
Hay una crisis de la demanda de vivienda en España peero también de oferta. Hay que construir más viviendas. Por razones demográficas y humanitarias. Acampada en la Puerta del Sol de Madrid pidiendo reformas en la legislación de la vivienda.
La política salta a la calle cuando no se hace en las instituciones y se desborda hacia el descontento y la protesta. El presidente F.D. Roosevelt se comunicaba por radio con sus compatriotas en tiempos de grave crisis económica cuando los totalitarismos avanzaban en una Europa devastada por la destrucción de la Gran Guerra.
Desde una silla de ruedas y delante de un micrófono sostenía que la democracia ha desaparecido en otras grandes naciones, no porque les desagradara la democracia sino porque se habían cansado del desempleo y la inseguridad, de ver a sus hijos pasar hambre mientras los dirigentes estaban paralizados y divididos.
El fascismo y el nazismo nacieron en medio de un empobrecimiento de las clases medias que dejaron de ser decisivas y fueron seducidas por las emociones del populismo en la Italia de Mussolini y la Alemania de Hitler.
En aquellos convulsos años treinta Roosevelt insistía en que un país democrático solo podía salir adelante si se establecía una cierta igualdad de oportunidades en educación, sanidad y funcionaba el ascensor social. No tener miedo al miedo, repetía.
La crisis de la vivienda en nuestro país no se va a resolver en los próximos meses. Se necesitan, de entrada, más de medio millón de pisos para cubrir el aumento de la población. Hay una crisis de demanda pero también de oferta. Faltan viviendas. Y hay que hacerlas con la colaboración del Estado y el sector privado. Los discursos oficiales se centran más en la reglamentación de la demanda que en promover la oferta introduciendo en la ecuación a los profesionales de la construcción.
La crisis no se resolverá con reglamentos ni con la comedia de que cinco ministros del gobierno tengan un programa distinto que el resto de sus colegas. Un poco de seriedad, por favor, por respeto a tantos cientos de miles de jóvenes y no tan jóvenes que no pueden acceder a una vivienda.
El Gobierno tiene que poner los instrumentos para trabajar con la sociedad civil y resolver o paliar lo que es un derecho constitucional. El milagro alemán de los años sesenta se basaba en la economía social de mercado. El canciller Erhard repetía que el Estado no podía distribuir recursos si antes no los había recaudado de los contribuyentes. El Estado administra la riqueza con los criterios revalidados en las urnas.
Publicado en La Vanguardia el primero de octubre de 2026



