buen momento para que nos tranquilicemos todos y que cada uno cumpla con su deber desde las instituciones, desde la calle o desde tierras lejanas. Pero sin mesianismos.

Me tranquiliza que la confrontación que se vive en España y que se ha vivido en Catalunya durante años se ha desarrollado sin violencia y respetando el derecho de cada cual a apoyar lo que quiera y discrepar de todo o casi todo. Nadie ha dicho que la democracia sea una balsa de aceite, antes al contrario, es un sistema que vive en permanente tensión superando las crisis que se presentan y entrando en la siguiente sin solución de continuidad.

La democracia no convive largo tiempo con la irracionalidad. En el enfrentamiento mediático y político que se vive en España hoy tiene que ver con la demagogia y con la ausencia de argumentos racionales en el debate público. Si falta racionalidad escasea también la altura de miras. Eric Hobsbawm hablaba del peligro del empeoramiento de la calidad intelectual de la retórica pública de los políticos democráticos.

Los medios tenemos nuestra responsabilidad si nos alineamos en cualquiera de las partes en la confrontación. Lo que no se debe aceptar es la anomalía. El sistema no prospera con casos singulares o especiales que rozan la ilegalidad.

Y la investidura de Pedro Sánchez tuvo mucho de anomalía. No tanto por la legitimidad de ser investido con la mayoría de diputados suficientes para ser presidente. Ni por la audacia en ir a buscar los imprescindibles votos de Puigdemont con un pacto, “partiendo desde posiciones diversas”, con la comedia de acudir a Ginebra para reunirse con un mediador extranjero sobre el llamado conflicto entre Catalunya y España.

Pero la democracia no es, simplemente, una cuestión de procedimiento, sino de ideas, de ideales y de compromiso con la moralidad. El punto flojo del argumentario de Pedro Sánchez es hacer de la necesidad virtud y correr a pactar con quien el día antes de las elecciones prometió que no habría nunca amnistía. Y la va a haber, al menos se va a probar una ley que borre los delitos juzgados de acuerdo con las leyes vigentes.

El político de hoy no se preocupa de los discursos sino de las finalidades. Se encuentra forzado a conciliar la inmoralidad de los métodos y la virtud de los objetivos, el mal y el bien, el egoísmo para alcanzar el poder y el falso idealismo para defender los procedimientos.

Sánchez sostiene que la amnistía a los inculpados en el procés ayudará a resolver el problema entre Catalunya y España y ello es suficiente para saltarse olímpicamente la palabra dada y pactar con quien se dijo que nunca se pactaría. Si esto fuera así valdría la pena correr el riesgo de incurrir en una anomalía.

Otra razón es que la alternativa era un gobierno de derechas con la extrema derecha de Vox como muleta necesaria. El miedo a esta posibilidad movilizó el voto de indecisos e hizo posible que la coalición entre Feijóo y Abascal quedara a seis escaños de una mayoría suficiente para gobernar. La legislatura nace con toda legitimidad pero el gobierno es más débil de lo que en Moncloa se puede pensar.

El PP de Feijóo puede manifestarse día sí y día también, por tierra, mar y aire, pero no es la forma más racional para alcanzar el poder cuando se den las circunstancias electorales. Los comicios de este año próximo medirán la temperatura de esta confrontación que levanta muros y no se preocupa de tender puentes.

El político que se cree imprescindible no admite críticas. La verdad es solo aquello que le conviene. El poder causa vértigo, oscurece la mirada, sobre todo porque llegar a la cima es una gesta insólita y el que la alcanza se embebe del sentimiento de una superioridad desde la cual todo le parece permitido.

El premio Nobel de Economía, Amartya Sen, tiene escrito que la “democracia, utilizando la frase conocida de Millian, es el gobierno de la discusión y el debate en el que el voto es solo una parte de una realidad mucho más amplia”.

No pido cordialidad ni renuncia a políticas o ideales. Solo pido un poco de tranquilidad y de ánimo sereno para poder debatir racionalmente los problemas que nos afectan a todos.

  8 comentarios por “Anomalías, las justas

  1. Ucrania y Rusia, Israel y los Arabes. EL SENTIDO COMUN. El negocio de la guerra. La posible tercera guerra mundial.

    • La guerra, ISRAEL LA RAZON, Y EL SENTIDO COMUN. NORTE AMERICA HACE EL RIDICULO, CON TANTOS BOMBARDEOS Y TANTOS MUERTOS.

  2. Amb una dreta sensa programa i només cridan als carrers,no crec que es pugui crear un diàleg tranquil i positiu.

  3. CONFLICTE I MEDIACIÓ.

    1. Hi ha un conflicte entre Espanya i Catalunya. Hi ha un conflicte evident de caràcter nacional i de sobirania avui i des de fa segles entre ambdues nacions.

    2. Optar per un bon i experimentat mediador estranger o internacional i reunir-se a Ginebra és una decisió raonable i pacificadora. No es cap anomalia ni fer comèdia.

    3. El que és un drama, molt més que un comédia, es la manca de democracia. Uns estan lligats al franquisme, i altres practiquen o justifiquen actuacions com la guerra bruta del GAL i les clavegueres de l’estat.

  4. Un plaer llegir un tros de la terra, tant a prop de la terra i del tros.

  5. Muchos domingos el Sr. Foix nos regala columnas de su Rocafort y alrededores, de sus gentes, de sus collitas y sus sequedades. Hoy domingo la cosa no va por ahi y ataca de frente el estado de la situacion, comedias helveticas incluidas.
    Entiendo que es una columna que solo podremos leer aqui y no aparece en ningun medio. Una lastima.
    Les recomiendo «En busca de consuelo -Vivir con esperanza en tiempos oscuros-» de Michael Ignatieff
    Feliz semana.

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