Crisis de responsabilidad

Un discurso sin respuestas ante una crisis marcada por la desinformación y las contradicciones.

A la larga, las sociedades acaban juzgando mejor los actos que las intenciones, las realidades que los discursos. El tiempo desnuda las palabras y pone las obras en su sitio. Ya no basta con fingir, engañar o prometer para conservar el favor popular.

Son palabras extraídas del libro Maquiavelo en democracia, escrito por Édouard Balladur, ex primer ministro de Francia que cohabitó con Mitterrand y hombre de confianza del presidente Pompidou. Eusebio Val hacía ayer un ajustado obituario de su figura como la de un político gaullista, liberal y europeísta.

Dice Balladur que “más que las ideas, con frecuencia simplistas, incluso caricaturescas, lo que cuenta son las imágenes”. Lo que hoy día entendemos como relatos.

La política es necesaria, noble en muchos casos, pero fea e ingrata casi siempre. Y cuando los relatos no cuadran con los hechos se vuelve sospechosa y contraproducente. Al releer los párrafos subrayados de Maquiavelo en democracia, no he podido evitar relacionarlos con la figura de Pedro Sánchez, que no ha conseguido transmitir el relato de que Marruecos no ha intervenido en la invasión de Ceuta de más de ochenta mil personas los dos últimos días de julio.

La afirmación de que el Gobierno marroquí no participó en la invasión no se sostiene. Tampoco es creíble el relato de que las redes sociales, Rusia y la internacional reaccionaria fueran los instigadores del asalto multitudinario sobre Ceuta. No se pide que toda la información de los secretos de Estado se hagan públicos. Pero es muy sospechoso que ni Sánchez ni ninguno de sus ministros hayan mencionado a Marruecos como pieza clave y necesaria de la invasión.

La crisis es muy grave porque el mismo Sánchez dijo en Ceuta el 31 de julio que “estamos ante una violación y un ataque a la integridad territorial de España”.

Es una crisis que afecta principalmente a los ceutíes, pero también es un conflicto que incide plenamente en la política española y europea. Es una crisis de credibilidad del Gobierno Sánchez, que no sabe cómo afrontar­. Es una crisis de información oficial solvente en la era de la hiperinformación. No bastan los relatos ni los discursos. Es preciso conocer los hechos y saber si Marruecos “es un país socio y amigo” o es un vecino hostil.

Publicado en La Vanguardia el 3 de septiembre de 2026

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *