
Las declaraciones de Ursula von der Leyen sobre las relaciones de Europa con Trump no representan el sentir de una mayoría de europeos
La presidenta Ursula von der Leyen dijo ante los embajadores en la Unión Europea que Europa no puede ser guardiana del antiguo orden mundial y que las reglas han cambiado. No dijo cuáles son los nuevos parámetros sino que se postuló del lado de Israel y Estados Unidos en el conflicto abierto en Oriente Medio.
No se debe llorar por el régimen iraní, dijo la presidenta de la Comisión en una declaración muy dura contra Teherán. Europa tiene que tomar la senda del pragmatismo, dijo Von der Leyen. Es sorprendente que Europa se pliegue a los caprichos de Donald Trump que cambia de criterio y posición cuando alguien le planta cara o bien cuando un país muestra su discrepancia y deja de adularle.
Europa no tiene la fuerza, ni la unidad ni el poderío militar de Estados Unidos. De hecho, la seguridad y defensa europeas fueron entregadas a Washington desde el fin de la II Guerra Mundial. El presidente Donald Trump acusa a Europa de haberse beneficiado de Estados Unidos al no participar adecuadamente en los presupuestos de defensa de la OTAN.
Lo que no dice Trump es cómo Washington pudo combatir a la Unión Soviética gracias a las muchas bases norteamericanas en territorio europeo, los sistemas de propaganda y el control remoto de las instituciones financieras y económicas occidentales. Cuando cayó el muro de Berlín había un millón de soldados norteamericanos solamente en Alemania.
Trump no quiere valorar que la hegemonía americana en la segunda mitad del siglo pasado hasta hoy se debe también a las complicidades entre las democracias occidentales. Estas son las viejas reglas que pienso que hay que preservar con las correcciones que se consideren oportunas en el futuro.
Europa no tiene un pasado para enorgullecerse. Ha sido la incubadora de dos guerras mundiales y ha creado las dos tiranías más devastadoras del siglo XX. Los campos de exterminio nazis y los gulags de Stalin son productos que nacieron en la Europa ilustrada y avanzada.
Por estas y muchas otras razones no puede caer en un servilismo innecesario a un presidente Trump que no representa los valores de la democracia americana sino los caprichos de una persona que ignora la historia y actúa como si el mundo dependiera de sus ocurrencias.
Europa tiene muchas imperfecciones y problemas internos y externos. Pero si ha sobrevivido a dos sistemas autoritarios, puede superar las contradicciones de un presidente americano que está empeñado en romper las reglas de juego. Ursula von der Leyen no está autorizada a seguir los mandatos de Trump.




Buenas noches,
Comparto en líneas generales lo que dice en el artículo.
Dejo por aquí el último que escribí sobre Irán en el que aparece también una probable explicación a la actitud de los líderes europeos sobre este conflicto:
Las implicaciones regionales e internacionales de la Guerra de Irán – por Francesc Sánchez
https://www.elinconformistadigital.com/2026/03/08/las-implicaciones-regionales-e-internacionales-de-la-guerra-de-iran-por-francesc-sanchez/
Un saludo,
Y muchas gracias
En plena Cuaresma el Doctor Omella se ha presentado en el Circulo Ecuestre en una especie de coloquio con el cansino de Badalona.
Aixis no anem be Senyor Cardenal.
Els iranis no son arabs, son persas. La ursulina esta fent la bimba als arabs i al marit de la Melania.
Tot esta molt mogut i ja no val la memoria de les dues grans guerras. Son uns temps nous, diferents i prou tristos. I va per llarg.
Reducir la estrategia de Estados Unidos a los “caprichos” de Donald Trump simplifica un problema mucho más estructural.
La relación transatlántica se ha construido durante décadas sobre una profunda interdependencia militar, económica y política que no depende solo del carácter de un presidente.
Del mismo modo, presentar a Ursula von der Leyen como alguien que simplemente obedece a Washington ignora las limitaciones reales de poder que tiene Europa. La crítica moral puede resultar atractiva, pero no sustituye un análisis de correlaciones de fuerza. Si Europa sigue bajo el paraguas estratégico estadounidense no es únicamente por servilismo, sino también por falta de capacidad propia.
Quizá el problema no sea la obediencia, sino la debilidad estructural europea, difícil de corregir mientras la Unión Europea siga generando una burocracia y una hiperregulación que complican la vida de sus ciudadanos y alimentan el descrédito del proyecto europeo.