
Elon Musk y Curtis Yarvin, dos personajes que han intervenido principalmente en la idea de combatir la democrática y el progresismo en Occidente.
Los revolucionarios cambios que han irrumpido en las sociedades democráticas no se han improvisado. Vienen de lejos y se han incubado en internet. La Ilustración condujo a la Revolución Francesa de 1789 y Los papeles federalistas de Hamilton, Madison y Jay consolidaron la Constitución de Estados Unidos.
La revolución digital cuya última derivada es la inteligencia artificial viene cociéndose intelectualmente desde finales del pasado siglo y no se encuentra originariamente en libros sino que se fabrica, muchas veces con seudónimos, en las entrañas accesibles globalmente en internet.
La I·Iustració fosca, un ensayo documentado de Arnaud Miranda, profesor de Sciences Po, expone la radicalidad de Curtis Yarvin, el teórico más radical que se propone construir un contradiscurso para combatir la hegemonía democrática y progresista.
La idea de Yarvin no es conquistar la hegemonía cultural como proponía Gramsci sino cambiar la estructura misma del poder.
En principio, fueron ideas que circulaban en las periferias de internet hasta que penetraron en las élites tecnológicas como las de Peter Thiel, un multimillonario crítico con la democracia y preocupado por el estancamiento de Occidente ante los avances de China.
Una figura clave en la evolución del pensamiento ultraconservador es el vicepresidente J.D. Vance, que representa el nacionalismo económico y cultural de la nueva derecha republicana. Estas ideas han pasado del universo etéreo de los blogs al entorno político de Donald Trump.
El trumpismo ha ganado muchos adeptos y ha recibido multimillonarias donaciones para cambiar la misma gestión democrática de la política. Elon Musk es uno de ellos. Sostienen, y Trump lo explicita con frecuencia, que la política es fuerza y dinero. Si hace falta se tejen alianzas con viejos enemigos y se distancia de los aliados.
A Rusia no se la critica desde la Casa Blanca. Tampoco desde los partidos de extrema derecha. A China se la teme porque es fuerte. Todas estas fuerzas convergen en debilitar la idea de una Europa social, abierta y respetuosa con el derecho. Si el cambio hacia la reacción se ha producido en Estados Unidos, puede alcanzar a una Europa perdida en su laberinto.
Publicado en La Vanguardia el 17 de septiembre de 2026




Comparto con Lluís Foix que estamos ante un cambio histórico de ciclo político, pero es un error atribuirlo principalmente a teorías neorreaccionarias de internet o a los planes de Silicon Valley. Líderes como Trump, Orbán o Abascal no surgen de un blog; surgen como una reacción lógica de soberanía frente a una burocracia globalista y una élite de Bruselas que lleva veinte años gobernando contra los ciudadanos.
Es imposible explicar el auge de estas opciones patrióticas basándose únicamente en figuras como Yarvin o Musk. Esos discursos solo encuentran terreno abonado porque millones de ciudadanos europeos sufren las consecuencias reales de políticas que han precarizado el acceso a la vivienda, encarecido la energía y destruido nuestro tejido industrial y agrícola bajo dogmas ideológicos que nadie ha votado.
Una sociedad no busca un cambio de rumbo solo porque alguien construya un relato eficaz en internet, sino porque las instituciones tradicionales se muestran incapaces de resolver los problemas cotidianos.
Atribuir este giro exclusivamente a una supuesta «reacción oscura» es confundir las causas del malestar con quienes posteriormente lo canalizan políticamente. Mientras las clases medias asumen el coste material del declive, los burócratas de Bruselas se dedican a blindar su propio bienestar y el futuro de sus herederos. Defender hoy una Europa real exige, antes que nada, arrebatársela a la incompetencia y complacencia de quienes la gobiernan.
Mejor explicado no puede ser.
Te felicito, Juanjo
El condicional de la última frase: …Si el cambio hacia la reacción se ha producido en los Estados Unidos…» deja una puerta abierta. El cambio en EE. UU. ha sido en el gobierno federal. Está por ver dónde más. No es optimismo europeo, es la duda en la consistencia de ese cambio. La sociedad americana es más compleja que su gobierno. Y JD Vance, de momento, aunque esté sólo a un latido cardíaco de la presidencia, como se suele decir de los vicepresidentes, está a dos elecciones de llegar a la presidencia. Veremos…