El miedo y el rearme

Es lícito preguntarse hasta qué punto cambiará el mundo cuando Donald Trump abandone la Casa Blanca. Es tan lícito como inútil, si se tiene en cuenta que los cambios sociales y políticos ya se han producido sin que los personajes más implicados se hayan dado cuenta.

Donald Trump representa el cambio en la manera de hacer política, de relacionarse con los líderes del mundo, de decir una cosa y la contraria en un mismo día, de entender la política como un negocio, y en saltarse la ley si perjudica los intereses personales o familiares.

No son cambios de estilo, sino de fondo, que no solo se están produciendo en EE.UU., pues también han penetrado en prácticamente todas las democracias. La fuerza y la confrontación son el motor habitual de la política. Por encima del diálogo, las alianzas y los acuerdos.

Las tecnologías han hecho posible que las guerras se libren a distancia, sin que haya tantos soldados que pisen tierras ajenas. La invasión de Ucrania por Putin o la reacción desproporcionada de Netanyahu en Gaza, Cisjordania y Líbano son conflictos que responden a criterios de Bismarck, de Napoleón y de los Estados Mayores en conflicto en las dos guerras mundiales. La fuerza es imprescindible pero no suficiente.

La leyenda cuenta que Churchill dijo que la guerra era demasiado importante para dejarla en manos de los generales. Se puede decir hoy que las principales guerras en curso responden al criterio personal de Putin, Trump y Netanyahu, tres políticos que no tienen la experiencia militar, con éxitos y fracasos –recuérdense Gallipoli y Dunkerque–, que tuvo Churchill. Son guerras con un componente personal de gloria y matonismo.

Ucrania e Irán no cuentan con el potencial ni de Rusia ni de Estados Unidos. Y, sin embargo, han resistido la invasión de Putin y la guerra abierta por Trump y Netanyahu. Es más, se han hecho más fuertes. Ucrania, con la ayuda norteamericana y europea, es posiblemente el país mejor preparado militarmente de Europa: alcanza objetivos situados a más de mil kilómetros de la frontera.

Moscú ha sufrido muchos ataques procedentes del arsenal de drones ucranianos que han puesto en peligro el abastecimiento de gasolina de muchos rusos. La resistencia de Zelenski podría compararse con la astucia de Ulises para acabar con los hijos de Príamo asediados en Troya. El desenlace de la guerra de Ucrania tendrá muchas consecuencias en Rusia y en Europa.

El poderoso ejército liderado por Trump no consigue despejar el estrecho de Ormuz, por el que se podía navegar libremente antes de la guerra y hoy es un embudo que impide el tránsito del 20% del petróleo que se consume globalmente. Consiguió eliminar con precisión la cúpula del régimen totalitario, que no se ha rendido, sino que puede coercionar sin escrúpulos una sociedad que clama por las libertades.

En los tiempos de la guerra fría, desde que el proyecto Oppenheimer produjo la bomba atómica y el presidente Truman ordenó arrojarla sobre Hiroshima, el debate político se centraba en el desarme con aquellas míticas cumbres entre Nixon y Brézhnev y Gorbachov y Reagan. El principio de la destrucción mutua asegurada obligaba a norteamericanos y soviéticos a reducir los arsenales nucleares que se habían almacenado irresponsablemente por ambas partes.

Hoy no se habla de desarme, sino de rearme en todos los ámbitos. Una pistola de verdad, con balas, regalada por Erdogan a todos los líderes de la OTAN reunidos en Ankara, es una metáfora inquietante. Se detecta miedo en el ambiente, en el que el lenguaje de las armas sustituye a los consensos.

El complejo militar industrial del que habló Eisenhower está en plena actividad en Estados Unidos. También en Rusia y muy especialmente en China, que está compitiendo por la hegemonía militar con Washington.

En este contexto, Europa tiene que replantearse su defensa sabiendo que la alianza con Estados Unidos puede deteriorarse. Tanto rearme por todas partes no suena a paz, sino a un aumento de los conflictos, que directamente afectarán a la estabilidad de una Europa que está en modo vacaciones pensando que las guerras son en tierras lejanas.

Publicado en La Vanguardia el 15 de julio de 2026

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