
El distanciamiento entre gobernantes y gobernados se hace mayor cuando los problemas esenciales se estancan y no se resuelven. Manifestación en favor de una política de vivienda en Madrid.
Cuando los partidos se alejan de sus votantes, los votantes eligen otros partidos. Los votos no son propiedad de nadie y los electores acuden a las urnas pensando en sus ideas, pero principalmente siguiendo sus sensibilidades sociales y sus intereses.
Las numerosas tertulias políticas son más un entretenimiento que la aportación de reflexiones contrapuestas y razonadas. Se ha banalizado el debate público.
El movimiento de los votos que dan o quitan mayorías de gobierno es cambiante. El lío que hay montado en la izquierda de Sánchez no augura buenos resultados, como indican las encuestas. Y si el PSOE pesca en las aguas revueltas a su izquierda y abandona su identidad socialdemócrata, puede perder el centro de gravedad y pasar a la oposición.
Los partidos socialistas de Grecia, Francia, Alemania, Italia, Austria y otros han perdido relevancia y ya no son alternativa de gobierno.
Hace poco más de un siglo el Partido Liberal británico se turnaba en el poder con los conservadores. Aquel binomio victoriano Gladstone-Disraeli se lo llevó por delante la revolución industrial y la crisis de 1929. Los liberales fueron sustituidos por los laboristas.
El Partido Popular de Núñez Feijóo se encuentra ante el dilema de moderarse para atraer al centro sociológico o endurecer su discurso para frenar la fuga de votos hacia Vox.
Los dos grandes partidos están condicionados por los extremos. En los dos casos, socialistas y populares han abandonado sus respectivos discursos que los identificaban con sus electorados y han dejado de escuchar los malestares desatendidos como la vivienda o el coste de la vida.
La incógnita respecto a las elecciones del 29-N es si la fórmula de coalición que ha pergeñado a trancas y barrancas Pedro Sánchez será suficiente para formar una mayoría de investidura.
Las encuestas indican, Tezanos al margen, que la suma de PP y Vox daría una mayoría de investidura y de legislatura suficiente para abrir un nuevo ciclo. El canciller Adenauer decía que hay enemigos, enemigos mortales y compañeros de partido. Siempre ha sido así. El votante no militante puede llegar a comprender los rifirrafes en los partidos, pero se inclinará a dar su voto a los que resuelvan sus problemas más inmediatos.
Publicado en La Vanguardia el 15 de octubre de 2026



