El fantasma de medianoche

No era un fantasma ni un doble del mejor jugador de fútbol de la historia. Era Leo Messi al filo de la medianoche que pisaba el césped del Spotify Camp Nou. No lo sabía nadie. Su barcelonismo es incuestionable a pesar de haberlo echado de mala manera.

No era un fantasma ni un doble del mejor jugador de fútbol de la historia. Era Leo Messi al filo de la medianoche que pisaba el césped del Spotify Camp Nou cuando el Barça de Hansi Flick acababa de golear al Celta. Fue un 16 de mayo de 2021 cuando Leo hizo el último gol con el Barcelona, precisamente con el Celta en partido de Liga que se perdió por 1-2.

No lo descubrió la prensa ni lo supo la Junta. La información saltó en la cuenta de Instagram del propio Messi que explicaba simplemente que “anoche volví a un lugar que extraño con el alma. Un lugar donde fui inmensamente feliz, donde ustedes me hicieron sentir mil veces la persona más feliz del mundo”. Nadie ha dedicado una calle o levantado una estatua al jugador que más satisfacciones ha dado al barcelonismo.

En la rueda de prensa de despedida lloró públicamente aquel 8 de agosto de 2021, camino precipitado hacia el París Saint Germain. “No estaba listo para irme, no me lo esperaba, hice todo lo posible por quedarme.”

Colgó fotografías de su solitaria presencia en la hierba iluminada con colores blaugrana. Las circunstancias sobre cómo entró, quién le abrió, cuánto tiempo pisó el césped y quién le acompañaba, ya se sabrán. Sí que se fue del Barça mal y disgustado. Pero no ha roto sus vínculos emocionales y profesionales con el club al que quiere y en el que es querido.

En su nota expresó que “ojalá algún día pueda volver, y no solo para despedirme como jugador como nunca pude hacerlo…” Sospecho que será una baza importante en las próximas elecciones. ¿A favor de quién? A favor del Barça.

Publicado en Mundo Deportivo el 11 de noviembre de 2025

 

  1 comentario por “El fantasma de medianoche

  1. Som desagraïts amb els que ens han donat més moments de satisfacció i glòria: Leo Messi va haver de sortir depressa i corrents, per la porta del darrere, i a Joan Antoni Samaranch, que ens va permetre gaudir dels millors Jocs Olímpics de la Història i que va projectar Barcelona al món, no se le li ha dedicat ni un mal carrer o instal·lació esportiva.

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