
El VAR es una ayuda tecnológica para los árbitros pero las controversias siguen alimentando las disputas en el futbol.
Tres aspectos del universo futbolístico me han llamado la atención en una Pascua muy favorable al Barcelona. Derrota del Madrid en Son Moix y tres puntos en el Metropolitano. La Liga sonríe a Flick, al que persigue Arbeloa jadeando a siete puntos.
Pero me ha interesado un largo comentario de Luis Enrique en X, en inglés, en el que sin mencionar a Mbappé se refería al espíritu de equipo que debe estar por encima de cualquier estrella. La extensa reflexión venía a decir que sin el goleador fichado por Florentino, el sabio técnico asturiano entrena mejor y con más éxito al PSG.
Es una máxima que debería aplicar el Barça cuando los enfados de un genio como Lamine se evidencian al no festejar el gol de Lewandowski. Son chiquilladas inevitables en cualquier vestuario pero no pueden desvirtuar el objetivo común que es ganar partidos y títulos.
El segundo tema son los gritos racistas que se corearon en el RCDE Stadium de Cornellà. No fue un insulto de unos cuantos sino de varios miles. El árbitro no detuvo temporalmente el partido. En el Metropolitano, Lamine escuchó el grito de algún imbécil. Estas actitudes son incompatibles con el deporte que no debe aceptar discriminaciones por razas, religiones o procedencias.
El tercer tema es el lío de los árbitros, el VAR, la sala VOR, los mensajes que se cruzan entre ellos desde o hacia Las Rozas y la comedia de ir a mirar una pantalla diminuta que cualquier espectador la contempla desde su casa o desde el bar en tamaño de gran formato. Como sigamos así el partido de los árbitros entre ellos será tan protagonista como el que se juega en el césped.
Publicado en Mundo Deportivo el 7 de abril de 2026



