La fuerza del Parlamento

A los primeros ministros británicos los suelen echar sus propios correligionarios que le retiran su apoyo en el Parlamento. En la foto, Sir Keir Starmer aal anunciar su dimisión frente al número 10 de Downing Street.

Sir Keir Starmer no se ha ido por prácticas corruptas o por errores garrafales en sus dos años como primer ministro del Reino Unido. La explicación más frecuente es que ha abandonado el poder por su incapacidad para inspirar optimismo, por falta de empatía y otras consideraciones más que derivan principalmente del gran error que supuso el Brexit.

Los pueblos también se equivocan, llevados por emociones utópicas o pensando en un pasado que ya no existe. Dean Acheson, secretario de Estado con Truman, hizo una observación en 1962 que todavía resuena en el imaginario de los británicos: Gran Bretaña ha perdido un imperio y aún no ha encontrado su papel.

Estaba en Londres el 24 de junio de 2016 cuando el primer ministro David Cameron salía del número 10 de Downing Street para anunciar que dimitía al perder el referéndum del Brexit. La residencia del primer ministro se ha convertido en una puerta giratoria por la que han entrado y salido seis primeros ministros en diez años. Insólito para un país que conserva las formas y que prefiere la estabilidad a las convulsiones políticas.

Los declives de las grandes naciones son imperceptibles y lentos. También creativos en el arte y la literatura. El Reino Unido dejará el legado del inglés como la lengua franca de nuestro tiempo y también el parlamentarismo como la menos mala de las formas de gobierno.

El Parlamento, independientemente del sistema electoral, es imprescindible para gobernar. Prácticamente todos los primeros ministros, desde Thatcher hasta Starmer, no han sido echados en las urnas, sino por haber perdido la confianza de su partido y, como consecuencia, no disponer de una mayoría suficiente para gobernar. Y se han ido, uno tras otro, en los últimos diez años. A Starmer se le saltaron las lágrimas y el gato Larry, que aparece entrando y saliendo de la famosa puerta desde el 2011, en espera del séptimo inquilino como mascota oficial del reino.

Debajo del boato y las formas anquilosadas que se observan en el Parlamento de Westminster, la fuerza de los diputados es decisiva para la gobernabilidad del país, incluso en tiempos de horas bajas. Es donde el Gobierno aprueba las leyes y rinde cuentas de su gestión. Sin mayoría parlamentaria es inviable gobernar. Tanto en Londres como en Madrid.

Publicado en La Vanguardia el 25 de junio de 2026

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