Honrar bien a los genios

Ya era hora de que el Barça rindiera homenaje a jugadores emblemáticos como Lewandowski.

Robert Lewandowski vivió con gloria su último partido en el Spotify Camp Nou. Lágrimas, ovación, manteo, pasillo y celebración con la familia saludando a un público entregado. El polaco se despidió con 119 goles a sus espaldas y tres Ligas en los cuatro años que ha militado en el Barça de Xavi y de Hansi Flick.

La piña de jugadores que le auparon ante un estadio pletórico es un mérito de todos, especialmente de Flick, que ha sabido crear un ambiente de cordialidad en un vestuario intergeneracional y competitivo.

Ya era hora de que el Barça rindiera homenaje a jugadores emblemáticos. Los entrenadores, casi siempre salen por ceses fulminantes tras resultados adversos. Pero es oportuno recordar que Messi, el mejor de la historia del fútbol, tuvo una despedida traumática. Se fue enfadado porque Laporta le engañó y así lo expresó en una rueda de prensa emocional, con lágrimas incluidas, camino del PSG.

La salida como jugador de Johan Cruyff en 1978 no fue ceremoniosa y como entrenador tampoco fue amistosa. En los años 90 había ganado cuatro Ligas y la primera Champions. Al final, ha sido elevado a los altares con el mini estadio llevando su nombre, homenajes y un legado filosófico que quien no lo comparta puede ser acusado de cismático. La marcha de Ronaldinho fue fría. Y la de Eto’o, también. Los dos se pelearon dialécticamente en 2008 y el camerunés saltó.

Kubala se fue en 1962 por una mezcla de edad, desgaste físico y mala relación con la Junta de Llaudet. Se fue al Espanyol. Queda una estatua en el Spotify Camp Nou en recuerdo de su contribución a la primera modernización del fútbol barcelonista. La merecida despedida de Lewandowski debería ser lo normal.

Publicado en Mundo Deportivo el 19 de mayo de 2026

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