La corrupción es aireada en los países democráticos, que viven en crisis permanente. No conocemos escándalos políticos en Rusia, China, Irán o Nicaragua. Es improbable que un enjambre de periodistas se arremolinen en las puertas del Kremlin o en la sede del Partido Comunista chino pidiendo información sobre irregularidades. Nadie las sabe. No hay periodismo.
La fuerza de las democracias es su vulnerabilidad y la capacidad de autocorrección. A Nixon lo echaron por mentir y Estados Unidos no se hundió. Cada país trata la corrupción política según sus códigos. El presidente Sarkozy fue condenado por delitos de corrupción y tráfico de influencias, pero ya no está en prisión y vive pendiente de otros juicios.
La ministra de Defensa de Angela Merkel dimitió después de que se descubriera que había copiado partes sustanciales de su tesis doctoral. También la ministra de Educación dimitió por plagio en su tesis doctoral. Las dos eran personas de máxima confianza de Merkel.
En el año 2006 dimitieron dos ministras del gobierno sueco por irregularidades fiscales relacionadas con sus empleadas domésticas. No fueron acusadas de corrupción, sino de faltas éticas. Las corruptelas en el Reino Unido y en Italia son múltiples y se tratan con gran presión mediática.
En todos los casos tienen consecuencias políticas inmediatas. No hay nadie imprescindible. En la política española y catalana la corrupción ha sobrevolado en todos los gobiernos desde el principio de la transición. Con efectos políticos que han afectado a todos los gobiernos. Mariano Rajoy cayó por la corrupción y Pedro Sánchez tendrá que convocar elecciones si el auto del juez Calama sobre Rodríguez Zapatero se sustancia con pruebas.
La situación será insostenible si los socios le abandonan y si las actuaciones judiciales alcanzan a instituciones dirigidas y controladas por el Gobierno. Prolongar la legislatura en este ambiente de confrontación afectará negativamente al PSOE. Karl Popper sostenía que lo propio de la política no es formar gobiernos, sino echarlos. Los escándalos tienen un precio.
Hay quien dirá que la política no se hace con la moral o con moralinas. Pero tampoco se puede hacer política desde la inmoralidad.
Publicado en La Vanguardia el 28 de mayo de 2026





Flojito flojito.
Sin duda nuestro anfitrion esta en la linea que LV ha tomado ante el dislate general de la politica en este pais.
Asi es como las cabeceras van perdiendo influencia, publicidad, lectores y al fin acaban obsequiando con un juego de paellas al que tiene a bien suscribirse.
Y dos huevos duros.