En Davos se produjo el primer choque dialéctico entre Trump y el más valiente de los aliados. Fue el primer ministro canadiense, Mark Carney, exgobernador del Banco de Inglaterra y del Banco de Canadá, el que en diez minutos de discurso rebatió con argumentos muy fundamentados las políticas de dominio global de Donald Trump.
Echó mano de Tucídides y de Václav Havel para hilvanar un relato que supone un punto de inflexión en las tensas relaciones del presidente norteamericano con los que han sido aliados durante más de ochenta años. No fue una adulación como la de Mark Rutte o la de prácticamente todos los líderes europeos que han querido lisonjear a Trump para que no cumpliera sus amenazas rupturistas. Fue un reto dialéctico y político en un discurso breve y bien elaborado.
Mencionó el célebre ensayo de Václav Havel El poder de los sin poder, escrito por el encarcelado disidente checoslovaco que llegó a ser presidente y que combatió la dictadura comunista desde sus cartas y poemas escritos en la cárcel. Cuántas sacudidas de la historia se han gestado en presidios. Se me ocurren nombres como Gramsci, Solzhenitsin, Lenin, Mandela, Rosa Luxemburgo, Gandhi, Ho Chi Minh…
El discurso de Carney habla de que “el poder de los que no son los más poderosos comienza con la honestidad”. Sigue su relato diciendo que no se puede vivir dentro de la mentira aunque sea beneficiosa para los que la comparten.
Las potencias intermedias han de actuar juntas porque “si no estás en la mesa, estás en el menú”. Trump, Putin y Xi Jinping tienen mucho poder. Pero las sociedades que viven en libertad han de construir un nuevo orden que incorpore los valores del respeto a los derechos humanos, el desarrollo sostenible, la solidaridad, la soberanía y la integridad territorial.
A Trump y a todos los autoritarios poderosos se los puede combatir con la capacidad de dejar de fingir, de no recurrir a la mentira, de hablar de cosas reales, de construir nuestra fortaleza nacional y actuar juntos. Estos son los valores occidentales y no el poder de la fuerza, el dinero y la demagogia. Si Trump desprecia a los aliados, sufriremos todos, también él, pero el nuevo orden mundial no puede ser inhumano, sino respetuoso con los demás, por pequeños que sean, y también de los más frágiles.
Publicado en La Vanguardia el 29 de enero de 2026




