El ocaso de Putin

El futuro de Europa se libra en Ucrania. Y el de Putin, también.

No sabemos qué ocurre en el interior del Kremlin, con un presidente Putin aislado y políticamente débil por estar perdiendo una guerra que pensaba ganar en una semana y lleva más de cuatro años con sus ejércitos empantanados en el frente y con cientos de miles de soldados rusos muertos.

Stalin se hizo más duro y cruel tras derrotar a Hitler en el frente del Este, pero Brézhnev dejó de ser omnipotente al fracasar en su invasión de Afganistán en las Navidades de 1979. La dictadura argentina se desplomó a los pocos meses de la derrota en las Malvinas, en 1982, por la expedición enviada por Thatcher desde el Reino Unido.

Las informaciones que llegan de Moscú indican que la guerra de Ucrania ha debilitado al hombre que ha gobernado Rusia con puño de hierro desde el año 2000. Más de un cuarto de siglo controlando Rusia a través del FSB, el servicio de inteligencia y seguridad interior. Yeltsin entregó los despojos de la Unión Soviética a los oligarcas, que acumularon fortunas al privatizar las grandes compañías del Estado. Putin se parapetó en la eficacia policial de los servicios de inteligencia que él conoce muy bien desde su juventud.

Los años de Gorbachov fueron un soplo de libertades, que las desfiguró un Boris Yeltsin discapacitado para gobernar un gran país que había enterrado el llamado imperio soviético, que venía de la antigua dinastía de los Románov.

Lo más probable en aquel febrero del 2022 era que Ucrania volvería a depender del Kremlin en el proceso de recomposición territorial de la vieja Rusia. La anexión de Crimea en el 2014 fue el primer paso para ocupar tierras que fueron soviéticas.

Estos cuatro años de resistencia ucraniana han demostrado la fragilidad militar de los ejércitos de Putin y la valentía y voluntad de un pueblo que no quiere depender de los designios impredecibles de Moscú. Europa le debe mucho a Ucrania y a Volodímir Zelenski, que ha conseguido frenar a un autócrata cuyas pretensiones no se detenían en Kyiv sino, cuando menos, eran recuperar las fronteras del que fue el Pacto de Varsovia.

El futuro de Europa se libra en Ucrania. Y el de Putin, también.

Publicado en La Vanguardia el 14 de mayo de 2026

 

  4 comentarios por “El ocaso de Putin

  1. # El error del idealismo europeo: por qué España necesita una salida negociada en Ucrania

    El análisis de Lluís Foix reproduce uno de los principales errores de buena parte de la política exterior europea desde 2022: confundir los deseos políticos con la realidad estratégica. Al presentar la guerra de Ucrania como el principio del fin de Vladímir Putin y comparar la situación rusa con episodios históricos como Afganistán o las Malvinas, Foix proyecta sobre el conflicto una lógica lineal que no necesariamente se corresponde con la evolución real del poder ruso ni con los intereses de España.

    Desde una lógica de Estado, la prioridad debería ser siempre la defensa de la estabilidad, la prosperidad y la seguridad de España. Y desde esa perspectiva, la prolongación indefinida de una guerra de desgaste en el este de Europa plantea costes crecientes para nuestro país mientras las posibilidades de una solución militar definitiva parecen cada vez más lejanas.

    ## 1. El mito del colapso inminente de Putin

    La idea de que el Kremlin se encuentra cerca de un derrumbe político interno sigue siendo, a día de hoy, una hipótesis más que una realidad demostrada. Pese a las sanciones occidentales, Rusia ha mantenido capacidad de adaptación económica gracias a sus relaciones comerciales con China, India y buena parte del denominado Sur Global. Al mismo tiempo, Moscú ha reconvertido parte de su aparato industrial hacia una economía de guerra orientada al desgaste prolongado.

    Nada de esto significa que Rusia esté “ganando” claramente el conflicto ni que su situación sea cómoda. Pero sí sugiere que esperar un colapso automático del régimen mientras el frente permanece estabilizado puede responder más a un deseo político occidental que a un análisis frío de las capacidades reales del Kremlin.

    ## 2. Una guerra cada vez más costosa para Europa y para España

    Foix afirma que “Europa le debe mucho a Ucrania”, pero apenas aborda el coste económico, energético y presupuestario que la prolongación del conflicto está suponiendo para las sociedades europeas.

    La Unión Europea ha comprometido cientos de miles de millones de euros en asistencia financiera, militar y logística a Kyiv. Aunque parte de ese esfuerzo responde a consideraciones estratégicas legítimas, también es evidente que el conflicto ha agravado tensiones económicas ya existentes en Europa:

    * presión sobre los precios energéticos,
    * encarecimiento de fertilizantes y carburantes,
    * mayores costes industriales,
    * aumento del gasto público,
    * y un contexto de bajo crecimiento económico en buena parte de la Eurozona.

    España no es ajena a estas consecuencias. Sectores como el agrícola, el transporte o determinadas industrias intensivas en energía han soportado durante años un escenario de elevada incertidumbre y pérdida de competitividad.

    Plantear una salida negociada no implica asumir las posiciones del Kremlin ni justificar la invasión rusa. Implica reconocer que una guerra prolongada también genera costes acumulativos para las economías y las sociedades europeas.

    ## 3. El verdadero desafío estratégico español: el Flanco Sur

    El principal problema de la actual estrategia europea es que ha desplazado gran parte de los recursos políticos, militares y diplomáticos hacia el este, mientras el Mediterráneo occidental y el norte de África continúan acumulando riesgos directos para España.

    Para nuestro país, el Flanco Sur no es una cuestión secundaria, sino una prioridad estratégica permanente:

    * la presión migratoria irregular sobre Canarias y el Mediterráneo,
    * la actividad de mafias de tráfico de personas,
    * la creciente inestabilidad del Sahel,
    * las tensiones entre Marruecos y Argelia,
    * la seguridad de Ceuta, Melilla y las aguas canarias,
    * y la dependencia energética del norte de África.

    Sin embargo, buena parte del esfuerzo político y presupuestario europeo permanece concentrado casi exclusivamente en Ucrania. El resultado es una percepción creciente de desequilibrio entre las prioridades estratégicas de Bruselas y las necesidades reales de los países del sur de Europa.

    ## 4. La necesidad de una salida negociada

    En este contexto, las propuestas orientadas a una congelación del conflicto y a una negociación de largo plazo —como las defendidas en distintos momentos por Donald Trump y otros sectores partidarios del realismo estratégico— merecen al menos ser discutidas seriamente, en lugar de ser descartadas automáticamente como una cesión moral.

    Una solución negociada probablemente exigiría concesiones dolorosas por ambas partes y difícilmente satisfaría plenamente ni a Moscú ni a Kyiv. Pero también podría reducir significativamente:

    * el riesgo de escalada entre potencias nucleares,
    * el desgaste económico europeo,
    * la presión presupuestaria sobre los Estados miembros,
    * y la dependencia estructural de una guerra sin horizonte claro de resolución.

    Desde la perspectiva española, una desescalada permitiría además reorientar más recursos diplomáticos, económicos y de seguridad hacia áreas que afectan de forma mucho más inmediata a nuestros intereses nacionales.

    ## Conclusión

    La responsabilidad de un dirigente europeo —y también de un analista— no debería consistir únicamente en sostener relatos morales sobre héroes y villanos, sino en evaluar con frialdad qué escenario sirve mejor a la estabilidad y a los intereses de sus ciudadanos.

    Defender una salida negociada para Ucrania no significa abandonar a Europa ni legitimar la invasión rusa. Significa reconocer que las guerras prolongadas tienen costes humanos, económicos y estratégicos que también pagan las sociedades europeas.

    España necesita una política exterior guiada ante todo por sus propios intereses nacionales, por la estabilidad del Mediterráneo y por la protección de sus fronteras y de su economía. Y eso exige más realismo estratégico y menos voluntarismo ideológico.

    • Desde todo mi respeto, lamento no coincider en muchas de las opticas de su escrito.

  2. Un poco antirruso tus crónicas son de la época de la guerra fría los tiempos han cambiado no veo en tus columnas algo positivo sobre Rusia en esta Europa en decadencia quedas bien.

  3. Con una Gran Europa, Rusia incluida, ganariamos tranquilidad, seguridad y nos ahorrariamos un pastizal.
    El eje USA-China, se hace cada vez mas evidente.
    Estamos en un punto que puede ser una refundacion historica, si nos dejamos de prejuicios, batallitas e historietas.
    Para esto hace falta un liderazgo de luces largas. Generoso, inteligente y listo.

    Y disculpeme Sr. Foix si le digo que el titular de esta su columna me parece horripilante.

Comentarios cerrados.