Ceuta, operación urdida por Marruecos

La ciudad autónoma de Ceuta está en el centro geoestratégico en la entrada occidental del Mediterráneo desde el Atlántico.

La nueva Europa será el resultado de la capacidad de integración entre los que estamos y los que vengan, ya sea del Este, del Sur o de Oriente. El “otro” ha llegado y tendremos que convivir civilizadamente con él. A juzgar por los resultados electorales recientes y por las encuestas sobre las próximas elecciones, en toda Europa se abre un periodo de azul conservador, con una capa espesa de negro ultraconservador que en un año se puede alterar el mapa político europeo.
La derecha y la derecha extrema pueden dominar conjuntamente Europa. Seguiría la tendencia que ha implantado Donald Trump y su movimiento MAGA en Estados Unidos. El lema es fuerza, dinero y confrontación contra los que piensan diferentes. Las guerras más devastadoras son las internas.
Las democracias liberales han quedado sepultadas por las tendencias xenófobas, egoístas y populistas.
El trasiego masivo de personas intentando establecerse lejos de su tierra indica un drama colectivo que altera el equilibrio interno y externo. Nadie huye para hacer turismo. El siglo pasado conoció las más horribles deportaciones, desplazamientos y huidas de la historia. Cientos de miles de griegos fueron expulsados de lo que sería la Turquía de hoy. Los turcos empujarían a los armenios hacia el norte hasta perpetrar el genocidio.
Una de las técnicas de Stalin fue la de desplazar pueblos enteros hacia otros puntos de la vasta Unión Soviética. Los ucranianos tienen una amarga experiencia y los tártaros de Crimea fueron desplazados masivamente a Asia Central. Para asegurar la fidelidad de las repúblicas bálticas a Moscú se envió a cientos de miles de rusos para ahogar la identidad de letones, estonios y lituanos.
La emigración más masiva fueron los millones de musulmanes que se trasladaron a Pakistán, que fue un Estado creado con criterios religiosos cuando Gran Bretaña decidió otorgar la independencia a India en 1947. No todos los musulmanes abandonaron India. Se da la paradoja de que hoy mismo hay más musulmanes en India que en Pakistán.
La creación del Estado de Israel fue precedida de una llegada masiva de judíos que huían de las persecuciones del nazismo en Europa. Pero su llegada a Palestina supuso también el trasiego y expulsión de miles de árabes que ocupaban las tierras que hoy forman Israel. Los que quedaron atrapados en los territorios ocupados tras la guerra de 1967 malviven en tierras que fueron suyas.
La señal más clara de la caída de las fronteras ideológicas y militares en Europa Central fue la huida masiva de alemanes a través de las embajadas de Checoslovaquia y Hungría y, más tarde, con la destrucción de los muros en Berlín y en las fronteras orientales.
Las causas de las migraciones y huidas son múltiples. Pueden responder a decisiones políticas, a persecuciones, a hambrunas o a intenciones para borrar la identidad de pueblos enteros.
Europa se encuentra ante la entrada masiva de inmigrantes en proporciones desmesuradas. En la ribera sur del Mediterráneo hay un millón que esperan dar el salto al norte aunque se jueguen la vida en el empeño. Es moralmente repugnante lo que ocurre a diario en alta mar. No hay soluciones rápidas ni sencillas. Pero es hora de poner fin a la retórica de los discursos y detener tantas muertes inútiles.
La llegada de 80.000 personas que irrumpieron en Ceuta ahora hace un mes no es solo un movimiento migratorio sino un movimiento de piezas geoestratégicas que pueden costarle muy caras al gobierno Sánchez y, en cualquier caso, indican el camino que puede adoptar Marruecos para apoderarse de las dos ciudades autónomas españolas. Otra vez un conflicto a la otra orilla mediterránea.
Lo que ha ocurrido en Ceuta es de una gravedad extrema. No solo por lo que significa en sí sino por haber abierto una crisis interna en España, en sus relaciones con Europa y, encima, por la comprensión hacia Marruecos que es quien ha alentado o permitido lo que no ha sido otra cosa que una invasión civil que no se puede detener con tanques, soldados o drones.
El asalto de 80.000 personas a Ceuta será pólvora electoral para los partidos xenófobos a los que les une un rechazo absoluto al extranjero. Aunque desempeñe los trabajos que los de aquí no queremos hacer. Los necesitamos, pero no los queremos.

 

 

  4 comentarios por “Ceuta, operación urdida por Marruecos

  1. La integración exige respeto a la legalidad, a la identidad y a los códigos compartidos del Estado receptor. Quien rechaza ese contrato social difícilmente puede pretender incorporarse a la comunidad que lo sustenta.

    Frente a la parálisis de las élites, reclamar orden, certidumbre, control fronterizo y prioridad del empleo nacional no es necesariamente un repliegue ideológico, sino una cuestión elemental de realismo político. El verdadero humanismo tampoco consiste en el descontrol, sino en afrontar las causas de la migración, cooperar eficazmente con los países de origen y garantizar una política fronteriza responsable. No en vano, el propio papa León XIV, ante el Congreso de los Diputados, reclamó una respuesta que afronte esas causas y vaya más allá de la mera gestión de los flujos migratorios.

    Desde esta perspectiva, los episodios de Ceuta y Melilla deben contemplarse también como instrumentos de presión geopolítica y no únicamente como fenómenos migratorios espontáneos. La integridad territorial no admite eufemismos: España tiene el deber de proteger eficazmente sus fronteras y de emplear, dentro del Estado de derecho, todos los medios legítimos a su alcance para garantizar su defensa.

  2. La inmigración, cuando está bien organizada, regulada e integrada, puede ser muy positiva para todos. Europa necesita inmigrantes para cubrir puestos de trabajo, mantener determinadas actividades económicas y hacer frente al envejecimiento de su población. Al mismo tiempo, los inmigrantes pueden encontrar en Europa oportunidades que no tienen en sus países de origen. El problema no es, por tanto, la inmigración en sí misma, sino la inmigración descontrolada, que puede superar la capacidad de acogida de los países y generar tensiones sociales y políticas.
    La reciente crisis de Ceuta demuestra hasta qué punto la inmigración puede convertirse también en un problema geopolítico.
    Y aquí aparece una segunda cuestión: la reivindicación marroquí de Ceuta y Melilla. España considera que ambas ciudades forman parte inseparable de su territorio y rechaza negociar su soberanía; Marruecos, por su parte, mantiene una reivindicación histórica sobre ellas.
    Ante una cuestión territorial de tanta importancia, una solución verdaderamente democrática sería escuchar directamente a los habitantes de Ceuta y Melilla. Podría organizarse un referéndum, bien mediante una consulta conjunta o mediante dos consultas separadas, en las que los ciudadanos pudieran decidir libremente si desean continuar formando parte de España o pasar a formar parte de Marruecos.

    • Me parece una buena idea, si tanto España como Marruecos están dispuestos a aceptar el resultado del referéndum.
      Viví en Ceuta durante un año entero haciendo el Servicio Militar y puedo asegurarle que allí conviven sin mayores probemas cristianos, musulmanes, judíos e hindúes (aparte de una notable guarnición militar, por supuesto).
      Se les puede preguntar a los ceutíes (o «caballas», como se llaman a sí mismos) si quieren ser marroquíes o españoles, pero apuesto lo que quiera a que ganaría que no quieren saber nada de Marruecos.
      Por cierto, uan curiosidad que nadie ha destacado: en la bandera de Ceuta aparece el escudo de Portugal, porque antes de ser española, fue portuguesa. Lo que nunca ha sido es marroquí.

  3. La meva opinió és que Espanya no ha de fer res a Àfrica; que s’ho quedi el Marroc. Tampoc no ha de fer res a Catalunya. És evident que respecta Catalunya vol aniquilar la nostra llengua, els nostres costums i les nostres tradicions.

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