
Violencia y pillaje en las calles de Barcelona el sábado 24 de octubre. No se sabe quién está detrás, quién ha diseñado estos ataques utilizando las entrañas de Internet. Poder desde el anonimato.
La sociedad más informada de la historia con frecuencia no sabe lo que ocurre, a pesar del alud de noticias que están al alcance de todo el mundo a todas horas. Algunas calles de Barcelona fueron saqueadas el sábado por centenares de jóvenes encapuchados que se dieron cita utilizando las entrañas de internet. Ninguna autoridad responsable sabe quiénes fueron los que organizaron los actos violentos, el pillaje y los enfrentamientos con la policía. Puede repetirse este próximo sábado.
Situaciones semejantes han ocurrido en A Coruña y en Bilbao. El fenómeno fue de una gran virulencia en París, Marsella, Lyon, Bruselas, Milán, Turín, Tirana y otras grandes ciudades europeas. Vivimos tiempos de emociones fuertes y de frustraciones en una parte de la juventud que ha perdido la esperanza en un futuro mínimamente digno.
Tanta información disponible no permite saber quién o quiénes pueden estar alentando estos hechos delictivos, que no tienen nada que ver con la libertad de manifestarse y protestar contra los gobiernos locales o nacionales. El coste de la vida, la corrupción política o la inmigración pueden ser causas de la violencia, el saqueo y el pillaje en las calles de las grandes ciudades.
Nadie sabe si el fenómeno, que forma parte del rostro de nuestro tiempo, está organizado por países extranjeros o incluso por multimillonarios que quieran alterar o destruir nuestro sistema de vida. Sabemos las causas, pero ni conocemos las cabezas visibles que impulsan protestas que derivan en destrucción, incendio y robos. Tenemos, eso sí, teléfonos inteligentes, cámaras, satélites, inteligencia artificial y una capacidad de comunicarnos sin precedentes. Pero no sabemos qué pasa.
El filósofo alemán Peter Sloterdijk habla de la tendencia de crear productos emocionales provocando psicosis colectivas en vez de promover análisis sobre hechos comprobados. La información circula a una velocidad superior a la capacidad de verificarla. Por las redes pasan noticias, bulos, convocatorias, mentiras, odios y amores sin que la policía y los gobiernos tengan capacidad para detectarlo. Los dueños de las plataformas digitales tienen mucho poder y poca responsabilidad. Pueden destruir o enaltecer a cualquiera.
Publicado en La Vanguardia el 29 de octubre de 2026



