
La complicidad entre Hansi Flick y Lamine Yamal ha funcionado muy bien hasta ahora. Su papel si se traduce en victorias lúcidas puede incidir en las elecciones a la presidencia del 15 de marzo.
La Liga vuelve a ser, como casi siempre, cosa de dos. El Barça ha ido por delante en 14 jornadas y el Madrid en 11. Cuatro puntos arriba o uno o dos abajo. Con el VAR haciendo justicia o la vista gorda. La perfección no existe y menos cuando las emociones superan a las razones.
El Barça de Flick practica el mejor futbol hispánico, individual y colectivamente. Divierte más que el Madrid de las grandes estrellas recogido a media temporada por Arbeloa. Pero el título es asequible para los dos. La supremacía se dirimirá en Europa si los blancos superan a Mourinho y entran en octavos de la Champions.
Lo imprevisto es propio de todo deporte. En lo que sí gana el Madrid es en fabricar, fijar y difundir el guión del discurso que se centra en los éxitos o infortunios del equipo de Florentino. Todo el resto son comparsas y no se ha atrevido nadie todavía a cuestionar que el gran fichaje de Mbappé ha sido un bluff.
El Barça está en elecciones y los resultados del equipo pueden influir en los resultados del 15 de marzo. Pero cuando se abren las urnas siempre encierran un misterio. Echo mucho de menos que no haya un debate entre los cuatro candidatos. Los socios merecen conocer los detalles de la gestión de Laporta, una auditoría independiente sobre el proceso de la reconstrucción del Camp Nou y todo aquello que sea del interés del club.
Y a falta de debate a cuatro, tanto Víctor Font como Xavi Vilajoana y Marc Ciria tienen tres semanas para hacer llegar sus propuestas, sus críticas o lo que les parezca oportuno para convencer a una mayoría entre los 114.504 socios con derecho a voto.
El Barça es una entidad presidencialista pero no es de ningún presidente que gobierna asistido por una Junta elegida por los socios.
Publicado en Mundo Deportivo el 24 de febrero de 2026



