Potencias fuertes y medias

El primer ministro canadiense, Marc Carney, se ha acercado a Europa ante las presiones políticas y comerciales de Donald Trump. Sostiene diversificar las relaciones comeerciales y estratégicas entre países medios que reduzcan la hegemonía de los grandes.

El lenguaje de la guerra flotaba en la primera sesión de la Asamblea General de la ONU. Los vencedores escriben la historia de los conflictos, pero también deciden qué pasará el día después. Donald Trump utilizó dos expresiones que revelan la tensión del momento en las relaciones internacionales.

Refiriéndose a Venezuela dijo que “el que gana se lleva el botín” y, con respecto a la guerra contra Irán, planteó explícitamente dos alternativas. Ofreció un acuerdo con Teherán para que pudiera reconstruirse o aniquilaría la República Islámica. En abril de este año ya dijo: “Una civilización entera morirá esta noche, para no volver jamás. No quiero que eso ocurra, pero probablemente ocurrirá”.

Palabras gruesas que dominan el lenguaje que explícita o implícitamente practican los hombres fuertes del momento. Me refiero a Putin, Trump y Xi Jinping.

La cooperación internacional no es para compartir el poder, sino para utilizarlo. Fuerza y dinero son dos lemas que se barajan en la escena global, donde el humanismo ha desaparecido del vocabulario.

¿Dónde se sitúa Europa con el avance de fuerzas de extrema derecha que no creen en la actual UE y con simpatías o silencios hacia la acción de Putin en Ucrania? A falta de líderes fuertes, me parece interesante el discurso de Mark Carney, primer ministro de Canadá, que ha plantado cara a los intentos anexionistas de Trump.

Canadá y Europa no pueden competir con Estados Unidos en poder militar o científico. El mando de la OTAN está en Washington. Pero Carney, que propone una cooperación con Europa, plantea diversificar las relaciones comerciales y estratégicas que reduzcan la hegemonía de los grandes.

El debate se centra en cómo armonizar el poder de los más fuertes con la capacidad de formar alianzas entre las potencias medias. Europa tiene talento, casi 500 millones de habitantes, historia, cultura y una industria que ha sido superada por Estados Unidos y China. Tiene que trabajar más, mejor, y ser competitiva en el ámbito global. El informe Draghi señala la vía que pasa por la unidad, la competitividad y el esfuerzo. Si no es así, el edificio social se derrumbará gradualmente.

Publicado en La Vanguardia el 24 de septiembre de 2026

  4 comentarios por “Potencias fuertes y medias”

  1. Europa también tiene que mirarse a sí misma

    Lluís, su diagnóstico sobre Europa se queda incompleto. Habla de competitividad, unidad y de trabajar más frente a potencias como Estados Unidos o China. Todo eso es importante, pero el problema no es solo haber perdido capacidad industrial; también hemos perdido confianza en los valores que construyeron nuestras sociedades: libertad, responsabilidad, Estado de derecho y cohesión social.
    Europa no fue un referente mundial solo por su riqueza, sino por una determinada concepción de la persona y de la convivencia. El malestar actual no es un rechazo al proyecto europeo, sino la reclamación de otra Europa frente al rumbo impuesto. Un claro ejemplo de esta desconexión es el reciente encuentro de Pedro Sánchez en Nueva York con el alcalde Zohran Mamdani. Defender allí que la inmigración masiva solo aporta beneficios incondicionales es negar la realidad que vive la calle y representa ese relato de las élites que los ciudadanos ya no compran.
    La inmigración exige un debate honesto. Europa tiene derecho a decidir qué política quiere, cuánta población puede integrar y bajo qué condiciones. Defender fronteras controladas y un flujo ordenado no es negar la dignidad de nadie; es reconocer que la capacidad de acogida es limitada y que la integración exige reglas, obligaciones y el respeto a la cultura receptora.
    La cohesión social es una forma de poder. Una sociedad insegura de su identidad y desconfiada de sus instituciones difícilmente podrá competir, por mucha tecnología que desarrolle. Cuando los ciudadanos consideran equivocadas ciertas políticas, las urnas son el mecanismo legítimo para cambiarlas. Sustituir a los gobernantes es la esencia misma de la democracia. El despertar ciudadano no busca destruir Europa, sino recuperarla.

    • Buenos días,
      Su comentario está bien razonado. Europa no ha perdido la industria, la trasladó a China para obtener més beenficios; esa industria no la trasladaron los europeos, los ciudadanos, lo hicieron las empresas que ahora tienen problemas porque se centraron más en los beneficios y la cotización en bolsa que en el beneficio social en sus países. Sus hipótesis fracasaron, nos hemos vuelto más débiles.

      La emigración es un tema complejo y con un impacto social enorme, pero creo que la diferencia cultural y religiosa junto con el hecho de que las clases que conviven con la inmigración son las más pobres es el factor más determinante.

      El capitalismo ha evolucionado a un sistema diferente, no desea un estado de bienestar ni un escudo social público. No lo necesita, las sociedades occidentales parecen decantarse por el autoritarismo porque piensan que será más fácil que les otorgen sus beneficios del pasado. Para ello necesitarán; trabajo seguro, sueldos más elevados, acceso a la vivienda, poder pagar la sanidad y la educación privada, ahorrar y vivir en una sociedad en la que el poder y la fuerza deciden su futuro. Esta forma de sociedad se basa en el cambio tecnológico que está, por ahora, concentrado solo en algunos países y empresas.

      Dinamarca ha pactado con los EEUU porque no tenía otra opción, y probablmente ha escogido la mejor en estos momentos. Sin embargo, hoy es un acuerdo, mañana puede ser otro o vete a saber. ¿Alguien se puede fiar en las circunstancias actuales en acuerdos y en el respeto a las leyes internacionales en todos los ámbitos? No se respetan, ni se respetaran. Para que eso cambie es necesario que las personas se den cuenta de que los intereses de la mayoría de la humanidad no coinciden con los de las minorías de poder y fuerza que intentan consolidar su dominio de todo el planeta. Y ahí existe el peligro de un conflicto mundial de nuevo. Confiamos en exceso en que el ser humano será sensato y sabio para evitarlo, esperemos que sí.

      Saludos, gracias por su comentario

  2. Una parte del problema de la irrrelevancia de la comunidad europea ha sido creado por una burocracia que ha multiplicado leyes, normas y regulaciones que, en ocasiones, terminan perjudicando a las propias empresas y ciudadanos de la unión.
    Mientras otras potencias avanzan con rapidez, Europa dedica demasiados esfuerzos a regular y demasiado pocos a producir, innovar y competir.

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