La velocidad de los cambios

Manifestación en las calles de Madrid

Manifestación en las calles de Madrid

La experiencia europea de los últimos 50 años no tiene precedentes en la vieja historia del continente. Hace tres generaciones los monstruos goyescos del fascismo y el bolchevismo, esas ideas del pueblo superior o de la implantación del hombre nuevo, se disputaban la hegemonía del pensamiento y de la política. Las democracias quedaron muy lastimadas por la crisis de los años treinta, incapaces de dar respuestas a las masas sin trabajo, hambrientas, con muy poca educación, que se manifestaban en las calles y los suburbios de las viejas ciudades industriales europeas. Se enterraba un viejo mundo, caían figuras políticas que parecían insustituibles, la Sociedad de Naciones mostraba su ineficacia y Alemania se entregó a los brazos de un esperpéntico visionario que arrastró al país con más talentos individuales de Europa hacia la barbarie y la hecatombe mundial.

Un testigo de excepción de aquellos tiempos violentos fue el húngaro István Bibó, que cuando los soviéticos entraron en Budapest fue el último en abandonar el Parlamento, después de leer su proclamación famosa «para la libertad y la verdad». Fue detenido, juzgado y posteriormente puesto en libertad tras la invasión de los tanques enviados por Jruschov para reprimir la rebelión húngara de 1956. Miguel Herrero de Miñón y Ernest Lluch leían sus libros casi en secreto. En su obra Misère des petits États d’Europe de l’Est dice que los nuevos conflictos que se pueden plantear de nuevo en Europa serán a causa de la anarquía de Alemania y de las pequeñas naciones que viven al Este de Alemania.

Sus predicciones no se han cumplido. Alemania se ha unificado, ha sido fiel a su compromiso europeo, hasta ahora, y administra su fuerza con cautela y miedo porque sabe que sus fantasmas nacionales pueden salir de los cofres de la historia. La contención de Alemania y el papel político desempeñado por Francia han hecho lo que parecía imposible. Europa es hoy un espacio de convivencia. Los 28 estados miembros, con todas sus peculiaridades y crisis internas, pertenecen a la mayor y más estable de las democracias liberales que el mundo ha conocido. Somos 501 millones de habitantes, generamos un cuarto del producto bruto mundial, somos la primera potencia comercial y dedicamos la mitad de la ayuda al desarrollo que llega a los países más atrasados.

Esta realidad no la han sabido capitalizar los políticos, los periodistas y las razones de Estado que tanto proliferan en todas partes. Siguen calando en la opinión publica los discursos antieuropeos que ponen más énfasis en los errores que en los aciertos de esta formidable historia de reconciliación en común, después de tantas tragedias y conflictos. En términos económicos y políticos Europa es una superpotencia que rivaliza con Estados Unidos, China y Rusia. De hecho, a pesar de no ser ni aspirar a ser potencia militar, nada que ocurra en el mundo se puede hacer al margen de la Unión Europea.

Si aceptamos esta visión, ciertamente optimista, no se entiende que las elecciones al Parlamento Europeo hayan significado una sacudida tan fuerte para la estabilidad interna y para la seguridad colectiva de un espacio de éxito.

Lo más preocupante no es que a estas alturas no se sepa si Jean-Claude Juncker será el presidente de la Comisión, tal como se había pactado antes de las elecciones, si el centroderecha ganaba en toda Europa. Tampoco es lo más relevante que el primer ministro David Cameron enrede todo lo que pueda para frenar el paso al político luxemburgués.

Si me apuran, tampoco es Alemania la mayor preocupación mientras se mantengan los equilibrios internos de la derecha y la izquierda para liderar Europa sin pisotear a nadie. Los peligros que se me ocurren más nocivos son la recuperación de la razón de Estado impuesta después de la paz de Westfalia de 1648 y que ha sido la causa de muchas de las guerras desde entonces. Defender lo local pero dentro de un marco global. Esta idea ha guiado la cesión de competencias hacia arriba con resultados muy positivos. Los buenos resultados de los partidos euroescépticos en las elecciones obedecen básicamente a este rechazo a que sea Bruselas la que decida por los demás.

El segundo peligro es no atajar con más eficacia la corrupción que recorre las instancias políticas nacionales y que provocan el rechazo en los sectores sociales más perjudicados por la crisis. Con una endémica corrupción estructural no puede haber progreso ni libertad.

Una tercera dificultad es el populismo que se nutre del desprecio al otro y que se han traducido en la elección de diputados con fuertes rasgos de xenofobia. Los miles de inmigrantes que arriesgan sus vidas para llegar a las costas europeas dicen mucho a favor del atractivo y las garantías que ofrece la Unión Europea. Hay muchos diputados europeos xenófobos en Francia, Holanda, Inglaterra, Grecia y Dinamarca. Y van a expresar sus puntos de vista con vehemencia en el Parlamento.

La cuarta reflexión tiene una doble interpretación. Me refiero a la gran novedad de las redes sociales en la vida pública. Sus ventajas son muy superiores a sus inconvenientes. En todo caso, están aquí y actúan sin descanso. El anonimato y las mentiras alimentan el populismo. La globalización necesita con urgencia un ropaje jurídico internacional.

Publicado en La Vanguardia el 11 de junio de 2014

13 comentarios

  13 comments for “La velocidad de los cambios

  1. Albert
    11/06/2014 at 20:30

    Sr. Foix: Los años y la edad nos enseñan que lo malo dura mucho y lo bueno ó placentero dura poco.

    Que los cambios van muy rapidos y veloces, pero la solución del paro, del hambre y del sin vivienda va, però que muy lentisimo.

    Los panzacontentos y que van de Bar y de Cenas cuando se refieren a los desahuciados por el paro, el desemparo y el sin vivienda…» ¡ Hay que hacer…. hay que hacer…!

    Y ahí termina su ayuda…mientras los demás cotizamos y pagamos…el pato al horno.

    En resumen: Para unos los cambios van muy rapidos…pero para otros nada cambia…ó son muy lentisimos.

    • 11/06/2014 at 21:27

      La ley del embudo Albert…

  2. Rosamaria
    11/06/2014 at 14:35

    ..i en definitiva, en realitat, res canvia…venen canvis de la situació present, però és un discurs cíclic, la repetició del cromo, la repetició de la historia….sempre els mateixos errors….sempre la llei del pèndol…no hi ha manera d’ aprendre !!!

    • 11/06/2014 at 17:55

      Rosamaria, repetimos errores ya que no interiorizamos el aprendizaje, nos hacen pasar por encima de las cosas sin darnos tiempo a aprender de ellas, eso forma parte de los cambios rápidos que nos comenta hoy el Sr.Foix…es la ley del péndulo que tu comentas, volvemos al punto de partida sin percibir que ya hemos estado allí hace dos segundos…

      • Rosamaria
        12/06/2014 at 12:18

        Si senyor.. !!!…així es….

  3. 11/06/2014 at 12:44

    Sr. Foix:
    Un amic meu diu que hem entrat en l’era d’aquari i que els canvis es precitaran, que tot anirà molt de pressa. No sé si té raó o no, el cert és que hi ha coses que van molt de pressa.

    En pocs dies hem tingut unes eleccions europees que ens han portat uns resultats a nivell europeu que fa poc no podíem imaginar (partits d’extrema dreta, antieuropeus, populistes,…).

    Al Regne d’Espanya canvi de Rei, líders que se’n van a casa, partits nous, es qüestiona el model de cap de l’estat,…

    I a Catalunya el calendari corre cap al 9-N i veiem com un polític com ell Senyor Duran Lleida pot perdre influència i part del seu lideratge.

    No serà que tants perjudicats per l’atur, preferents, perduda d’habitatge,… veuen que els rics són cada vegada més rics, i els que paguem la crisi són els assalariats, els autònoms, els pensionistes.
    I la corrupció segueix campant a plaer sense que els responsables estiguin a la presó i tornin el que no és seu.

    Alguna cosa es mou, el PP i el PSOE arriben tard, no s’han renovat, ni reciclat a temps.
    I en el cas català el procés no s’atura i la tercera via ni arriba, ni se l’espera.
    Hi és on veig jo el nerviosisme del Senyor Duran Lleida.

    Els canvis vénen i són ràpids, a Europa, Espanya, i Catalunya.
    Els ciutadans estem farts de tant polític mediocre i corrupte, volem líders nous, honestos i que de veritat serveixin al bé comú.

  4. francis black
    11/06/2014 at 12:18

    «Los seres humanos, en tanto que especie, se encuentran, desde hace unos milenios, al final de su desarrollo, pero la humanidad, en tanto especie, se encuentra al principio.»

    Calle de dirección única
    Obras IV, 1, p. 88.

    Walter Benjamin.

    • Rosamaria
      11/06/2014 at 14:31

      Un moment que em poso les ulleres de pensar.. !!!
      Punyela .. !! quina profunditat !!!

      • francis black
        11/06/2014 at 15:57

        No me creo que te las quites alguna vez.

        • Rosamaria
          12/06/2014 at 12:19

          Ni para dormir…..

  5. 11/06/2014 at 11:33

    Sr.Foix: La vida en si misma es un contínuo cambiar,cambiamos de gustos, de ideas, de pensamientos, de ilusiones, de amigos, de pareja, de Blog, etc…en realidad los cambios dependen de nuestra propia visión, si nosotros cambiamos ya nos parece suficiente para considerar que todo ha cambiado…la referencia para cualquier cambio es el propio individuo…pero en política los cambios son muy relativos, nos prometen que nuestras vidas cambiarán si votamos tal o cual alternativa, pero en realidad los únicos que cambian de vida son a los que votamos…al cabo de cuatro días y tal y como decía el ínclito Alfonso Guerra, no les conoce ni la madre que los trajo al mundo…en política las cosas han de cambiar, para que todo siga igual…y disculpe mi natural escepticismo, pero es que estoy escuchando el pleno de las Cortes sobre la abdicción del Rey y estoy perplejo del nivelazo político que existe…

    • Rosamaria
      11/06/2014 at 14:29

      Ostres BartoloméC.. !! em trec el barret !!…no puc estar més d’acord amb el teu comentari.

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