Sánchez, valentía y temeridad

Pedro Sánchez ha optado por entrar de lleno en el litigio catalán con tanta valentía como temeridad. Pere Argonès no se lo pondrá fácil

El tiempo es el gran aliado de la estabilidad, devorador de fotos fijas, vehículo de cambios inesperados. La iniciativa de Pedro Sánchez de indultar a nueve políticos presos ha acelerado el curso de los acontecimientos. Es satisfactorio ver salir a personas de la cárcel. Por los mismos presos, por sus familias y por cualquier humano con un mínimo de sensibilidad.

Los más de tres años en prisión de los políticos juzgados y sentenciados por delitos de secesión y desobediencia serán una causa célebre en la historia política catalana y española. Sánchez ha tomado la decisión por “utilidad pública” y por desencallar un litigio que ha enfrentado a muchos catalanes entre sí, a catalanes y españoles y también a independentistas contra independentistas.

Los dados han empezado a rodar y el reloj corre inexorablemente hacia un tiempo político incierto. Pere Aragonès ha comparecido con todos sus consellers para declarar que los indultos eran una señal positiva pero que no eran suficientes. El independentismo no acepta otra medida que no contemple la amnistía, la celebración de un referéndum pactado con el gobierno español y, finalmente, la independencia.

Pedro Sánchez invoca la concordia y la convivencia compareciendo casi cada día para transmitir confianza a la opinión pública con noticias sobre las vacunas, los fondos europeos o el fin de las mascarillas. Decía Erasmo de Róterdam que “la concordia reina en tantísimas cosas, pero la vida de los hombres está sembrada de disputas inexplicables”. El problema de Pedro Sánchez es fundamentalmente aritmético. Tiene solo 120 diputados y la mayoría en el Congreso es de 176. Para salir adelante necesita 56 votos que tiene que ir recogiendo entre partidos heterogéneos que van desde Unidas Podemos hasta Esquerra Republicana pasando por H Bildu y otras representaciones unipersonales.

Cuando Gabriel Rufián le decía ayer en el Congreso si la concesión de los adultos a los presos catalanes la había decido por convicción o por oportunidad. No hubo una respuesta clara. La pregunta es de fuego amigo porque bien sabe el representante republicano que Sánchez debe su presidencia al concurso de partidos periféricos que, en muchos casos, no sintonizan casi en nada con el PSOE. Ya sea por convicción o por necesidad, Sánchez se ha centrado en la crisis catalana que es el mayor problema de la política española.

La declaración unilateral de independencia y los hechos de octubre de 2017 es el mayor desafío planteado al Estado desde el comienzo de la transición, con una excepción de otro orden como fue el golpe de Tejero del 23-F. Sánchez y sus consejeros del socialismo catalán, también figuras relevantes del PSOE histórico, saben que el riesgo del fracaso es alto porque el independentismo no quiere entenderse con España a no ser que reciba a cambio la amnistía, el derecho de autodeterminación y, eventualmente, un referéndum sobre la independencia de Catalunya.

El gobierno juega con el tiempo como aliado y con las divisiones evidentes del independentismo. Mientras no haya elecciones a la vista puede ir trampeando como pueda. Pero a medida que se acerquen las generales sus apoyos disminuirán si no consigue alcanzar un acuerdo de mínimos con el independentismo que le permita tranquilizar a una opinión pública española que ve con muy poco entusiasmo la respuesta de Junqueras, Puigdemont y la CUP a la concesión de los indultos.

El comportamiento errático de Pedro Sánchez en los últimos tres años en los que ha roto promesas rotundas sobre la alianza con Podemos y sobre la misma continuidad en la cárcel de los presos catalanes podrían justificar un nuevo giro en su política. Pero no tiene muchas opciones porque un pacto con el PP de Pablo Casado es impensable por ahora.

El indulto a los presos independentistas podría ser el comienzo del deshielo de una situación que no se puede sostener indefinidamente. Ha abierto la posibilidad de hablar del litigio. Pero si los independentistas no le ayudan puede haber cavado su fosa política. ERC y JxCat tienen que saber, también, que un gobierno presidido por Pablo Casado sería claramente hostil a sus ambiciones. Por lo tanto, el cortoplacismo y la inestabilidad estará al orden del día.

  6 comentarios por “Sánchez, valentía y temeridad

  1. Negociar es tomar y ceder.
    Me pregunto que pueden ceder los independistas sin sentirse mas frustrados?

    • No cederán nada, ni el Gobierno ni el Govern, su única hoja de ruta es la confrontación, que resulta estéril, como justificación para tener a su parroquia tranquilizada.

  2. Nuestro anfitrion remata su articulo diciendo que el cortoplacismo y la inestabilidad estara al orden del dia.
    Asi lo veo yo tambien.
    Pues no anem be Sr. Foix!
    Lo unico bueno y no es poco de esta semana en el tema del proces es el indulto a los politicos presos. La privacion de libertad es lo peor.
    Dicho lo cual, yo los veo a unos y otros encastillados en lo suyo con un grado de empatia cero.

    Hemos visto que el estado autonomico es un trampantojo que ante un 155 no se aguanta. Para que lo queremos pues? per anar crian pel i fer bullir la olla?

    Y si desmontamos el estado autonomico?

    Los medios tienen mucho a “orientar” y La Vanguardia con su editor que por cierto es grande españa, deben decir su parte.
    Hoy he visto al director de la publicacion citada en la sexta. Pelo teñido calabacin y montura de gafas en verde fluorescente.
    Qui ens ha vist i qui ens veu!

  3. Es un paso adelante, arriesgado pero necesario. Quedarse quieto no servía de nada, mantener a los politicos presos tampoco. Creo que la diferencia la marcaran los medios de comunicación, si apuestan por el frentismo o por los pactos o negociaciones. En todo caso para Catalunya sería peor con un pp no negociador.

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