Cuatro años de una guerra europea

Una mujer pasa junto a un memorial de víctimas de la invasión rusa en Irpin, cerca de Kyiv. La invasión de Putin empezó hace cuatro años. (Foto: Alina Smutko / Reuters)

 

Hace cuatro años que los ejércitos de Putin cruzaban la frontera con Ucrania para “desmilitarizar y desnazificar” el régimen presidido por Zelenski, de origen judío, y convertir el Gobierno de Kyiv en un satélite del Kremlin como lo había sido desde el siglo XVII, con breves intervalos, hasta su independencia al desintegrarse la URSS en 1991.

Empezaba una guerra convencional, con soldados, blindados, artillería y aviación, que se encuentra ahora estancada a merced de la industria de los drones, que matan y destruyen al adversario sin necesidad de arriesgar la vida de los atacantes. La estrategia militar ha cambiado.

Pero la guerra de Ucrania ha sido el conflicto más mortífero en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. El número de víctimas se estima en cientos de miles y habrá que esperar un cierto tiempo hasta obtener una aproximación ajustada sobre la magnitud de la tragedia en términos humanos, materiales y de ruptura política entre dos países con raíces históricas comunes.

Sea cual fuere el desenlace de esta guerra en el corazón de Europa, Putin no la habrá ganado. Y si llegara el momento de una rendición o un armisticio aceptados por el Kremlin, la figura del presidente Zelenski sobresaldría como la del héroe que ha resistido cuatro años una invasión que no era necesaria ni justificada.

Tuve ocasión de pasar tres largos días en Donetsk, la capital del Donbass, acompañando al equipo de Joaquim Maria Puyal que retransmitía el encuentro del Barça en abril del 2011, en el partido de Champions en el que Leo Messi marcó el único gol.

Había leído la gran obra Vida y destino, de Vasili Grossman, traducida del ruso por Marta Rebón, colega en estas páginas, y recorrí parte del itinerario que Grossman, corresponsal del periódico del Ejército Rojo, transitó cubriendo la liberación del Donbass que había sido ocupado y machacado por los nazis. Su propia madre murió asesinada por el ejército de Hitler en la ciudad de Berdíchiv, relativamente cerca de Kyiv, donde había una gran concentración de ciudadanos judíos. Veinte años después de aquella barbarie, Grossman escribió una carta a su madre muerta, un monólogo íntimo, una conversación imposible, que llevó encima hasta el final de sus días. El KGB le confiscó el original de Vida y destino que se publicó póstumamente.

Ucrania ha sido una nación castigada severamente por los nazis y por la URSS. En los años treinta, Stalin forzó la colectivización de la agricultura provocando una hambruna, el Holodomor, que causó millones de muertos ucranianos. En la ocupación nazi de 1941 tuvo lugar la matanza de Babi Yar, un barranco cerca de Kyiv, donde más de 33.000 judíos fueron asesinados en dos días.

Desde el Este o desde el Oeste, Ucrania y Polonia han sufrido los zarpazos militares y políticos que han amenazado muy seriamente su misma existencia como naciones con culturas y lenguas propias.

No es igual contemplar o simpatizar con los ucranianos con los que Xavier Mas de Xaxàs ha convivido estos días con las carencias de luz, energía, alimentos y calefacción, que ponerse en la piel de una nación que ha resistido la invasión injustificada de un Putin que, desde su acceso al poder en el año 2000, ha dado muestras de querer recomponer el imperio que se desmanteló en 1991.

Ucrania resiste exhausta a los ataques diarios de Rusia. Donald Trump ha detenido parte de la ayuda militar y pretende parar la guerra pero sus relaciones con Putin son más sólidas que las que ha mantenido con Zelenski. Europa hace discursos y envía millones de euros. Los dirigentes de Polonia, Alemania, Reino Unido, Francia, España y también Italia son conscientes de que el conflicto es europeo. Zelenski declaró el lunes a la BBC que Putin ha empezado la tercera guerra mundial y hay que frenarlo militarmente.

Cualquier analista objetivo se da cuenta de que la ofensiva contra Ucrania pretende también la destrucción de Europa tal como está configurada. En un mundo en el que las derivas autoritarias avanzan en todas partes, Europa es un estorbo y la UE puede desintegrarse si no reacciona ante el peligro que tiene enfrente.

Publicado en La Vanguardia el 25 de febrero de 2026

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